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“Lo único bueno de ‘Despacito’ es que le quitó protagonismo a lo último de Enrique Iglesias”

Lulo Pérez es, sobre todas las cosas, músico. Trompetista, percusionista, pianista, arreglista, cantante, compositor y productor, el cubano sabe todo lo que hay que saber sobre ritmos, melodías y armonías
Lulo Pérez, músico y productor de ‘No es lo mismo’, de Alejandro Sanz. Sergio Méndez
Lulo Pérez, músico y productor de ‘No es lo mismo’, de Alejandro Sanz. Sergio Méndez
Lulo Pérez, músico y productor de ‘No es lo mismo’, de Alejandro Sanz. Sergio Méndez

Lulo Pérez es, sobre todas las cosas, músico. Trompetista, percusionista, pianista, arreglista, cantante, compositor y productor, el cubano sabe todo lo que hay que saber sobre ritmos, melodías y armonías. Antes de aprender a hablar, ya sabía solfear. Su gran éxito llegó a los 22 años, gracias a la colaboración con el hit Corazón partío, de Alejandro Sanz. Luego se mete de lleno con la producción del disco No es lo mismo (2002). Gracias a él, consigue seis Grammys. También ha trabajado con otros artistas, como Shakira, Miguel Bosé o Andrés Calamaro. Ahora llega a Tenerife para impartir un curso dirigido a compositores, autores y profesionales que deseen mejorar sus técnicas creativas. El taller, que tiene la colaboración de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), arrancó ayer y se mantiene hasta hoy.

-¿Sobre qué versa el taller que imparte en Tenerife?

“El objetivo es mostrar cómo se produce un disco como el de Alejandro Sanz, con un nivel tan alto como el de No es lo mismo. He escogido este proyecto porque participaron artistas como el bajista Anthony Jackson, los guitarristas Michael Landau y Paco de Lucía, el batería de jazz Vinnie Colaiuta o la Orquesta Sinfónica de Seattle. Es un ejemplo de cómo dosificar el talento de cada uno y cómo hacer para que todo funcione”.

-¿Qué tiene No es lo mismo para que usted se llevara seis premios Grammy y Alejandro Sanz nueve?

“Lo más grande de este disco es que tuvo un año de preproducción. Yo me fui en ese tiempo a vivir con Alejandro en su casa y nos sumergimos en la producción del disco. Tuvimos todo un año para definir sonidos, electrónicos y acústicos”.

-Un año conviviendo con Alejandro Sanz. ¿Recuerda alguna anécdota?

“Son muchas las anécdotas. Él compró su casa en Miami gracias al disco Con el alma al aire. Le encantó la idea de tener el mar muy cerca. El primer día me contaba lo ilusionado que estaba porque aquella era una zona muy tranquila. En eso pasa el barco que da un paseo a los turistas por la isla de los famosos y comienza a acercarse, y entonces alguien dice por el megáfono ‘esta es la casa que Alejandro Sanz se acaba de comprar’, y tuvimos que salir corriendo. Así que muy tranquilo no era. Son muchas las anécdotas que guardo con la grabación de este disco. También recuerdo el día que conocí a Paco de Lucía, que me llamó para decirme que no le gustaba nada el sonido del disco. Era una broma”.

-Hace 15 años de la producción de ese álbum…

“Entonces yo tenía tan solo 22 años, era muy joven, pero mi sentido musical siempre estuvo muy desarrollado. Y es que aprendí las notas musicales antes de aprender a hablar. Eso se lo debo a mi familia, donde todos son músicos. Para mí, la música es un juego. Me cogió muy joven el éxito de Corazón partío, de la que hice los arreglos y la parte más latina. Sentía que había llegado a lo más alto y me daba vértigo mirar hacia abajo. ¿Qué debía hacer a partir de ahí? Con 28 años comenzó la producción de No es lo mismo y con 30 llegaron los Grammys. Después de todo eso, me fui a Cuba con mi familia, y es ahora cuando retomo mis proyectos personales”.

-¿En qué consisten esos proyectos?

“El primero es un disco de música instrumental, que tira más hacia la música de orquesta; y el otro es un disco compuesto a partir de las guitarras”.

-Alejandro Sanz dice que apostó por usted. ¿Cómo se conocieron?

“Nosotros colaboramos en Corazón Partío. Cuando hizo el unplugged, tuvo lugar un impás con Warner, porque se cumplían los cinco discos del primer contrato y estaban renegociando. En ese tiempo hablábamos mucho por teléfono y correo electrónico, y me invitó a ir a Miami para enseñarme lo que había hecho. En la primera semana ya teníamos tres canciones del disco armadas, así que decidimos apostar el uno por el otro. Warner quería que el disco lo produjera Quincy Jones, dejandose llevar más por las luces que por lo realmente importante; eso pasa mucho con las discográficas: miran más de lo que oyen. Yo no era muy conocido, tan solo venía de producir La Lola con Café Quijano. Nunca he ido de productor, yo soy músico”.

-Esa realidad con las discográficas ha ido cambiando…

“El hecho de que con un clic te pongas en cualquier parte del mundo y que se enteren todos de lo que estás haciendo es magnífico. A la vez se ha facilitado tanto, con los programas de edición, que cualquiera dice que es productor. Creo que esta nueva realidad es positiva, porque te puedes internacionalizar, pero también se ha facilitado tanto que ya no hace falta ser un buen músico para tener éxito”.

-Corazón Partío fue un hit, ahora lo es Despacito, de Luis Fonsi. ¿Qué opina de esta canción?

“El gran éxito de Despacito radica en el marketing. Han vendido la idea de que en Pakistán ahora mismo hay una persona cantando el Despacito. Pero lo único que tiene bueno esta canción, para mí, es que ha dejado el último single de Enrique Iglesias a un lado, le ha bajado la radio a esa canción tan horrible”.

-Ahora triunfa la música urbana. ¿Qué opina del género?

“Hay gente que lo está haciendo muy bien, como René, de Calle 13, o Junior de Sevilla. Prefiero a gente que hace música de verdad, y no a los despacitos. Para mí hay otra forma de hacer música”.

-¿Cómo calificaría el estado de la música en la actualidad?

“Nada tiene dueño, nada tiene una fórmula que funcione, se está apostando solo a una canción. Yo estoy ahora pensando más en clave de música clásica, me parece mucho más respetable”.

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