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La pandemia y la burocracia, serias amenazas para el turismo rural

A pesar del espejismo de la Semana Santa, Pedro David Díaz, voz referente en el sector y propietario de Las Vigas, prevé un verano “duro” y lamenta el peso de una normativa “desmedida”
Las Vigas Vivencia Rural - Arico
Los propietarios de alojamientos rurales denuncian las “excesivas trabas burocráticas” que soportan. En la imagen, Las Vigas Vivencia Rural, en Arico. DA

Aunque los alojamientos rurales cuentan con ciertas ventajas en la actual situación de pandemia respecto a los establecimientos turísticos convencionales (lejanía respecto a los grandes núcleos masificados, aislamiento familiar y contacto directo con la naturaleza, entre otras), el sector padece actualmente el mismo problema que sufren las grandes cadenas hoteleras: sus clientes llegan en los mismos aviones que el turismo de masas y sus principales mercados emisores (Alemania, Francia, Holanda, Bélgica y países escandinavos) permanecen prácticamente cerrados.

Después de una temporada de invierno, históricamente alta, que ha pasado con más pena que gloria, los nubarrones no se acaban de disipar para el próximo verano. El sector confía en convertirse en una de las opciones preferidas de los clientes tradicionales de hoteles y apartahoteles mientras la pandemia siga siendo una amenaza, como ha ocurrido en esta Semana Santa con el turismo local, aunque es consciente de que serán clientes prestados que en condiciones normales acabarán regresando a los grandes complejos de cuatro y cinco estrellas ubicados en las zonas de costa.

Pedro David Díaz, propietario de Las Vigas Vivencia Rural, en Arico, y una de las voces más representativas del sector en Canarias, manifestó a este periódico que la temporada estival será “muy dura”, aunque confía en que en otoño e invierno, estaciones de alta ocupación de turismo rural, comience la remontada del sector, coincidiendo con el avance de la vacunación en la población europea.

Piscina

“El verano lo soportarán mejor aquellos alojamientos de turismo rural que cuenten con piscina”, advierte. “Mi experiencia del pasado verano fue un tanto desalentadora. Recibimos peticiones de reservas por el público local, que se interesó como nunca por el turismo rural, pero, mientras ofrecíamos las bondades de nuestro alojamiento (patrimonio, naturaleza inalterada, ecología, vino de cosecha propia, vistas panorámicas, senderos…), todo acababa en la misma pregunta: “Sí, todo eso está muy bien, pero ¿tienen piscina?”.

Pero, además de la pandemia, los propietarios de alojamientos turísticos rurales afrontan desde hace tiempo otro escollo que llevan tiempo denunciando. Aseguran que esta modalidad alojativa es, con diferencia, la que más trabas burocráticas y normativas soporta.

“El carácter singular de las edificaciones vetustas y tradicionales, y su necesaria conservación, supone una trampa para el inversor, porque son construcciones catalogadas y protegidas que, para cualquier intervención necesitan de la aquiescencia de todos los organismos que ostentan la tutela y protección sobre el patrimonio y la disciplina urbanística, lo cual encarece enormemente los proyectos y los honorarios técnicos, además de soportar una burocracia administrativa pesada, desmedida e injusta, circunstancia que no ocurre con otras modalidades alojativas”, explicó Pedro David Díaz.

El experto, que ha intervenido como ponente en varios foros internacionales sobre esta materia, aboga por un replanteamiento del turismo rural que vaya más allá de una mera unidad alojativa y se convierta en el núcleo que comunique y muestre al viajero las riquezas culturales y patrimoniales de las medianías.

“Creo que tenemos que ruralizar el turismo, acercar más al sector a nuestro campo, porque es el garante de nuestra esencia como pueblo. Pero no de cualquier manera ni alojados en cualquier sitio. El turismo debe acercarse al campo desde el respeto. Si no es así, cualquier día nos invitarán a beber un vaso de vino en una cabaña de madera prefabricada construida al estilo finlandés o en una yurta al estilo mongol, de esas que abarrotan nuestras medianías y dirán que eso es lo nuestro, y que es turismo rural”.

Díaz tampoco oculta otro temor que genera preocupación en el sector: el retroceso de las altas de alojamientos de turismo rural y emblemático. “Los inversores prefieren invertir y apostar por el alquiler vacacional que es mucho menos exigente y apenas cuenta con supervisión y vigilancia”, subraya.

Las Vigas Vivencia Rural, en Arico, mejor casa rural de España

El establecimiento Las Vigas Vivencia Rural, una casa de campo del siglo XIX rodeada de vides, frutales y olivos en Icor (Arico), fue elegida en enero la mejor casa rural de España y se situó entre las 10 mejores de Europa al obtener 9.9 puntos sobre 10 en el portal de viajes Booking y un 5 sobre 5 en el de Google Travel.

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