Sucesos

La vida en solitario de Thomas, presunto autor del doble crimen de Adeje

El ciudadano alemán, presunto autor del doble crimen de Adeje, era un desconocido para la mayoría de sus vecinos, que lo tenían por un hombre tranquilo

Una imagen general de la terraza de la vivienda de Thomas, el lugar donde pasaba las horas leyendo tumbado al sol. DA
Una imagen general de la terraza de la vivienda de Thomas, el lugar donde pasaba las horas leyendo tumbado al sol. DA

Pocas pistas, escasos detalles, la vida solitaria de Thomas R. H. parece que no daba para mucho, al menos, en lo que apreciaban sus vecinos. ¿Cocinero? ¿Senderista? ¿Enfermo? El ciudadano alemán que residía en la adejera calle Ramón y Cajal, a dos pasos de la plaza de Las Rosas, dominios de doña Concha, la vecina más famosa de la zona, apenas se dejaba ver.

Precisamente eran los contenedores de basura de la cercana plaza los que tenían más relación con Thomas. Hasta allí se acercaba, recorriendo con tranquilidad apenas 20 metros de trayecto, para depositar sus residuos y regresar a su vivienda, un adosado con una enorme terraza donde pasaba la mayoría de las horas.
En el vecindario… silencio. “No tengo ni idea de quién es ni sabía que vivía aquí”, señalaba uno de los vecinos de las primeras casas de la calle, que se había enterado de la noticia al mediodía del miércoles. Compartiendo debate con un allegado por fuera de una tienda de bicicletas cercana, señalaba que “aquí en Adeje hay tantos extranjeros que uno es el extraño en el pueblo”, mientras aseguraba que “esto del alemán ha llegado tan lejos por lo que es, porque a mi primo le dio 14 puñaladas un italiano y ni estuvo en la cárcel”.

En la calle Ramón y Cajal un vecino se sorprende por la presencia de una cámara de televisión y dos periodistas. “Lo había visto pocas veces, salía con una motillo que tenía, pero no tenía relación con nosotros y eso que aquí nos conocemos todos”, explicaba.

Y es que Thomas, al que en Alemania los medios lo identifican como “el hombre de 43 años” sin dar nombre ni apellidos ni procedencia, hacía una vida un tanto oscura para el entorno en el que habitaba. Apenas hablaba español pese a llevar, al menos, año y medio por el lugar, no conocía el nombre de sus vecinos ni sus vecinos conocían el suyo y se pasaba las horas muertas tumbado en la hamaca de su terraza leyendo libros.

Esa es la última imagen que tenía su vecina de al lado. Thomas tumbado en su hamaca, con un libro y una cerveza, después de haber llegado de la siniestra excursión en la que se presume que acabó con la vida de su esposa y de su hijo mayor. “Era un hombre tranquilo, educado, solo decía hola y bien en español, pero jamás pensé que pudiera hacer algo así”, confesaba su vecina Nati, a la que la noche del miércoles se le hizo muy larga después de conocer lo sucedido en las medianías del municipio.
Nati no conocía a la esposa de Thomas y mucho menos sabía que estaban en trámites de separación, pero sí había visto a su hijo “de más o menos siete años” jugando con un balón en la terraza. Era Jonas, el pequeño, el que escapó del macabro fin que sí tuvieron su madre y su hermano mayor. “Sigo en estado de shock y esto ha sido una locura, la calle llena de agentes de la guardia civil desde temprano, custodiando su puerta y un montón de periodistas, estoy conmocionada porque es todo tan raro, jamás hubiese esperado esto”, explicaba Nati sobre una persona a la que saludó apenas unas horas después de presuntamente haber cometido el doble asesinato y antes de que Thomas se fuera a dormir.

“Una persona que estaba ahí mismo ese día, que mató a su mujer y su hijo y estaba a dos pasos míos, tan tranquilo, sentado con su libro y su cerveza”, exclamaba Nati sobre su vecino, un hombre del que bien poco se sabe y al que algunos medios describieron ayer como “muy agresivo”, una imagen absolutamente contraria a la que tenían sus vecinos. La Guardia Civil pudo comprobar la cara oscura de Thomas, que se resistió a su detención y sigue negando haber sido tan vil verdugo.