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Vecinos de Barranco Las Lajas se quejan de la proximidad de unas cuadras de caballos con sus casas

Los afectados aseguran que a diario soportan ruidos, malos olores y tierra y conviven con moscas, por eso piden que se respete la distancia que marca la ley con el centro hípico
El centro hípico cumple con todos los requisitos de la actual normativa pero los vecinos piden que se respete la distancia con sus viviendas. DA
El centro hípico cumple con todos los requisitos de la actual normativa pero los vecinos piden que se respete la distancia con sus viviendas. DA
El centro hípico cumple con todos los requisitos de la actual normativa pero los vecinos piden que se respete la distancia con sus viviendas. DA

Llevan más de 25 años viviendo en el Barranco Las Lajas, en Tacoronte, pero aseguran que desde hace tres “malviven” por los malos olores, moscas, mosquitos, pelos por todas partes, tierra en suspensión, y ruidos las 24 horas, sobre todo por las noches. Todo ello ocasionado por unas cuadrillas de un centro hípico ubicado en la zona desde hace cerca de 20 años.

“Tenemos que cerrar las ventanas y si tendemos la ropa en la azotea termina llena de tierra. Hay noches que cuando los animales se mueven vibran hasta las copas”, declaran.

Si bien años atrás tenían molestias, la situación se agravó en 2016 cuando el centro se amplió en un terreno ubicado próximo a sus casas que, recalcan, no cumple con la distancia que marca la ley.

Desde entonces, han juntado firmas y han presentado escritos en las tres administraciones competentes: Ayuntamiento, Cabildo de Tenerife y las Consejerías de Sanidad y Agricultura y Ganadería del Gobierno de Canarias. De acuerdo a las contestaciones de todas ellas, según pudo comprobar este periódico, el centro de ocio cuenta con todos los permisos para desarrollar esta actividad en suelo rústico y cumple con los requisitos en cuanto a la seguridad y estado de los animales. Las instalaciones están limpias; no se observa mal uso de los contenedores de residuos sólidos; y según el Plan Territorial de Ordenación de la Actividad Ganadera de la Isla, “la explotación equina se encuentra en suelo apto para este fin”.

Durante las visitas realizadas por las autoridades se concluye que las medidas higiénico sanitarias se cumplen, incluso en un día que hacía 22 grados y con una humedad elevada, más del 80%. Pese a ello, “no se observan moscas ni ratones y los animales se encuentran saneados y limpios”, expone el escrito.

Son solo tres vecinos los que ha presentado las reclamaciones y han solicitado una inspección, pero sostienen que “son muchos más los perjudicados pero no quieren hablar”. En su caso, se sienten impotentes porque “nadie los escucha”, y aunque dicen que han intentado hablar con el dueño del recinto para buscar una solución, “ha sido imposible”. Por esta razón, se han visto obligados a contratar un abogado que los defienda y luche por sus derechos.

Sin embargo, el dueño del centro hípico “niega rotundamente” que hayan intentado hablar con él. Por el contrario, afirma que los vecinos “se ocultan y no dan la cara, cuando lo más bonito para intentar solucionar las cosas es el diálogo”.

Por su parte, el letrado, cuyas iniciales responden a J.D.F., explica que la zona en cuestión está catalogada como suelo rústico, pero recuerda que antaño se construía y prueba de ello es que los afectados pagan el recibo de la contribución. También reconoce que hay una parte de las viviendas en suelo rústico pero el urbano linda con éste. “El dueño de la explotación se agarra a que sus terrenos están en suelo rústico y viene a decir que los que están en suelo equivocado son mis clientes”.

Además, añade que el citado plan insular, actualmente derogado por la nueva Ley del Suelo, establece que este tipo de explotaciones deberían estar a menos de 200 metros de suelo urbano y en este caso, “no se respeta, ya que está a menos de 50 metros”.

El abogado afirma que también se incumple la tipología de suelo para este tipo de explotaciones, que en este caso corresponde al tipo 1, es decir, hasta 25 unidades de ganado, cuando “en la última inspección comprobaron que había 39 caballos, con lo cual sería de tipo 2”.

Los vecinos recalcan que lo único que piden es que se respete la distancia que marca la normativa actual y que hay que tener en cuenta que los que sufren a diario “son ellos, no los caballos”.

“Es una persecución contra mí”

El dueño del centro hípico ubicado en Barranco Las Lajas cuenta con todos los informes de las administraciones que corroboran que la actividad es lícita en un suelo que está catalogado como rústico ganadero protegido, y tiene todos los permisos necesarios para desarrollarla. Los caballos están en perfecto estado, tienen sus cartillas veterinarias, están controlados, y el estiércol se lo llevan mensualmente.

A su juicio, “lo que hay es una persecución contra mi persona, pese a que no me meto con nadie y cumplo con todas las condiciones y así se ha podido corroborar. Todo lo que hago molesta”.

Hasta hace tres años nunca había tenido problemas con los vecinos de la zona. “Es una actividad dada de alta, pago mis impuestos y tengo el personal asegurado. No quisiera tomar otras represalias, invito al que quiera venir a que compruebe mi instalación”, dice.

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