coronavirus en canarias

“Se me está acabando el medicamento de la tensión”

Los clientes del hotel H10 Costa Adeje Palace se quejan de falta de información dos días después de haber sido aislados por coronavirus
Los turistas aislados en el hotel H10 Costa Adeje Palace degustaban ayer el almuerzo-bufet en el establecimiento, con mascarillas la mayoría de ellos, pero con normalidad.
Los turistas aislados en el hotel H10 Costa Adeje Palace degustaban ayer el almuerzo-bufet en el establecimiento, con mascarillas la mayoría de ellos, pero con normalidad.
Los turistas aislados en el hotel H10 Costa Adeje Palace degustaban ayer el almuerzo-bufet en el establecimiento, con mascarillas la mayoría de ellos, pero con normalidad.

El hotel H10 Costa Adeje Palace, de cuatro estrellas, es uno de esos establecimientos de gama media-alta que, sin ser ultra-lujosos, ofrecen un servicio cuidadoso y de calidad, con un generosísimo buffet mañanero donde el beicon es beicon y el café sabe a café. Pero ninguna comodidad vacacional disminuye el desconcierto en el que viven algunos de los 723 clientes que están alojados en el hotel, que se quejan de falta de información y temen que esté habiendo una cierta laxitud a la hora de aplicar los protocolos para evitar cualquier nuevo contagio.

“Se me está acabando la medicina de la tensión”, cuenta David, inglés, que mañana debería acercarse a por más a la farmacia, además de comprar pasta de dientes y otros productos básicos de higiene. Los 106 inquilinos que llegaron al hotel el lunes podrán salir próximamente, aunque tendrán una vigilancia activa. Y probablemente también puedan salir los inquilinos tinerfeños, bajo la obligación de continuar en aislamiento domiciliario. Pero buena parte de los actuales huéspedes tendrán que quedarse haciendo cuarentena, aunque ayer por la tarde, nadie les había informado en el hotel en su idioma.

“Nos empezamos a sentir preocupados”, cuenta David. “Hemos visto en las redes sociales que la decisión de que nos quedemos aquí catorce días ya se ha tomado. Pero luego he preguntado a la compañía, TUI, y gente de recepción, y me han dicho que eso todavía no es la decisión oficial. Supongo que, por la mañana, me encontraré con una carta por debajo de la puerta diciendo que tenemos que quedarnos”.

“No sabemos nada, absolutamente nada”, dice Frederic, belga, que se siente un poco intranquilo con los procedimientos sanitarios. “En el hotel hay gente que deambula con la mascarilla, otros sin ella, otros están en la piscina. La verdad que estamos un poco perturbados por todo eso”, cuenta.

“Yo estoy un poco confundida”, cuenta Anne, inglesa. “A mí me llamaron la otra noche para decirme que tenía que dedarme en la habitación todo el día. Y hoy había gente en la piscina tomando champán. De resto, estoy bien”.

Mucho más alarmada está Lara, que también es inglesa y que no piensa salir de su habitación, donde está con sus dos niños, justo al lado de la habitación de sus suegros. “Ha sido horrible”, afirma. “Hoy vinieron unos médicos para decirnos que, según los protocolos del Gobierno, podíamos salir si nos poníamos una mascarilla y nos lavábamos las manos. Te puedo mandar fotos de gente que no está llevando ninguna máscara, están dejando que se extienda el virus. Eso no es una cuarentena, simplemente nos tienen encerrados”, afirma. “Pido al Gobierno británico que nos lleve a un lugar seguro”, afirma quejándose de que las pruebas solo se le hayan hecho a personas con síntomas. Estas quejas han aparecido también en algunos periódicos británicos, que son precisamente la fuente de información primaria para los clientes británicos que no hablan español. Ayer, en The Guardian, periódico de centroizquierda y considerado muy riguroso, titulaba: “Británicos en Tenerife temen contagiarse del coronavirus al encontrarse atrapados en un hotel”. Mucho más sensacionalista, el derechista The Daily Mail titulaba: “Ven y rescátanos, Boris [Johson, primer ministro británico]”.

La consejera de Sanidad, Teresa Cruz Oval, anunció ayer que ya se ha dispuesto una unidad de atención primaria con una coordinadora sanitaria exclusiva para el hotel durante los próximos catorce días. También se está intentando movilizar a guías y traductores para poder explicar bien la información, pues en el hotel hay 25 nacionalidades distintas.

Desde que se activó el aislamiento, la mayoría de los clientes ha comido en sus habitaciones, aunque ayer ya empezaron a bajar a los comedores. “Nuestro plan en estas vacaciones era irnos a hacer algunas excursiones, pero ahora tenemos que quedarnos en las habitaciones”, cuenta resignadamente un turista alemán. “La mayor parte del tiempo estoy en la habitación, pero también he ido a nadar. Luego vuelvo, tenemos algo de contacto con nuestra familia por teléfono y por email. Y por la noche, vemos algo de televisión y nos vamos a la cama. Es lo único que podemos hacer”. Se iban a ir de vuelta a casa el 3 de marzo. Ahora les tocará quedarse.

Una instagramer. D.A
Una instagramer. D.A

Narrar el coronavirus desde la piscina del hotel sin filtros ni intermediarios

Lo de contar lo que está pasando hace mucho que dejó de ser monopolio de periodistas, y las redes sociales compiten en el relato de lo que está pasando. También en el caso del hotel H10 Costa Adeje Palace. Mientras los periodistas llamaban como locos a las habitaciones a ver si alguien daba información sobre cómo se estaba viviendo el día a día en el hotel, por las redes sociales circulaban los testimonios de dos instagramers relatando sus avatares.

Pero todo tiene esa textura extraña, como si en realidad no estuviera pasando nada. Priorityno.1 -así se llama la usuaria de Instagram- se pasea por el jardín contando que hace un día radiante, posa con su niño en el regazo o habla por la noche en susurros ininteligibles para no despertar al bebé. O cuenta que la mascarilla se ha convertido en su nuevo accesorio, pero lo dice sin preocupación ninguna.

Laurixoxoo aparece tirada en la cama con un filtro ultraluminoso, como si se hubiera velado la fotografía. Retoza, habla con frases entrecortadas. Más que en una crisis de coronavirus, parece que está en un videoclip. O que se ha metido en una habitación a contar secretos a la cámara en medio de una fiesta universitaria. Fuera hay una crisis, pero quizá la ligereza de estas stories sean el síntoma de que nos estamos pasando con la preocupación.

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