Gastronomía

Los hosteleros tinerfeños que resisten a la Covid

Rayco Rivero y Javier Guigou son dos ejemplos de propietarios de locales que, a base de imaginación y trabajo, consiguen que la tasca La tata y el Shire Tenerife logren capear el temporal de la pandemia

Los hosteleros tinerfeños que resisten a la Covid. | DA

Rayco y Javier no lo han pasado bien los últimos meses. La pandemia ha azotado a todos los sectores y algunos, como la hostelería, por sus características, de manera más acusada. Podían haber tirado la toalla, quizás habría sido más sencillo echar el cierre, al menos durante esos momentos de dificultad pero le dieron vueltas a la cabeza. Tiraron de imaginación y, por el momento, se mantienen a flote. Esta es su historia.

En la calle de La Marina, en Santa Cruz de Tenerife, ya existía la tasca La Tata cuando Rayco Rivero cogió las riendas del establecimiento. Eso fue hace diez años y el local ya tenía “un aire alternativo” que ha mantenido e incrementado. Los primeros años, como siempre, no fueron sencillos, pero “poco a poco” con su propuesta de “comida sana y sabrosa” logró que fuera un lugar de referencia en Santa Cruz, pero entonces llegó la pandemia.

Reinventarse con una sonrisa en la cara

Rayco Rivero, en tasca La Tata. | Sergio Méndez

“Recuerdo la incertidumbre, porque lo que pensamos que era para 15 días se fue alargando. Durante el confinamiento a mí me dio por pensar: pensaba en cambiar la carta, mirar proveedores… Pero un día dije que se había acabado, que desde que pudiera, abría”, reconoce.

Era “descorazonador” durante el confinamiento acudir al local a limpiar y a realizar un mínimo de mantenimiento, pero, según reconoce Rayco, el “verdadero varapalo” llegaría algo más tarde: “Notamos mucho cuando pusieron los toques de queda. Todo cambió, sobre todo en Navidad, al llegar también el cierre de interiores. Por lo que tuvimos que dar un giro a todo, en este caso, haciendo comida para llevar, que no habíamos hecho antes”.

Rayco reconoce que “mucha gente pidió comida para, de esta manera, apoyarnos” algo que derivó en un movimiento “muy bonito” para intentar echar una mano: “Incluso pusimos en marcha una idea de comida precocinada, pero la burocracia es larga y lenta”.

La luz al final del túnel comenzó a verse con la implantación de las terrazas porque, curiosamente, eso no solo mejoró el ambiente del local, sino también de la zona: “El interior es más familiar y lo de fuera es otro sistema, aunque estoy intentando que lo mismo que tenía dentro lo tenga fuera. Creo que, además, la zona ha mejorado, pues esta plaza siempre ha estado dejada de la mano de dios y los vecinos ahora ven movimiento en ella, tiene vida. Lo agradecen”.

Tasca La Tata, situada en Santa Cruz de Tenerife. | Sergio Méndez

Todo ello, teniendo una actitud optimista, reconociendo que es necesario trabajar “tropecientas horas” para cubrir gastos, temiendo lo que pueda ocurrir “cada jueves” tras el Consejo de Gobierno y manteniendo en todo momento las normas de seguridad: “¿Si he pensado alguna vez en tirar la toalla? Más de una. Yo siempre busco el lado positivo a todo. A mí me salva el traro con mis clientes, me apasiona. En mi local nos gusta generar un ambiente diferente”.

De todo esto Rayco saca conclusiones positivas, algo que le da para mirar al futuro: “Queremos dejar la terraza de manera permanente, queremos especializarnos en comida vegana y creo que tenemos que mejorar. Quiero dar mejor servicio, pero tenemos menos personal. La inestabilidad no deja que contratemos a nadie. Igual lo haces y una semana después tienes que dar marcha atrás. Pero estoy muy esperanzado. Mucho”.

Antes de despedirse, admitiendo que psicológicamente es “duro” ver “que otros locales, de otros compañeros cierran”, vuelve a agradecer el apoyo de clientes y amigos: “Yo siempre digo que no vendo comida, sino que vendo un espacio que creamos todos juntos. Estamos eternamente agradecidos a clientes, amigos y familiares por su apoyo y por saber perdonas nuestros enfados y, la familia, nuestras ausencias”.

Abrir en plena pandemia

Lo de Javier Guigou fue hacer el más difícil todavía. En noviembre de 2020 decidió que era el momento de tirarse a la piscina, asumir riesgos y montar el Shire Tenerife, un restaurante que, como en el caso de La Tata, ha tenido que reinventarse en la pandemia.

“Yo aposté en un momento complicado, era consciente, pero, pese a ello, logré que el Shire Santa Cruz sea un restaurante viable”, reconoce Javier que, a sus 25 años, demuestra tener las ideas muy claras. Recientemente se ha hecho muy popular en redes sociales al anunciar que solo abriría en horario de cenas y en terraza, para intentar minimizar el impacto de la Covid: “Lo hago por responsabilidad, entendiendo que otros, al no disponer de terraza, no pueden, pero es necesario que rememos todos juntos”.

Javier es crítico, admitiendo que en Santa Cruz de Tenerife hay locales “con más terraza de la que deberían” con “gente que no cumple” por lo que teme que todo, sin un concepto global del problema, puede resultar ser “pan para hoy y hambre para mañana”. “Creo que es necesario que nos centremos en llegar lo mejor posible a septiembre para poder salvar la Navidad, tan importante para la hostelería. Por eso hablo de la necesidad de ser solidarios. ¿De qué me vale hacer un esfuerzo yo si el resto no lo hace en Santa Cruz?”.

Reconoce que sus dos pilares para resistir esta pandemia ha sido la elaboración de menús a domicilio y la capacidad para demostrar que trabajan en un entorno seguro. Algo vital: “Nuestros clientes saben que cumplimos, ninguno de mis empleados, clientes o familiares se ha contagiado, precisamente por esa responsabilidad que tenemos”.

La elaboración de menús semanales fue una inspiración del restaurante madrileño Wetaca, que supieron adaptar a su local: ” Nosotros no tenemos la posibilidad de hacer un menú abierto, pero sí uno cerrado que ha funcionado. Nuestros clientes lo agradecen y nosotros sabemos que eso supone tener un dinerito fijo que nos entra de manera segura”.

Pese a desvelar que “nunca” se ha planteado la posibilidad de cerrar su local, Javier sí tiene claro que sin el apoyo de sus clientes y de “sanitarios, divulgadores científicos o periodistas”, salir poco a poco de la pandemia no habría sido posible.