Tacoronte

La plaga de termitas empieza a afectar a la viña y a plantas vivas

La plaga ha dañado por completo la finca de un vecino de Tagoro; los expertos insisten en actuar rápido para evitar que se expanda

Jesús Dorta muestra los daños que ha ocasionado en sus viñas la termita subterránea. Sergio Méndez

Fue el jueves cuando comprobó que las viñas que cultiva su padre también estaban afectadas por la plaga de termitas subterráneas que tienen en vilo a más de cien vecinos de Tacoronte desde hace unos años.

“Ya le pedí que no siguiera labrándola porque está perdiendo tiempo”, dice Jesús Dorta, un vecino del barrio de Tagoro cuya vivienda está “destruida” por las termitas que ahora se están empezando a comer también todo lo que hay en la tierra. Unos 400 metros cuadrados invadidos por estos insectos cuyas larvas se pueden ver con facilidad, igual que sus esqueletos, que se encuentran muertos sobre los tapajuntas de madera.

En la viña de Jesús se pueden ver los troncos completamente comidos. El problema es que su propiedad está rodeada de terrenos que llevan abandonados muchos años “que seguramente también están infectados” y por lo tanto, si no se actúa en ellos, de nada servirá lo que se pueda hacer en su casa y en las de alrededor, dado que el mayor problema es que el insecto se expande con facilidad.

Un ejemplo es una flor de pascua silvestre situada a pocos metros de su vivienda en las que las larvas también campan a sus anchas. Pero según le comentó David Hernández, el biólogo contratado por el Ayuntamiento para determinar el alcance real de este problema en el municipio, no son de la misma especie sino “primas”.

El especialista en termitas de la empresa Anticimex, David Mora, confirma que la reticulitermes flavipes actúa en plantas vivas y puede “ser un peligro” para una zona donde hay muchos viveros, como la comprendida entre Juan Fernández y Tagoro, ya que de forma involuntaria puede afectar a plantas que se desplacen a otras zonas de la Isla y contaminarlas.

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Jesús Dorta se percató el jueves de que las termitas no solo han invadido el interior de su vivienda sino también las viñas que cultiva su padre y muestra los daños que han ocasionado. Sergio Méndez

“Es un problema muy serio no solo hacia las viviendas sino también hacia las plantaciones y en un futuro hacia el patrimonio que puede haber en La Laguna”, advierte Mora, quien hace hincapié en la necesidad de actuar rápido y de incrementar los controles en los viveros. En este sentido, indica que son muchos los vecinos que están intentando combatir la plaga por sus propios medios con productos como la lejía, como ha hecho Jesús, con las consecuencias que ello supone, ya que las mata pero al mismo tiempo produce el efecto contrario, porque al no tener madera se expanden a otras zonas y buscan nuevas víctimas.

“A nivel doméstico no hay nada que las extermine, los afectados tienen que acudir a una empresa especializada y antes de hacer nada que consulten a un especialista para saber si su accionar es correcto o no”, insiste David Mora. Al mismo tiempo, subraya la importancia de aplicar un producto que tiene certificado de eficacia, como el hexaflumurón, un producto inhibidor del crecimiento de estos insectos que evita su multiplicación. Este producto junto con una celulosa de alta densidad se introduce dentro de unas estaciones de control que actúan de cebo. La termita detecta la celulosa y la consume sin percatarse del producto químico. Al ingerir esta celulosa y el producto, las termitas se van debilitando de forma progresiva -no pueden mudar y así crecer-, afectando a toda la colonia, que finalmente muere. Hasta ahora, es el único que dado buenos resultados en más de 100 propiedades en Tacoronte, como en la urbanización Parque Atlántico, que lleva ocho años libre de la plaga.

Jesús ha tomado diferentes medidas para evitar que se reproduzcan. Ha retirado todos los tapajuntas de puertas y ventanas para quitarles comida, pero fue demasiado tarde porque cuando se dio cuenta su casa ya estaba invadida. Las termitas entraron por el garaje, según les confirmó después David Hernández, quien visitó en varias ocasiones su vivienda.

En su vivienda no han dejado un ambiente sano y los daños estructurales son visibles. “La ropa también se la comen, a mí me comieron un traje italiano que me había costado muchísimo dinero”, cuenta, y acabaron con su armario, al que ha sustituido por unas estanterías de metal. Algo similar ha ocurrido con la cocina, donde ha optado por poner muebles de jardín, que son de plástico, y lo poco que queda de madera no sabe si está afectada o no.

Jesús y sus padres tienen que tomar lorazepam para poder dormir porque este problema les ha perjudicado su vida diaria. A su juicio, lo peor ha sido la “poca información que se le ha dado al pueblo primero y después a la Isla, porque con una plaga de esta magnitud no se puede mirar para Teno y estar, a esta altura, viendo cuánto veneno ponemos”, opina Jesús Dorta. “Tenemos que actuar todos, porque si unos lo hacen y otros no, no sirve de nada. Viendo cómo la plaga ha dejado mi casa imagínense lo que puede hacer en toda la Isla”, declara por último.

El tratamiento con hexaflumurón cuesta entre 2.000 y 3.000 euros

La experiencia de Anticimex en Tacoronte reafirma que el único método eficaz para garantizar la erradicación de las colonias de reticulitermes flavipes es mediante un manejo preciso del hexaflumurón. Un tratamiento con este producto en una vivienda tipo oscila entre los 2.000 y 3.000 euros. Es un servicio de cinco años durante el cual se realizan controles de forma mensual o bimensual durante los primeros seis meses, que es cuando se produce la eliminación