sociedad

“Al principio nos generó ansiedad su enfermedad mental, pero ha llevado bien el confinamiento”

Sonia Sánchez cuenta a DIARIO DE AVISOS cómo es el día a día durante la cuarentena con su marido y sus tres hijos, uno de ellos con una patología mental diagnosticada desde hace 11 años
La familia de Sonia anhela poder disfrutar todos juntos al aire libre. / DA

La familia de Sonia Sánchez es como la de muchos chicharreros que, en este periodo de confinamiento, están aprendiendo a convivir en poco espacio, no solo con el resto de la familia sino también con el miedo que la Covid-19 ha logrado instalar en cada uno de nosotros. Ella, su marido, y sus tres hijos, viven en un pequeño piso de la capital, y juntos, ya piensan en lo que supondrá para la pequeña de la casa, con cinco años, salir “aunque sea solo a la esquina y coger algo de aire”. Sin embargo, la normalidad con la que Sonia afronta esta situación tiene añadida una pequeña diferencia, que ella admite que tampoco es tanta: su hijo mayor padece una enfermedad mental.

“Al principio nos generó mucha ansiedad esta situación de confinamiento porque no sabíamos si iba a entender que ya no podía salir a caminar y que tenía que aceptar unas nuevas normas, pero lo cierto es que lo ha ido llevando bien”. Sonia lo cuenta con naturalidad, con la de una madre que lleva explicándole las cosas a su hijo con mucho detalle y paciencia desde hace ya 11 años. “Él fue diagnosticado con 19 años y ahora tiene 30, así que imagínate todo el trabajo que ya tenemos hecho con él”, explica. “Es un handicap más pero lo tenemos asumido y lo hemos integrado en nuestra vida”, añade. Detalla que, en estos momentos, la enfermedad que sufre su hijo se encuentra estable y que, si este confinamiento se hubiera impuesto hace un año, “cuando estaba algo más descompensado”, es posible que la situación que ahora califica como normal, “hubiera sido más terrible”. “Ahora mismo -continúa- nos hemos mentalizado de que hay que repetirles las normas, que se tiene que limpiar las manos, que no puede alejarse de casa, que si sale a fumar tiene que ser con el perrito, y que solo puede ir a la esquina y volver”. “A lo mejor para otra persona sería un estrés terrible, pero reconozco que nosotros lo llevamos con tranquilidad”, añade.

Sonia también muestra preocupación por su hijo adolescente que está preparando la EBAU (el acceso a la universidad) y por su hija pequeña, que lleva el confinamiento como puede. En cuanto a su hijo mayor, reconoce que el hecho de que haya entendido que la situación ha cambiado y con ella sus rutinas, le da algo más de tranquilidad.

Aún así, para llegar al estado actual, admite Sonia que han pasado por distintas etapas de ese miedo que el coronavirus impone, esté o no presente, en las familias. “La casa no es muy grande, mi marido trabaja en un hospital, algo que también nos ha generado mucho estrés por el posible contagio, sobre todo cuando pienso en mi hijo”, cuenta Sonia, y es que, una de esos miedos era que se pudiera contagiar. “Toma una medicación especial, es una persona de riesgo, y si lo ingresan, no lo vas a poder ver, eso casi te provoca más incertidumbre que la situación de confinamiento en sí misma”, reconoce esta madre chicharrera.

Una situación esta, la del trabajo de su marido, que admite que le llegó a agobiar bastante. “También pensaba en cómo me podía afectar a mí que tengo asma. Me preocupaba que si me ingresaban los chicos, sobre todo el mayor, no tuvieran los cuidados necesarios. Incluso llegué a pedirle a mi marido que no fuera al trabajo”, explica. “Reconozco que lo agobié un poco”, reconoce entre risas. Ahora las cosas son más fáciles porque ya se ha ido adaptando a la situación. Además, “él cumple muy bien con todas las normas en lo que se refiere al ropa y a la desinfección”.

Admite que cuando se decretó el confinamiento, en lo primero que pensó Sonia fue en la posibilidad de que el mayor no lo soportara. “Solo pensaba en si no iba a hacer caso, que se perdiera por ahí y no pudiéramos ir a buscarlo. Él está en su mundo, tiene su propia realidad, y no todo el mundo puede entender eso. Después me generaba mucha angustia que pidiera cigarros por ejemplo, algo que él hace mucho, aunque tenga en casa. Le hemos explicado que no puede hacerlo, que no se puede acercar a nadie, que tiene que lavarse las manos cuando vuelve de la calle, y, afortunadamente, lo ha aceptado. Es verdad que a base de recordárselo mucho, pero hasta ahora no hemos tenido ningún problema”.

Una labor en la que, como cuenta Sonia, también la ayudan sus otros hijos. “La pequeña tiene muy asumida la situación y es la primera que le recuerda que no puede salir sin Boli (el perrito), que debe lavarse las manos… También su hermano lo tiene muy controlado”.
Que Sonia enfrente esta situación con tanto aplomo tiene que ver mucho con el apoyo que AFES Salud Mental le ha proporcionado en estos últimos años. “Desde que te confirman el diagnóstico hasta que lo asumes y empiezas vivir moderadamente bien, pasan muchos años. Y para llegar a AFES, igual”. “Esto era tan desconocido para nosotros, que hasta que lo aceptas, lo integras en tu vida y llegas a la asociación, pasa mucho tiempo”.

Pero, como cuenta Sonia, “ una vez que llegas a AFES, ya empezamos a estar mejor, dándole luz a la enfermedad, viendo que no es un estigma y que hay que vivir con ello. Para mi fue una herramienta maravillosa porque te permite compartir con otras familias que pasan por lo mismo. Te das cuenta que la vida sigue y que todo está bien, y no es el fin del mundo”.

TE PUEDE INTERESAR