Puerto de la Cruz

Natalia reclama hace dos años un puesto de salvamento marítimo

La madre de Alejandro Torres González, el joven militar fallecido el 5 de octubre de 2019 tras caer por los riscos de Martiánez quiere evitar que un suceso similar vuelva a repetirse

La madre de Ale volvió a reclamar medios para que sucesos como el de su hijo no se vuelvan a repetir. Fran Pallero
La madre de Ale volvió a reclamar medios para que sucesos como el de su hijo no se vuelvan a repetir. Fran Pallero

Llegó a las seis de la tarde, media hora después de lo previsto y en medio de aplausos. Natalia González, la madre de Alejandro Torres González, el militar de 23 años fallecido en la costa del Puerto de la Cruz, quiso recordar ayer el trágico suceso ocurrido el 5 de octubre de 2019 cuando su hijo perdió la vida al sufrir una caída por los riscos de Martiánez, acompañado por su novia, tras el deficiente operativo de rescate para intentar salvarlo.


En la playa del mismo nombre se congregaron ayer unas 70 personas, a las que se sumaron curiosos que iban llegando además del alcalde de La Orotava, Francisco Linares, y la concejal de Asamblea por La Orotava, Aida Salazar, los únicos representantes políticos presentes.


“Un día como hoy a esta hora, pasadas las seis de la tarde, reconocía el cuerpo de mi hijo así que cerremos los ojos por un segundo y pensemos en Ale en vida”, pidió Natalia.


Entre lágrimas, abrazos y aplausos constantes, la madre de Ale, como lo llamaban sus seres queridos, insistió en la necesidad de que el Norte de Tenerife cuente con un puesto de salvamento marítimo profesional que responda ante cualquier tipo de accidente que se presente en el litoral “y que nunca más ninguna madre se vea durante horas esperando a que lleguen medios desde muy lejos”.


Natalia le dedicó una canción a Ale, “por el que cruzaría océanos, montañas y si pudiera cambiarme por él lo haría, y si pudiera pulsar un botón para cambiar los acontecimientos, también”, dijo.


“Es importante que palpiten los corazones”, subrayó. Por eso el rojo predominó ayer entre los asistentes en una pegatina con forma de corazón con el nombre Ale grabado en el interior en color blanco, símbolo de la paz, que repartían los más allegados.


Uno de los momentos más estremecedores de la convocatoria fueron las palabras de Patricia, una de sus hermanas, rota por el llanto. “Es tan necesario verbalizar el dolor y queda tanto por hacer y por humanizar respecto a cómo superar un duelo”, sostuvo Natalia, quien confió en que el 5 de octubre de 2019 marcará un antes y un después en la manera en la que funcionaron las cosas “en un Archipiélago en el que presumimos de seguridad, de rescate, de emergencias y de dotaciones”.