Fasnia

La Mudá, un viaje a la trashumancia en Fasnia

Montañeros de Uzapa volvó a representar el sábado, por sexta ocasión, el traslado de la costa a los montes que realizaban muchas familias fasnieras hasta mitad del siglo pasado

Unas doscientas personas participaron en la representación desarrollada el sábado / JUAN JOSÉ PADRINO

Ni el mal tiempo, con fina lluvia y niebla, pudo impedir el éxito, por sexto año consecutiva de la representación de La Mudá, realizada el sábado en Fasnia, para recordar la trashumancia que hacían los fasnieros desde la costa a la cumbre con su ganado y con todas sus pertenencias en busca de los frescos pastos, lloviese o no gracias al jable, como recuerda el alcalde, Damián Pérez.

Montañeros de Uzapa es el colectivo que ha rescatado esta recreación etnográfica, con personajes caracterizados para la ocasión con trajes y enseres de la época, incluso hasta guardias civiles, como el personaje que este año representó Carlos Gustavo González, uno de los grandes defensores de la historia oral de su pueblo.

La representación se realiza durante un trayecto de unos tres kilómetros a casi mil metros de altitud, con unos doscientos participantes que concluyeron en el caserío de Archifira, con una representación mucho más completa de como era la trashumancia a mediados del siglo pasado e incluso hasta los años sesenta.

“Durante años me he lamentado por haber perdido parte de los conocimientos que me inculcaron. Cuando era pequeña no apuntaba esas canciones ni esos refranes, y de los cientos de veces que fui a ordeñar y luego hice queso con mi abuela, no se me ocurrió atesorar esos recuerdos en la memoria para mantener la tradición cuando ella no estuviera. Hace tiempo que oí hablar de la mudá a mi madre. No había ido nunca y decidí que lo haría este año, en el que estoy volviendo a conectar con mis raíces, con un día lleno de neblina que lo hizo aún más espectacular”, comenta Patricia, una joven natural de La Zarza.

 


A Damián Pérez, el alcalde que dedica su tiempo a gobernar el municipio y sus huertas de Archifira, se le iluminaba el rostro al comprobar una vez más que sus vecinos no olvidan su pasado, aunque muchos hayan emigrado de Fasnia.