
A. M. S. / Santa Cruz de Tenerife
Tanto Clavijo (CC) como Patricia Hernández (PSOE) están jugando una doble partida: su futuro en el Gobierno y su futuro en el partido. Clavijo aspira a ser el líder natural -si no orgánico- de CC, y desde la comisión ejecutiva nacional del 24 de septiembre
-sobre la censura de Granadilla- sabe que no las tiene todas consigo.
Tenerife ha sido hasta ahora el buque insignia de Coalición, su punta de lanza, y, después de este año y medio tumultuario al frente del Gobierno, no dispone de todo el crédito entre sus aliados insulares; estos perciben una recentralización de la primigenia ATI.
El próximo Congreso de CC es una prueba de fuego para él y para un partido fundado en 1993, cuando Hermoso llego a la Presidencia. Un partido que pierde votos aceleradamente en pugna directa con el PP (se disputan, con matices, un mismo electorado), y en este período el presidente no puede alardear de estabilidad al frente del Ejecutivo, que era la divisa favorita de CC. “Canarias, una tierra única”, preconizaba Adán Martín.
Patricia Hernández, por su parte, afronta el asalto a la Secretaría General del PSOE desde una cierta adversidad interna que ha ido evolucionando a su favor, al calor, precisamente, de esta crisis. Cuenta con un respaldo de peso: el núcleo de los alcaldes del sur de Tenerife. Ganó las elecciones autonómicas en número de votos, aunque no en escaños, y aspira a presidir el Gobierno.
En este naufragio del pacto ha sobrellevado las presiones de los críticos propios, en uno de los peores maltragos de la historia del PSOE en España, y llega a este fin de ejercicio en condiciones favorables de erigir a su partido en eje de la nueva política canaria.
Las cuentas: dos a uno
El acuerdo del sábado en Las Palmas ratifica que Clavijo ha hecho cuentas, y le sale 2 a 1. Dos opciones alternativas para Hernández y una, a medias, para él. Si la vicepresidenta se convierte en presidenta, mediante una moción de censura moderada o progresista –opta a las dos-, llega al Congreso regional con viento a favor para asumir la Secretaría General. Y hace historia, como la primera mujer presidenta de Canarias.
Sus adversarios de a bordo no se lo pondrían fácil. Pero tanto ella como Clavijo juegan con tales claves, las de Gobierno y las de partido.





