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Vecinos de Tagoro, en Tacoronte, sufren un aire “irrespirable” por una granja cercana

Los vecinos aseguran que llevan años padeciendo los malos olores y la invasión de moscas que genera una explotación "supuestamente ilegal" de gallinas a escasos metros de sus casas
Debido a la cantidad de animales que se encuentran, los vecinos sospechan que se comercializan los huevos. SERGIO MÉNDEZ

“Llevamos años padeciendo este pestazo, sacan el estiércol de las gallinas, lo botan a la huerta y lo aran. Es infernal, estás un mes apestando”, se queja Manuel Pérez, vecino de Tagoro, quien asegura que el aire es irrespirable “hasta con mascarilla”.

Los habitantes de este barrio apacible de Tacoronte, en el que solo hay casas con jardines, apenas pasan coches y la tranquilidad es difícil de romper, aseguran que desde hace al menos cinco años sufren esta situación, debido a una granja “supuestamente ilegal” de gallinas que está a escasos metros de sus viviendas y en la que además, conviven con cientos de palomas que pueden verse a simple vista. “Si el aire viene para abajo nos coge a nosotros, si va para arriba, a los vecinos de Juan Fernández, o sea que todo el perímetro para donde vaya el viento el olor es infernal”, añade Manuel.

No es el único que lo padece. José Manuel Afonso, Santo, Domingo Carlos, Candelaria Abreu y Filiberto aseguran que con el calor y en los meses de verano, el problema se acrecienta y no pueden tener las ventanas abiertas porque las moscas los invaden. “Nos van a comer”, ironizan.

Hay incluso quienes se han planteado vender su casa porque ya no soportan más la situación y en aras de que nadie le pone solución y las administraciones “se tiran la pelota unas a otras”, han decidido marcharse del barrio. “Uno de ellos perdió un cliente, la casa está genial, pero cuando sintió el olor nauseabundo que había en el ambiente, el comprador se echó para atrás”, cuenta Santo.

Creen que la explotación no es legal porque a simple vista es un invernadero “en el que han puesto entre 300 y 400 gallinas y cada vez que sacan el estiércol lo botan a la huerta y eso fermenta. Aquí no hay quien viva”, apunta Domingo Carlos.

Manuel explica que “una granja necesita pasar una serie de trámites para que sea legal. El aspirante a ganadero tiene que solicitar al Ayuntamiento si el suelo es apto o no para ese uso específico. En caso de que lo sea, tiene que buscarse un veterinario para que le haga un croquis de la explotación y esa documentación se remite a la Consejería con sus respectivas fotos y ésta hace una inspección y da el visto bueno final. En este caso, solo tiene una red y el agua entra, las gallinas no están protegidas, cuando llueve, como en los últimos días, se mojan todas”.

La lluvia, sin embargo, es lo único que ayuda un poco a mitigar el fuerte hedor.
Lo sospechan también porque otro de los afectados preguntó en la Oficina de Extensión Agraria “y no les consta” ninguna instalación de ese tipo y características y cuando se dirigió al Ayuntamiento un concejal que no recuerda su nombra “le dijo que ya se habían tomado cartas en el asunto porque la explotación era ilegal”.

La Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas Gobierno de Canarias confirmó a este periódico que en el Registro de Explotaciones Ganaderas (REGA) no aparece ninguna granja de gallinas en esa zona y por lo tanto, si es ‘ilegal’ como afirman los vecinos, las competencias son municipales.

Al respecto, la concejal de Medio ambiente y Sostenibilidad, -área que engloba los asuntos relacionados con agricultura, ganadería y pesca- Carmela Díaz Vilela, aseguró que desde el Consistorio se está recabando toda la información necesaria para poder actuar aunque ya se hizo una acción previa.

En concreto, se refiere a que semanas atrás los técnicos municipales se pusieron en contacto con el ganadero, quien les trasladó “que tenía todo legalizado”, para solicitarle que hiciera “un buen manejo” del estiércol.

Según la concejal, “el tema se solucionó porque los excrementos se incorporaron al suelo para abonar y el mal olor empezó a mitigarse”.

Pero la versión de los vecinos, es exactamente la contraria. “Antes tenía todos los excrementos amontonados, pero vino un policía local, le dijo que los enterrara y lo echara como abono y eso podrido lo mueve la tierra y es infernal. El olor llega hasta Jover”, subrayan.

La inscripción en el REGA depende del número de animales presentes, ya que si no comercializa huevos, con pocos animales no tendría obligación de estar inscrito.

Sin embargo, los vecinos desconfían y creen que puede estar lucrándose “porque esa cantidad de gallinas no las tiene solo para estiércol”, indica Manuel.

Escritos de queja sin éxito

Los afectados presentaron, sin éxito, escritos de queja en el Ayuntamiento y aunque a Carmela Díaz no le consta ninguna denuncia en sus áreas no descarta que pueda estar en otra, como la Concejalía de Sanidad.

También han llamado a la Policía Local “y no se presenta porque dice que hay que denunciar en el Ayuntamiento, a la Guardia Civil y otro tanto de lo mismo y así llevamos años”, sostienen.

“El barrio ha sufrido con las termitas subterráneas, algunas casas han estado afectadas y ahora ésto, malos olores y una invasión de moscas por la que no paramos de echar flit. Aquí no hay quien viva”, reiteran.

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