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Marca Corea

Relato de una canaria que ha “naufragado con gusto” en Corea del Sur y en su cultura, “hasta el punto de comprar soju y un bote de adobo para hacerme un ‘Kimchi”

Por Chusi Hernández

Acabo de comprar un botellín de soju, popular destilado de alcohol de arroz que se consume con profusión en Corea del Sur. Lo beben ellos en vasos de chupito o mezclado con cerveza. Lo sé, como otras muchas cosas de este país, porque lo he visto en algunas de las series que ha realizado en los últimos años la industria televisiva coreana. Así, de esta peculiar manera, he ido conociendo algo de su historia, de su cultura antigua, de su vestimenta tradicional, sus guerras, invasiones y derrotas, hasta llegar a hoy.

Debo confesar que he ido devorando capítulo a capítulo bastantes series e invertido un tiempo que me sobra en estos momentos. En paralelo, he abandonado totalmente los informativos, el cine y las series europeas y americanas, y, por supuesto, las cadenas de televisión en las que se exhiben sin pudor dramas de nuestra realidad inmediata, o en las que se destruyen personajes que se entregan a vivir ese calvario por dinero y todo, además, con un lenguaje brutal y soez.

Así que, superadas también las pelis de cine clásico, las de ciencia ficción, las históricas de cualquiera de nuestras guerras- nazis, civil, etc.- las de la conquista del oeste o del espacio, por predecibles, me asomé a la producción asiática por casualidad y me he quedado allí, de momento.

Hete aquí que una doña canaria de casi setenta tacos, a miles de kilómetros de Corea del sur, ha naufragado con gusto en ese país y en su cultura, y se pasea por sus pueblos y ciudades hasta el punto de comprar soju y un bote de adobo con especias preparado para hacerme un kimchi, especialidad gastronómica nacional, en cuanto consiga la col adecuada.

He de confesar también que tenía algún precedente de mi gusto por la cultura asiática: por sus telas, cestas, tazas y platos y por su cultura, su té y sus jardines, especialmente de China y Japón, aunque debo reconocer que nada me había llamado la atención con anterioridad de Corea, a no ser su relación con Canarias en cuanto a los puertos y la pesca. También que he visto algo de cine, leído algo de su literatura y escuchado su música. Las que ha disfrutado occidente en general. Pero de Corea del Sur, casi nada(excepto Parásitos). Así que encontrarme de repente disfrutando, durante horas, viendo sus series pareciera una anomalía sin mas. Pero sinceramente creo que no.

Es más que probable que muchas de las series que he ido viendo sean para gente joven, pero son las que he ido pillando sin más y, sin duda, ellos tengan muchas igual de crueles, violentas, explícitas y desagradables que las nuestras, pero esta fábrica industrial de series coreanas light, me ha dado que pensar… además de tenerme entretenida, interesada y emocionada, que no es poco, entre tanto encierro, enfermedad, miedo y muerte.

Así que me he preguntado el porqué y mi familia, asombrada que las vea incluso en coreano con subtítulos en francés, quiere también que les explique este extraño fenómeno. Así que les cuento:
Depende de la serie, pero los personajes de estos Doramas o K-dramas que es así como las llaman, son jóvenes atractivos que viven historias de amor normales que van complicándose y sorprendiéndote, con claves románticas a la antigua. Son bastante modositos, con lo que enseñar un torso o una espalda es como el estriptís de Gilda. Sucede también que los enamorados tardan muchos capítulos en llegar a darse un “piquito”, lo que se agradece después de ver la brutalidad de muchas de nuestras series explícitas en las que a los pocos minutos acaban literalmente “empotrando” a la protagonista contra un mueble de la cocina, ( y si es de violencia, otros terrores que prefiero no describir).

En fin, decía que ya cogerse de la mano, o abrazarse, tarda bastante en producirse, capítulos digo, lo que no quita que una pueda, como espectadora, apreciar el amor naciente o la tensión sexual no resuelta que existe… quizás sea que el sexo está en la cabeza y se puede deducir en un fundido a negro.

Los guiones son fruto de un análisis psicológico y de marketing exquisito. Las series turcas o las telenovelas sudamericanas también han dado en la fórmula esta que hace que cuando vas a abandonar un capítulo, te cambian el rumbo con algo más sorprendente y ¡ala¡, otra vez pendiente, pero los temas de las series coreanas son, con mucho, mas interesantes y nuevos. Argumentos frescos y curiosos. Se cruzan temas reales con ciencia ficción, tecnología con dioses que bajan a la tierra y se encuentran en problemas. Universos paralelos con la vida de las empresas, el acoso sexual con problemas entre padres e hijos, la riqueza y la pobreza, o las invasiones del país con el valor y la rebelión.

Y dentro de esta estrategia de marketing, han decidido que te van a enseñar y vender Corea. Así que, quieras o no, aprenderás como ha sido su historia, lo desarrollados que están en estos momentos, su tecnología, y, sobre todo, cómo vivían y viven y lo que sirven a la mesa, sean la de los palacios del reino de Joseon o en las tascas y restaurantes actuales de grandes ciudades como Seúl. Aprendes que las comidas son una extensión de las empresas y las botellas de cerveza y soju van amontonándose sobre la mesa, por lo que cogerse una buena trompa es algo irremediable, incluso sin quererlo, lo que permite que el prota, en el taxi que lo lleva a casa, pueda llorar a gusto. Percibes también que el mundo del trabajo es una locura general dentro de un capitalismo globalizado y cruel… con humanos feroces, ambiciosos y brutales, con peleas entre las grandes familias clasistas y los plebeyos, los pobres, sumisos y egoístas y lógicamente miserables, y que la plutocracia pareciera reconocida y respetada, al menos en la ficción.

Pero a la par, he conocido y valorado la belleza de los trajes y sombreros de los nobles en el antiguo reino, que realmente merecen un capítulo aparte. He aprendido que, curiosamente, el cristianismo es la religión más profesada, y que la educación es una piedra angular en su desarrollo. También se, por los abrigos y bufandas que se repiten en la indumentaria de los protagonistas, que en el país llueve copiosamente y que los inviernos son fríos, y que, quizás por eso, y por el estrés de la vida laboral, Corea sea uno de los países con mayor consumo de alcohol del mundo. He visto también sus edificios, su tiendas, sus centros comerciales y la moda actual, especialmente la de los jóvenes varones con abrigos tres cuartos, suéteres de angora y camisas estrafalarias y preciosas… el teñido de su pelo, los zarcillos, sus espectaculares chamarras de cuero, los relojes de marca y coches de lujo que los ricos lucen sin complejos… o sea, que he llegado a la conclusión de que los coreanos han encontrado en las series que producen una forma de enseñarnos su país, desde la historia a sus ciudades, de las carreteras a los pueblos costeros e islas destinadas al turismo como Jeyu…, de su forma de ser y sentir. Una marca Corea que no quiere ocultar los defectos de su cultura, aunque intenta maquillarla y consigue, que esta doña, hoy, esté pensando con afecto en el país y en sus habitantes… Ah, y en Lee Min_ho…

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