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Una pareja de La Orotava quiere evitar que un árbol de 27 años desaparezca por un vecino

Agustín y Ana piden que se modifiquen los estatutos de la comunidad del edificio que datan de 1994 y han quedado obsoletos

Hace 27 años, cuando llegaron a vivir al edificio Oasis, ubicado en El Mayorazgo, en La Orotava, Ana y Agustín plantaron en su terraza un flamboyán (delonix regia), un árbol de gran colorido por sus flores rojas y naranjas y su gran follaje.

Lo hicieron en 1993, acorde con los reglamentos de régimen interno del edificio en los que no se especificaba ninguna condición ni requisito.

Sin embargo, los estatutos que rigen en la actualidad y que datan del año siguiente sí establecen unas determinadas normas de las que el matrimonio no tuvo conocimiento hasta comienzos de 2020 cuando al piso de arriba de su vivienda llegó a vivir un nuevo vecino que se quejó porque “las ramas se le metían por su ventana y le molestaba” y les exige que lo corten, una petición a la que ellos se niegan en rotundo.

Ellos desmienten esta situación: “incluso cuando el árbol está en todo su esplendor ni siquiera llega a su terraza”, sostienen. Además, lo podan todos los años en invierno, entre enero y febrero ya que esta especie necesita una determinada técnica para compensar la masa arbórea al ser un árbol caduco (pierde las hojas) que por el clima de Canarias se queda semicaduco”, explica Agustín.

“Nosotros lo podamos pero el 20 de marzo, en pleno confinamiento, empezó a decir que la poda estaba mal, que solo se había cortado la parte del medio y empezó a arrancar las ramas”, cuenta Ana. Ello conllevó una denuncia por parte del matrimonio que asegura que “los acosa diciéndoles que la Junta ha dicho que les va a mandar una carta y los va a denunciar” y por ende, “van a tener que cortar el árbol. No se conforma con la poda que quiere que el árbol desaparezca”, se lamentan.

Este periódico se puso en contacto con el vicepresidente de la comunidad de propietarios pero prefirió no pronunciarse sobre este asunto.

Al supuesto afectado lo apoyan los estatutos actuales. En concreto, el párrafo M establece que “en las zonas ajardinadas comunes privadas se atenderá que la altura de los árboles, palmeras y arbustos no sobrepasen dicha altura de la parte inferior del primer forjado de la vivienda inmediatamente superior”. Unos estatutos que, en opinión de Ana y Agustín “son antiecológicos” y no se ajustan a la realidad al no tener en cuenta los objetivos de desarrollo sostenible y que las comunidades tienen que velar por cuidar el medio ambiente y su masa forestal, “que empiezan a ser obligatorios con la ley de biodiversidad de Canarias”.

Ana y Agustín pide que se modifiquen para promover dentro de la comunidad un uso sostenible de los recursos, del gasto eléctrico, del agua y del reciclaje de residuos. Para ello, han solicitado al Ayuntamiento una mesa petitoria con el fin de recoger firmas y proteger así el flamboyán.

Hasta el momento no habían tenido ningún problema, todo lo contrario, aseguran. De hecho, los anteriores propietarios eran unos alemanes “que estaban encantados” y les decían siempre “ que no lo tocaran” ya que de noche el árbol libera una gran cantidad de oxígeno y es un filtro para la cantidad de coches que suben a diario por la calle Cristóbal de Franchy, paso obligatorio para el campo de fútbol de El Mayorazgo y el IES.

El flamboyán, una especie arbórea que se adapta bien al lugar
Ana y Agustín meditaron bien el tipo de árbol que iban a plantar en su jardín. Eligieron un flamboyán porque es una especie que se adaptaba al lugar. Tiene una raíz pivotante, con lo cual no molesta a las tuberías y caduco, es decir que en invierno no tiene tanto follaje y deja pasar la luz y por lo tanto, no gasta agua. El matrimonio tiene en su vivienda un sistema de ahorro de agua que permite utilizar solo cuatro litros cada 15 días. Además, recalcan que el ejemplar guarda una distancia de más de cuatro metros y medio con el muro colindante y por lo tanto, no molesta.

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