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Vuelta al pasado

El colectivo cultural La Escalera, en La Orotava, recrea hoy la actividad comercial y social que se realizaba a mediados del siglo XX en torno a los molinos de la Villa Arriba
Los molinos han jugado un papel fundamental en la historia de La Orotava y forman parte de su patrimonio etnográfico. Fran Pallero
Los molinos han jugado un papel fundamental en la historia de La Orotava y forman parte de su patrimonio etnográfico. Fran Pallero
Los molinos han jugado un papel fundamental en la historia de La Orotava y forman parte de su patrimonio etnográfico. Fran Pallero

La historia de La Orotava está íntimamente ligada a los molinos. Fueron trece los que albergó el municipio, dos de los cuales todavía se conservan y continúan en funcionamiento, aunque todos ellos forman parte de una ruta de interés para cualquier vecino y visitante ávido de conocer el patrimonio local.

Con la idea de que este se difunda adecuadamente y de recuperar la memoria de la Villa, el colectivo cultural La Escalera realizó en 2013 Entre molinos. Patrimonio, memoria y tradición, un interesante proyecto etnográfico en cuatro calles del municipio que integran la ruta. La iniciativa posibilitó un viaje al siglo pasado para adentrarse en los espacios, costumbres y personajes de los años 40, 50 y 60.

El éxito de aquella convocatoria fue indudable y conllevó a que la asociación siguiera trabajando en el proyecto los años sucesivos para poder disfrutar hoy de una segunda parte en la que se reconstruye la vida en torno a cuatro molinos de la Villa Arriba: el de Chano, el de Josefina, el de las cuatro esquinas, también conocido como el de doña Francisca, y el que está al comienzo de la calle San José, antiguamente propiedad de Nicolasa Valcárcel.

En ese entorno se recrea lo que fue la vida en aquellos años con el fin de reivindicar el patrimonio de la Villa Arriba.

Históricamente, desde el siglo XVII los molinos de La Orotava se movían por el agua que bajaba de Aguamansa, que se canalizaba por una acequia de tea con pies de madera que atravesaba todo el municipio. Esta imagen permanece imborrable en la memoria de muchos vecinos, sobre todo los de mayor edad, que hoy pueden regresar a aquellos años y volver a verla, aunque sea de forma efímera y con madera de pino.

Esta instalación se mantuvo hasta pasados los años cuarenta del siglo anterior, momento en el que desapareció debido al importante deterioro que sufría y a la llegada de la electricidad, que facilitó el movimiento del engranaje para moler los granos de cereal.

Su reconstrucción fue quizás el reto más importante del proyecto. Se le propuso al área de Medio Ambiente del Cabildo de Tenerife que lo aceptó y con la colaboración del Ayuntamiento villero se obtuvo del monte el material necesario para construir los canales. En ellos se han empleado más de 60 metros lineales de madera que se suman a la utilizada para los pilares verticales que los sostienen.

La tarea no ha sido sencilla pero los 40 miembros del colectivo creen que ha servido para reivindicar que vale la pena trabajar en la recuperación del patrimonio histórico, que las futuras generaciones lo conozcan, y que éste no se pierda.

También se podrá ver el tramo original del canal que queda en viviendas de la zona, algunas de las cuales se abren hoy al público gracias a la gentileza y buena predisposición de sus propietarios, que han accedido a que se visiten.

En la recreación de toda la actividad participan más de 250 figurantes que durante diez horas volverán a las consultas de los doctores Domingo González o Buenaventura Machado; visitarán la fábrica de piedra pómez; acudirán a la tienda de costura, la tonelería o la venta de comestible. En cada espacio, habrá vecinos que revivirán el acontecer diario en espacios como la zapatería o la bodega.

Para conseguir una radiografía lo más exacta posible de la época, fue necesario realizar entrevistas con personas mayores y que éstas trasladaran sus historias, muchas de las cuales se reflejan en una serie de paneles ubicados en todo el trayecto de la calle Domingo González.

“Ha sido un trabajo intenso pero al mismo tiempo muy gratificante porque todos los vecinos de la Villa Arriba se han implicado”, apuntan desde el citado colectivo cultural. Ello ha provocado que La Escalera empiece a diseñar la tercera y última fase de Entre Molinos, que todavía no tiene fecha pero que resulta clave para culminar el proyecto. Y si de algo pueden presumir sus integrantes es de trabajo e ilusión, dos factores claves para conseguirlo.

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