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‘Apadrina una colmena’, la miel más solidaria de Tenerife

El apicultor Antonio Ibañez lleva seis años trabajando con abejas en Las Lagunetas y ha lanzado una iniciativa participativa en Tenerife
Antonio Ibañez saca un panal de una de las quince colmenas / SERGIO MÉNDEZ

Son incómodas, dañinas y peligrosas, pero son vitales, porque sin abejas no hay vida, nunca mejor dicho. Ya lo dijo Albert Einstein, la vida sin estos insectos sería un desastre global: “Al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida. Sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres”.

Quizás no es cuestión de polemizar, pero las abejas atraviesan una situación límite de supervivencia, la climatología adversa y el uso de pesticidas, han ocasionado en España una fuerte mortandad de las abejas melíferas, conocido como Síndrome de despoblamiento de las colmenas. El papel que juegan las abejas en el medio ambiente es fundamental, ya que su labor de polinización, es insustituible. Sin polinizadores un tercio de nuestra alimentación desaparecería, y lo que es aún más grave, también lo haría parte del forraje que alimenta a los ganados.

Para luchar por la persistencia de las abejas nació el apadrinamiento de colmenas, una iniciativa exportada de otras similares en España, captada por Sagu Santana, propietaria de la finca don Leandro en Las Lagunetas (350.000 metros cuadrados a 1.400 metros de altitud) y que gestiona el apicultor Antonio Ibañez, después de seis años con el colmenar en pleno monte, tras tener que salir del barranco de El Cercado, en San Andrés, donde comenzó con la apicultura, para este profesor de cocina más un entretenimiento que en un negocio.

La iniciativa Apadrina una colmena pretende generar empatía entre las personas y las abejas, ¡dejar de tenerles miedo!, las abejas son vegetarianas buscan polen y néctar. Sólo tienes que tener un poco de precaución cuando veas alguna: Quédate quieto y tranquilo si hay una abeja a tu alrededor, no te sitúes delante de ninguna colmena o en el camino de una gran concentración de flores y aprende a diferenciar entre las abejas y las avispas.

Con cada colmena apadrinada, se agregarán más de 50,000 abejas al medio ambiente, esta adición de abejas melíferas sanas, aumentará la polinización en el área y ayudará a reconstruir un ecosistema saludable. En la finca Don Leandro además se reciben visita de colegios y campamentos para educar a los niños sobre la importancia de los polinizadores y la agricultura.
Con el apadrinamiento de una colmena,con una aportación de 60 euros al año, las madrinas y padrinos obtendrán por su colaboración la recompensa de una cesta anual con tres kilos de miel, cuatro velas elaboradas con la propia cera del panal, un tarro de ungüento de cera y aceite de oliva y una visita al colmenar gratuita para los padrinos con amigos y familiares, además de una invitación a la denominada fiesta de la cata, cuando se produce la cosecha de miel y extracción, que Las Lagunetas suele ser a mediados del verano.

La singularidad del colmenar de Antonio Ibañez es que produce una miel de proximidad, evitando emisión de CO2 innecesario, colmenas sin objetivos productivos, sin estrés; abejas cuidadas sin sustancias nocivas para el medio ambiente y respeto del ciclo biológico de descanso. No se trata nunca de producir por producir.

Antonio Ibañez, nacido en Andoain (País Vasco) lleva 20 años en Tenerife, es profesor de cocina en el Hogar Escuela y desde hace 10 compagina sus labores docentes con la apicultura, a la que dedica los fines de semana.

“Me inicié con los cursos de la Casa de la Miel, como la mayoría, y es una pena que no den más cursos actualizados”, señala.
Según él, “nuestras colmenas pueden tener entre 15.000 y 80.000 abejas, dependiendo de la potencia de esta y la época del año, ahora mismo disponemos de 15 colmenas y siete de ellas están apadrinadas”.

Sobre la cosecha de este año, que se está retrasando cuando en otras zonas de la Isla ya la han recogido, comenta que”no será proporcionada a la del año pasado, porque tengo mucha colmena joven, además el clima aquí, en Las Laguneras, ha sido muy frió hasta finales de mayo, y las abejas lo han pasado muy mal, hemos tenido que alimentarlas para que pudieran sobrevivir. Hace un año con solo cinco colmenas obtuvimos 60 kilos, este año con el doble espero obtener más de cien”.

Una de las singularidades del colmenar de la finca Don Leandro, es la variedad de flora silvestre que ofrece a las abejas, por lo que la características de la miel que se obtiene “es una miel típica de bosque, la temporada empieza con las floraciones de los manzanos que están en la finca, seguida del marrubio, posteriormente el orégano y finaliza con la importante presencia de castaños”, relata Antonio Ibañez, que con la entrada del calor – “por fin”, comenta- espera empezar a cosechar a finales de este verano, ahora que ha comenzado a florecer el orégano y las abejas han empezado a “guardar”. Una cosecha que nada tiene que ver con la de la costa, como aquel colmenar que tuvo en San Andrés.

La reina y obreras

Las abejas viven en colonias compuestas por alrededor de 50.000 miembros (en primavera pueden llegar hasta las 80.000), con una sola reina, madre y soberana de toda la clase social obrera y de varios miles de zánganos.
La reina es la madre de toda la familia y la única hembra perfecta. Solo ella puede poner huevos fecundados o no fecundados. De los fecundados nacen abejas obreras, de los no fecundados salen zánganos.

Las obreras (hembras imperfectas), realizan todas las tareas domésticas, desde el cuidado de los huevos hasta la limpieza de la colmena. Los zánganos (machos de la especie), tienen como misión principal fecundar a las futuras reinas, aunque también ayudan a las obreras, aunque sea de forma involuntaria.

Tanto la reina, como las obreras y los machos, no pueden vivir mucho tiempo separados; su interdependencia es clave para la subsistencia de la colonia. Una reina muerte es casi la catástrofe para el apicultor, hasta que sale otra después de una lucha cruenta entre las aspirantes.

Las abejas poseen una organización no igualada por otras especies, con una compleja distribución de tareas, y una sola reina madre que ejerce el poder mientras es fuerte y vigorosa, todos juntos progresan, por separado mueren en pocas horas.
La colonia de abejas es una súper sociedad (un poco más adelantada que la nuestra), todas trabajan para todas, todas tienen su trabajo en cada momento, todas se ayudan, todas forman algo superior que las protege: la colonia o enjambre. Reflejo de este hecho, es que los apicultores hablan de una colmena sana o enferma o, incluso, de la muerte de una colonia aunque en ella todavía vivan varios cientos de abejas.

Al igual que ocurre con las avispas, el ciclo de vida de las abejas depende, principalmente, del tipo de abeja. Las abejas obreras viven una media de 45 días, los zánganos tienen una esperanza de vida que ronda los tres meses y las abejas reina pueden llegar a alcanzar los cinco años de vida siempre que las condiciones climatológicas sean favorables. Son, sin discusión, los insectos más longevos, por algo son el fundamento de la vida, sin las abejas, sin su laborioso trabajo, nuestra vida sería más amarga.

La colmena Damiel

Para contribuir a un proyecto medioambiental y solidario, varios compañeros de DIARIO DE AVISOS se han sumado a la iniciativa de patrocinio de una colmena, sabedores de la importancia de la abeja en el ciclo vital y para endulzar la vida.

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