la gomera

Hermigua pasa de chorros: el mamotreto de talasoterapia abandonado

Proyectado en 2010 y concluido en 2017, el centro de talasoterapia que le costó al Cabildo 4,6 millones de euros es hoy un mamotreto abandonado

Cuatro millones y medio de euros tirados a la basura, así resumen los vecinos de Hermigua la suntuosa obra realizada en la playa de Santa Catalina para construir un centro de talasoterapia que hoy duerme el sueño de los justos, entre escombros y cristales rotos, con agua verde en su interior y sin que resplandezcan los chorros saludables que vendió su promotor, el Cabildo de La Gomera, y en menor medida el Ayuntamiento, incapaz de gestionar una infraestructura de nula rentabilidad para sus dos mil vecinos.

¿Qué ha pasado con la que se consideró obra estrella en el municipio? Pues sencillamente que aquellos que apostaron por ella no evaluaron, entre otras cosas, su mantenimiento o, sin ir tan lejos, la propia fuerza del mar del Norte, tan conocido por los lugareños, que ya ha hecho más de un estrago, como en su día lo hizo en esa misma ubicación cuando se construyó la piscina municipal.

A los destrozos causados por el mar hay que añadir ahora el vandalismo en una instalación abandonada desde que hace dos años, el anterior grupo de gobierno municipal se atrevió a abrir la instalación, en período de pruebas, durante dos meses. Después volvió a cerrar y nunca más se abrió al público, sin que los chorros terapéuticos se pusieran nunca en funcionamiento, quedando como huella el verde del agua, óxido en las tuberías y barandillas y cristaleras sucias y algunas rotas.

Como decía un vecino de la playa, “el que quiera chorros que se vaya a Epina” -hablando de los míticos siete chorros que salen de caños de madera en ese enclave de Vallehermoso-. Ya lo advertía el anterior alcalde, Pedro Negrín y el primer teniente de alcalde, Juan Ramón Pérez Ramos: “el Ayuntamiento no se puede hacer cargo de tamaña instalación, porque para su mantenimiento necesitamos cobrarle al vecinos ocho euros por día”. Martín fue más allá, al comentar que “es absolutamente impresentable es que quienes permitieron una infraestructura sobredimensionada para este municipio, con el trasfondo público y notorio de un duro enfrentamiento institucional con el Cabildo de la Gomera, es decir, quien dio el visto bueno y reclamó por activa y por pasiva la construcción de un auténtico mamotreto, sea ahora quien reclama su apertura a sabiendas que ni es fácil ni sencillo ponerlo en funcionamiento. Pero ojo que eso se sabía antes de demoler la antigua piscina, una infraestructura más que suficiente para las necesidades de este municipio”.

El actual alcalde, Yordan Piñero (ASG) no contestó ayer a la llamada de este periódico para conocer su opinión, pero con anterioridad si expresó su preocupación por el futuro de una instalación tan costosa.

El centro de talasoterapia, con un presupuesto de 4.673.000 euros nació en 2010 con la aprobación provisional del proyecto de acondicionamiento de la piscina municipal de Santa Catalina de Hermigua, con un presupuesto de ejecución por contrata de 4.673.000 euros.

El centro de talasoterapia lo realizó el Cabildo tras una tortuosa y larga ejecución, con evidentes retrasos y reformados de proyecto. El centro cuenta con una piscina infantil, piscina de recreo, deportiva y de thalasso, dentro de un edificio diáfano de dos plantas y 3.152 metros cuadrados de superficie útil. También dispone de un spa, un espacio para recibir talasoterapia, un local para fisioterapia, una sala de rehabilitación, un gimnasio, habitación de rayos uva y vestuarios, así como un local para gestionar un bar.

Según señaló el presidente del Cabildo, Casimiro Curbelo, tras reanudarse las obras definitivamente en 2015 , el objetivo es “crear un flujo de movimiento para impulsar el desarrollo no sólo de Hermigua sino de toda la comarca norte de La Gomera, donde también están previstas otras actuaciones de dinamización, convirtiéndose así en punto de referencia vital para quienes viven en estas localidades y para los visitantes”. Hoy, el Cabildo, como ya hizo con el restaurante de Laguna Grande y el mirador de Abrante, piensa en el comodín de Fred Olsen como fórmula de gestión privada y el ‘mamotreto’ pueda tener utilidad.

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