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La odisea de Martín

David Pérez y Marta Felipe tuvieron a su primer hijo el viernes 13, en plena eclosión del coronavirus; no han podido inscribirlo en el registro civil ni presentarlo a la familia
ODISEA MARTIN
ODISEA MARTIN
Los jóvenes padres, David y Marta, se encuentran en su casa desde hace una semana disfrutando de Martín. DA

Nació por cesárea el viernes 13. Si bien la fecha y la intervención estaban programadas, lo que Marta y David no sabían era la odisea que les esperaba después de que llegara Martín, su primer hijo, por culpa del coronavirus. El día anterior se habían cancelado las clases y una compañera les avisó que se habían tomado medidas más estrictas en todos los hospitales.

Arribaron al HUC a las ocho de la mañana acompañados de las madres de ambos, dos orgullosas abuelas que iban a conocer a su primer nieto, pero nada más entrar vieron los carteles que prohibían las visitas. Lo mismo les dijo el matrono que las recibió paritorio, así que optaron por esperar en la cafetería. Nadie les había dicho hasta ese día que no podían quedarse para ver al pequeño.

El futuro padre tampoco pudo estar presente en el registro de su esposa y tuvo que aguantar las ganas de ver al pequeño moverse por última vez dentro de la barriga en una sala de espera. “Era un hospital fantasma, solo circulaba el personal sanitario”, cuenta.

Por suerte, fue todo rápido. Martín llegó al mundo a las 10.43 horas, casi dos horas después (hora peninsular) de que el presidente, Pedro Sánchez, anunciara el Estado de Alarma. El mismo día que se conoció la primera víctima mortal en Canarias, una mujer de 81 años, y el Archipiélago registraba 62 casos.

David lo arropó en sus brazos mientras los sanitarios atendían a Marta y dos horas después la subieron a planta. A partir de ese momento cuentan que estuvieron “absolutamente solos. Nos dieron al niño y nos tuvimos que buscar la vida un poco como pudimos”, dice Marta.

Ella estaba muy impedida por la cesárea y apenas podía moverse así que David estuvo pendiente de todo, desde cambiar a Martín hasta ponérselo en el pecho a su esposa para que le diera de comer y la primera noche tenerlo entre sus brazos porque no paraba de llorar. “Durante las primeras 30 horas solo quiso estar en brazos. Ahí nos dimos cuenta lo solos que estábamos en un momento en el que los familiares son muy importantes y que además, no pudimos compartir con ellos”, dice esta madre primeriza.

“Solo entraba a la habitación el personal que le traía la medicación a Marta, le ponían la vía y seguían Al día siguiente lo hicieron las chicas de pediatría para pesar y controlar al niño y el personal limpieza pero era todo muy fugaz”, detalla el padre.

El pequeño recibe todos los mimos y cuidados de sus progenitores. DA

Comer en el parking

Estuvieron tres días y tres noches en el hospital. David consiguió poder salir por momentos para dar con su familia que le llevaba ropa y alimentos ya que la cafetería la cerraron el mismo viernes. Tuvo que comer en el parking porque estaba prohibido hacerlo en la habitación y contener las ganas de darse un abrazo con sus padres. La salud de Martín, carente de todo tipo de defensas, era prioritaria.

Ambos necesitaban a sus padres. “Yo veía a Marta muy mal y no tener ningún tipo de apoyo hizo más duro un momento alegre”, en las que dormir todas las noches en una silla pasó a ser un problema menor.

El personal sanitario “se portó muy bien” pero dependiendo de las personas los asustaban o no. Les decían que la madre y el niño estaban bien y los incentivaban a que se fueran porque iban a estar más seguros en su casa, en Los Realejos.

Eso hizo que solicitaran el alta el mismo domingo y se la denegaron por Marta todavía no se encontraba bien de la intervención. Al niño le hicieron las pruebas que se hacen a la semana de nacido, como un screening de sordera y la prueba del talón, para que no volvieran.

Cuando abandonaron el hospital empezó la otra aventura. Al día siguiente tenían que ir al Registro Civil a arreglar los papeles para las bajas en sus centros de trabajo y además, anotar al niño. Llamaron durante casi toda la mañana por teléfono sin éxito alguno, así que David se acercó. Le dijeron que tenía que llevar una fotocopia que, obviamente, no pudo sacar, y que el niño no se podía registrar porque el personal estaba de cuarentena. Todavía no saben cuando lo van a poder hacer.

En el HUC hay una oficina de admisión pero el día que nació Martín cerró a la una y David estaba cuidando de Marta en la habitación. El lunes, cuando lo intentó, se había pasado el plazo.
En su caso tuvo que ir al colegio de Tacoronte donde da clase y Marta, que también es docente, se vio en la obligación de subir documentos por internet que, en circunstancias normales no son válidos, porque la Seguridad Social les canceló la cita. Tampoco han podido requerir la ayuda de cien euros que les corresponde por ser padre y madre trabajadores y Martín no tiene aun un pediatra fijo.

Videoconferencia con los abuelos. DA

Coincidencia de citas

El viernes, en el Centro de Salud de Los Realejos, le hicieron un alta provisional para que al menos lo pudiera ver un médico de esta especialidad. Desde el ambulatorio organizaron todo para que la cita les coincidiera el mismo día que Marta tenía que acudir a la matrona así no tenían que realizar dos viajes, y prepararon todo para que en una misma consulta ambas profesionales vieran al niño y a la madre a la misma vez.

Pero lo que más los angustia desde que nació Martín es que han estado solos. Y pese a que entienden la situación les apena que sus padres, hermanos y abuelos no puedan conocer al pequeño nuevo integrante. Lo hacen a través de videoconferencias todos los días, pero saben que no es lo mismo. Los padres de Marta viven en el piso de abajo y están deseando ver a su nieto pero no se pueden acercar ni a la puerta.

“Hemos vivido uno de los momentos más importantes de nuestras vidas y no lo hemos podido compartir con las personas más importantes. Ese es el mayor problema, primerizos y abandonados por culpa del coronavirus”, se lamenta la joven pareja. Eso sí, sabe que cuando Martín sea mayor tendrá una original anécdota que contar del día que llegó al mundo.

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