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Fantasmas de hormigón

Numerosas edificaciones a medio construir proliferan por el sur de Tenerife; pleitos judiciales, la ruina de sus promotores, el fallecimiento de estos y la renuncia de los herederos están detrás de gran parte de las arquitecturas frustradas
Numerosas edificaciones a medio construir proliferan por el sur de Tenerife. JCM

Se quedaron a medio camino en las etapas del boom de la construcción y del turismo y hoy son cicatrices de hormigón que dañan la vista y afean el paisaje del sur de Tenerife. En su entorno, ni rastro de obreros ni de grúas desde hace años, incluso decenios en algunos casos. Solo silencio y desolación a su alrededor. Son edificios fantasmas que fueron devorados por recesiones económicas (algunos de ellos permanecen paralizados desde la crisis del petróleo en 1973), o que resultaron afectados por el arruinamiento de sus constructores, atrapados en un litigio judicial tras una denuncia o condenados por el fallecimiento del constructor y la renuncia de sus herederos a continuar adelante con la obra.

Zonas como Costa del Silencio, la primera urbanización del Sur que abrió sus brazos al turismo a finales de los años 60, o El Fraile, en Arona, además de San Isidro, en Granadilla de Abona, acumulan gran parte de los esqueletos de cemento que salpican el paisaje urbano del Sur. Son arquitecturas frustradas que simbolizan fracasos empresariales, pero que también constatan una desidia general para borrarlas del paisaje.

“Demoler no es tan caro, es como tirar un castillo de arena, y la obligación de hacerlo corresponde en primer término al propietario. Cada cual es responsable de sus actos y sobre él recae la construcción y su mantenimiento”, explicó a este periódico el arquitecto tinerfeño Ramiro Cuende.

En muchos casos, estas estructuras al desnudo sirven de cobijo a personas sin recursos económicos que malviven entre basuras y escombros, y con el riesgo que conlleva habitar edificios sin acabar, deteriorados por el paso del tiempo y con unos materiales de construcción a los que no se les ha realizado ningún seguimiento. En ese sentido, los expertos advierten del efecto que producen sobre el hormigón los agentes externos. Factores como el mar, el viento, el sol y la lluvia, afectan a este material, especialmente cuando la inacción se prolonga en el tiempo.

No obstante, Cuende recuerda que las estructuras “tienden a mantenerse y suelen aguantar” y subraya que los edificios “no se caen, avisan”, aunque reconoce que la proximidad del mar es uno de los elementos externos más perjudiciales. “La maresía y el hierro no se llevan bien”, asegura.

Reemprender las obras de un edificio a medias no suele ser la opción más viable, por cuanto el alto nivel de deterioro causado por el paso del tiempo obligaría a una inversión extra, comenzando por una minuciosa evaluación para verificar el estado real de los materiales. Algunos estudios señalan que terminar un esqueleto puede resultar hasta un 20 por ciento más caro que construir un edificio nuevo.

“Todo depende de lo que se quiera. Si se cambia el uso inicial o se piensan construir más plantas la cosa se complica y puede que no compense reanudar los trabajos, pero si no es así, se puede adaptar con facilidad y más con los materiales actuales”, manifestó el arquitecto.

El alto número de edificaciones fantasma en el sur de la Isla están directamente relacionados con la época dorada del turismo. Cuende recuerda que se crearon unas “expectativas enormes” en los años 70 y 80. “Para edificar había que urbanizar y muchos promotores no eran profesionales de ese mundo y se quedaron por el camino”.

Además, subraya otro fenómeno que surgió en los años 90 y que acabó pasando factura al sector y a los nuevos inversores. “Mucha gente se pensó que construir era una especie de lotería. Se juntaban cuatro amigos para edificar y esa falta de especialización acabaría por costarles muy caro. El 80% de esas aventuras fracasaron”.

“Cuando quieres edificar sin constructor, haces de promotor y el arquitecto es un pelele, el porcentaje de éxito es prácticamente nulo, porque, ¿dónde están los responsables de cada una de las fases?”, se preguntó Cuende.

Por último, hizo hincapié en la importancia de la planificación del territorio para evitar construcciones a medio terminar, y en ese sentido puso como ejemplo el municipio de Adeje. “En cambio, en localidades como El Fraile, concebidas para dar alojamiento a los trabajadores del sector turístico, no hubo planificación y hoy lo vemos numerosas construcciones abandonadas”, señaló.

salvar la tejita

Ana Sabín, una de las portavoces de la plataforma Salvar La Tejita, denunció que hay construcciones que “parecen pedradas” en el paisaje y y se mostró partidaria de conceder a los edificios abandonados un plazo determinado para su finalización. “Si no se acaban, deberían requisarse para destinarlos a viviendas sociales”, señaló a este periódico, aunque aclaró que “otra cosa son los casos puntuales de familias que no pueden terminar su casa”. Para Sabín es necesario una regulación que aborde el problema y, “sobre todo, que se cumplan las normas urbanísticas, que es el problema número uno actual en Tenerife y en Canarias”. Además, recordó que las edificaciones abandonadas han dado origen a las “mafias de okupas profesionales, que no tienen nada que ver con las personas que se quedan en la calle y buscan un techo bajo el que dormir”.

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