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Gracia Olayo: “El cine está herido y necesita unas tiritas llamadas Gobierno”

Olayo encarna a uno de los personajes que aprende el “lo hacemos y ya vemos”, lema central de la que ya es considerada “la película de una generación”, 'La llamada'
GRACIA OLAYO
GRACIA OLAYO
Gracia Olayo, actriz de ‘La Llamada’. / DA

Por María Armas

Gracia Olayo (Madrid, 1957) encarna a uno de los personajes que aprende el “lo hacemos y ya vemos”, lema central de la que ya es considerada “la película de una generación”, La llamada, con numerosas nominaciones y dos galardones nada desdeñables: un premio Feroz a mejor comedia y un Goya a mejor canción original, entre otros reconocimientos. Este filme, dirigido por Los Javis, Javier Calvo y Javier Ambrossi, cuenta en su reparto con una actriz que puede presumir de 23 años de carrera y de trabajar con directores de la talla de Álex de la Iglesia. Gracia Olayo interpreta a Sor Bernarda y, en palabras de la comediante, su personaje descubre que “fuera o dentro del convento, la vida evoluciona”. La llamada se visionó de manera gratuita en la undécima edición del ciclo Gas Natural Fenosa de Cine Itinerante, iniciativa nacional que recaló el pasado jueves en el capitalino Teatro Guimerá. Momentos previos a la presentación se produjo un encuentro con DIARIO DE AVISOS. La actriz habló del mensaje de La llamada, de lo que supone adaptarse a un discurso chocante en el que se unen drama y comedia y de la situación actual del cine español, que, según opina, “necesita tiritas”.

-¿Cuáles han sido los componentes que han convertido a La Llamada en un éxito que algunos califican ya de “fenómeno generacional”?

“Creo que el componente principal es el de la amistad entre jóvenes, por eso, ha conectado mucho con este sector de la sociedad gracias a diversos factores como el lenguaje que expresa, la forma de relacionarse entre los personajes, la forma también de exigirse a uno mismo… En definitiva, lo que es el compromiso en la amistad. La llamada es una historia que ha conectado directamente con la emoción y el corazón de muchas jóvenes que no saben qué hacer con su vida y creo, en este sentido, que cuenta con un discurso muy acertado: “Atrévete, sé tú misma”.

-En La llamada convergen “dos mundos”: el de la comedia y el del drama. En este sentido, el espectador puede sentirse condicionado y predispuesto a una risa fácil, cuando este no es el único fin. ¿Qué diferencia a esta película para poder definir ambos mundos, logrando su objetivo sin confundir al espectador?

“La distinción de La llamada es que está hecha en serio, pese a tratarse de una comedia. Yo creo que cuenta una historia que tiene comedia y drama, como la vida misma. En la vida reímos y lloramos y ahí radica también el éxito de esta comedia musical.

-Ha pasado del teatro [lleva 4 años en escena en el Teatro Lara, en Madrid] al cine…

“Claro, pero es que son dos lenguajes diferentes. El discurso emocional y dramatúrgico es el mismo, pero es cierto que en el teatro tienes que llegar a la última fila, en gestualidad y voz… En el cine, puedes susurrar”.

-¿Y no se ha pervertido, por esa transición del cine al teatro, la esencia de un mensaje surrealista y que, a lo mejor, no llega a todo el mundo? Las críticas existentes aluden a esta circunstancia como el punto débil de La llamada

“No, yo creo que no. Respecto a las críticas, en la variedad está el gusto y es muy respetable. Igualmente considero que cuando como actor o actriz escoges un proyecto, debes estar en comunión con él, por así decirlo”.

La llamada también es una película de descubrimientos. Macarena García, en la piel de María, descubre su amor a Dios, Anna Castillo, como Susana, su sexualidad… ¿Qué descubre Gracia Olayo como Sor Bernarda en la ficción y como Gracia Olayo en el mundo real?

“Que todas llevamos una monja dentro (ríe). Yo no sabía que fuera capaz de hacer de monja así y que me iba a salir una monja tan creíble y tan… (vuelve a reír). Bernarda descubre que está equivocada, que la vida, sea en el convento o donde sea, debe evolucionar y, en este sentido, está antigua, se ha quedado por detrás del empuje de los jóvenes”.

-¿Cree que el cine está en decadencia, tras la promesa de reducción del IVA cultural del 21% al 10%, de la congelación de los presupuestos, de la desaparición de 400 salas de cine en los últimos cinco años…?

“En decadencia no está, lo que está es herido porque no le ponen tiritas. Estas tiritas se las debería poner el Gobierno y cumplir con lo que ha dicho, empezando por el IVA [este aumentó del 8% al 21% en 2012 y esta subida se ha prolongado durante los últimos cinco años]. Y más algo público y notorio, dicho en alto, que no se ha cumplido. Afortunadamente, existe la vocación de miles de profesionales que trabajan “por debajo”, como todos los españoles [enfatiza]. Me refiero al por debajo de lo que deberían estar pagando y de lo que se debería estar cobrando dignamente… Pero gracias a la vocación, repito, está más vivo que nunca. Además, estamos presenciando cuánta belleza nos dan a conocer los jóvenes con las historias que crean, historias de verdad y tan interesantes. No solo este año, sino desde hace ya unos años, el cine español está en alza. Pero cómo no, se da más importancia a las producciones extranjeras que a las propias”.

-Y qué decir de la paridad entre hombres y mujeres, que pese a la reivindicación de los Goya 2018 [una gala por “más mujeres”], pareció reafirmar la desigualdad en el sector cinematográfico…

“Todavía queda mucho por hacer , desgraciadamente. La ínfima cifra de mujeres en cargos de responsabilidad es lo que se ve, pero no son inexistentes, las hay y con mucho talento. Lo que ocurre es que no tienen acceso a que les compren sus proyectos [en 2016, de las 31 películas que fueron subvencionadas, tres de ellas, contaban con mujeres directoras]. Así que, insisto, mujeres haberlas, haylas y muy bien preparadas”.

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