guía de isora

Leolanda descubre la sonrisa del drama

En su primer proyecto en Canarias, la asociación Villa Feliz se vuelca en un caso “flagrante de pobreza”, que afecta a una familia de Guía de Isora con seis menores que malviven en una casa sin las mínimas condiciones de salubridad
Leolanda descubre la sonrisa del drama. DA

A Leolanda se le acaba de aparecer la Virgen en su casa de Guía de Isora, en la que malvive con sus cinco hijos (todos menores de edad), su pareja, Antonio, y el hijo de este, también menor. No sabe cómo ha sido, pero le ha tocado a ella y sus lágrimas de resignación e impotencia han desaparecido de su semblante, que hoy refleja un profundo sentimiento de gratitud. Desde hacía años no probaba un sorbo de felicidad, un sabor casi desconocido a lo largo de su vida.

Esta vecina isorana, de 37 años, cobra 322 euros de subsidio por desempleo, una ayuda que dejará de percibir el próximo 26 de abril, mientras que Antonio, su pareja, no recibe prestación alguna. La familia vive hacinada en la planta baja de una vivienda heredada de su madre y propiedad de los cinco hermanos. Los otros cuatro residen en el piso superior. Con ellos Leolanda no mantiene relación.

Pese a su juventud, Leolanda ha encajado demasiados golpes, tanto en sentido metafórico, porque la vida nunca se lo puso fácil, como desgraciadamente en el aspecto más literal de la expresión, ya que fue víctima de malos tratos por su exmarido, que cumple condena en prisión hasta agosto por este motivo. Quienes la conocen dicen que es una madre noble, con un gran corazón y que se preocupa por su familia, pero la suerte le ha dado la espalda.

Hasta cinco menores duermen en un espacio reducido sin ventanas, luz ni ventilación. DA

menores en riesgo

Leolanda pide trabajo, no dinero, mientras reza todos los días para que la Justicia no declare a sus hijos en situación de riesgo y se los quiten, después de que esa propuesta ya esté oficialmente sobre la mesa. Un fantasma que se alejaría si consiguiera una vivienda de alquiler social, su gran sueño, y que le haría olvidar la guarida del tamaño de un salón en la que lleva viviendo 10 años, sin las mínimas condiciones de salubridad y con una precariedad de espacio que, unido a la escasez de cubiertos, obliga a la familia a comer por turnos.

Antonio, de 16 años, Braulio Alexander (15), José Alejandro (12), Guillermo (11) y el hijo de la pareja de Leolanda, también de 11 años, duermen en literas en una diminuta habitación sin ventanas ni ventilación, en unas condiciones que recuerdan las imágenes de extrema pobreza de cualquier país del tercer mundo, mientras que la única niña, Julimar (14), lo hace en el sofá del comedor. La pequeña, buena estudiante que trae a casa notables y sobresalientes, quiere ser médico de mayor “para ayudar a mi madre y mis hermanos”. Con la misma claridad a la que le gustaría orientar su futuro profesional, la experiencia del día a día que ve en su casa también le lleva a sentenciar que no tendrá hijos. La situación familiar ha sido calificada por el departamento de Psicología del equipo técnico de la Fiscalía de Menores como “un caso flagrante de pobreza”.

Pero Leolanda acaba de ponerle por primera vez rostro a la suerte. La Asociación Villa Feliz, formada por un grupo de juristas tinerfeños que hace unas semanas culminó con éxito su primera acción al recaudar los fondos necesarios para comprar una guagua escolar en República Dominicana, ha elegido a esta familia para su primer proyecto solidario en las Islas. El colectivo presidido por Juan Pablo Carlos Barett y amadrinado por la jueza María de los Ángeles de Lorenzo-Cáceres se ha puesto manos a la obra para sacar a Leolanda y sus hijos de la espiral de la pobreza y del laberinto del infortunio.

Con una parte de los fondos obtenidos con el concierto de Celso Albelo hace un par de semanas en el Teatro Leal y la colaboración de la Fundación Dinosol su nevera hoy está llena de alimentos por primera vez, el armario está repleto de ropa para toda la familia y en las gavetas y estanterías hay sábanas, toallas, edredones y menaje para el hogar. En esa labor ha resultado decisiva la implicación de Marta Villach y su marido Jordi, voluntarios de la asociación, que se han volcado con la familia, a la que hacen un seguimiento diario. Marta está entregada en cuerpo y alma y ha asumido el madrinazgo del proyecto y de la primera familia que ayuda Villa Feliz en Canarias.

“Cuando visité la casa para entregar la ayuda, lo primero que hizo Leolanda fue invitarme a café. Te aseguro que es el café más rico que me he tomado en mi vida”, asegura Marta, emocionada y con la voz entrecortada. Carlos Barett y De Lorenzo Cáceres también visitaron a la familia para comprobar en qué condiciones vivían y ser testigos durante una tarde completa de su drama silencioso, pero también de su categoría humana.

La familia, además, acaba de recibir esta misma semana, coincidiendo con la movilización del colectivo de juristas, una gran noticia. Antonio, que ejerce de padre sobrevenido y que lleva años “suplicando” por un empleo, empezará mañana a trabajar en las plataneras con un contrato de seis meses, producto de un convenio entre el Ayuntamiento de Guía de Isora y el Servicio Canario de Empleo, por el que cobrará 900 euros al mes.

Según la información facilitada a este periódico por la Concejalía de Servicios Sociales, hasta ahora el Ayuntamiento de Guía de Isora había concedido 529 euros de ayuda a la familia en 2018 y este año el importe aprobado asciende a 800 euros para alimentación, vivienda y transporte, sobre todo. También ha facilitado ocho tarjetas para equipamiento escolar de los menores por 520 euros, en colaboración con la Obra Social de La Caixa. Asimismo, los chicos están incluidos en los desayunos escolares.

Los contactos de Villa Feliz han encontrado también la generosidad del Grupo Compostelana, que dará trabajo los fines de semana en uno de sus restaurantes del Sur a Braulio Alexander, el segundo hijo de Leolanda, que cursa tercero de la ESO.

“Mis hijos ya ríen”

Las manos ya son un símbolo. DA

Desde que las conoció, Leolanda da las gracias todos los días a María y a Marta, los dos ángeles de la guarda que acaban de irrumpir en su vida. Sus mensajes desprenden una gratitud extraordinaria: “Nunca hemos tenido la nevera llena”, “los niños no paran de probarse la ropa”, “ver a mis hijos cómo han cambiado y verlos reír después de tanto tiempo me llena de alegría” son algunas de las frases que no para de repetir. Hace un par de noches, en una visita para entregar más ayudas, Marta se encontró una escena que le volvió a emocionar: todos cenaban huevo frito con papas y el ambiente hacía pensar que celebraban algo. “Quédate a cenar con nosotros”, le pidieron.

La vida de esta familia de Guía de Isora ha cambiado de la noche a la mañana después de un golpe de justicia, más que de suerte. Ahora solo esperan que el viento a favor les lleve hasta una vivienda de alquiler social, su gran objetivo. Esa es la gran esperanza para que madre e hijos sigan unidos como la gran familia que son.

Manos solidarias

Leolanda demuestra una habilidad especial para las manualidades y esa faceta la plasma construyendo unas figuras que representan manos abiertas de escayola, una tarea en la que muchas tardes implica a sus hijos, a los que entretiene practicando esta actividad. Nada más descubrirlo, Villa Feliz decidió encargarle 50 manos para sacarlas a la venta y ayudarla con un ingreso complementario. Esa palma apuntando al cielo que refleja el valor de la caridad se ha convertido en todo un símbolo para la asociación, que ya ha comenzado su venta, con gran éxito, entre sus socios y entre la clientela de algunos hoteles como el Palacio de Isora.

TE PUEDE INTERESAR