santa cruz de tenerife

Arranca la demolición de la Refinería de Santa Cruz

La apertura de la Refinería supuso un hito para la sociedad santacrucera, al tratarse de la implantación de la industria más relevante conocida hasta entonces en toda Canarias
Refinería

Por sabido que sea el adiós de la Refinería que la Compañía Española de Petróleos, S.A. (Cepsa) inauguró allá por 1930 en lo que entonces eran las afueras de Santa Cruz de Tenerife, las imágenes que acompañan a estas líneas donde se aprecia el inicio de la demolición de los icónicos tanques de combustible que han formado parte del paisaje capitalino a su entrada por el Sur de la Isla, reflejan lo inexorable de dicho proceso y, sin duda, tendrán su reseña en la historia de esta ciudad.
Fue el 26 de septiembre de 1929 cuando se constituyó Cepsa, que en sus inicios tenía concesiones en Venezuela y pronto planeó en crear la refinería “Tenerife” para dar salida a éstas y futuras concesiones donde la compañía incrementara su participación. La zona elegida distaba mucho de ser parte del núcleo urbano de Santa Cruz en los años 30 del siglo pasado, dado que para llegar a la misma había que transcurrir entre senderos flanqueados por las plantaciones de plataneras existentes donde ahora están la avenida de los Reyes Católicos o buena parte del barrio de La Salle.
Desde luego, la apertura de la Refinería supuso un hito para la sociedad santacrucera, al tratarse de la implantación de la industria más relevante conocida hasta entonces en toda Canarias. Se estima que, en sus momentos de mayor esplendor, unas 1.700 familias progresaron gracias a los salarios generados tanto directamente por los empleados contratados por Cepsa como por los negocios que surgieron en la Isla en relación con los distintos productos derivados del refino.
A todo ello hay que añadir las ventajas que supusieron los economatos de alimentación y textiles creados en favor de los trabajadores de la Refinería y, por si fuera poco, Cepsa invirtió en la edificación de barrios como el de Buenos Aires, para dotar de viviendas dignas a los empleados que carecían de ellas en unos tiempos donde el chabolismo imperaba en Cabo Llanos y El Cabo.
Mas el tiempo pasa, y la que fue primera refinería que entró en funcionamiento por lo que respecta al territorio español acabó degenerando en serios problemas para la convivencia, por cuanto sus instalaciones, que abarcaban unos 500.000 metros cuadrados, terminaron integrados en el núcleo urbano y contaminando el aire que respiraban los vecinos, a pesar de que las mejoras implantadas en la década de los 80 disminuyeron notablemente los efectos nocivos de tal cercanía.
En 2018 se acordó el cierre completo de la Refinería y, gracias a los acuerdos alcanzados entre la compañía petrolera y el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, se confía que para 2030 haya culminado tanto el desmantelamiento de las instalaciones como la descontaminación de sus suelos, en lo que supone una formidable oportunidad para el desarrollo urbanístico de una ciudad como Santa Cruz, cuyas limitaciones geográficas son tales que impiden alternativas con semejante potencial.
Sea como fuere, y pese a que todos los santacruceros saben desde hace ya tiempo que hace años que la Refinería se redujo a un mero almacén para el trasiego de hidrocarburos, ayer pudieron comprobar personalmente que esos simbólicos tanques de combustible ya son pasto de la piqueta.
Como anunció hace un lustro el alcalde José Manuel Bermúdez, el futuro lleva el nombre de Santa Cruz Verde 2030, y contempla la apertura al mar a través de un gran sistema de espacios libres conectado con el Palmetum y el Parque Marítimo, así como la regeneración del litoral a través de una zona de baño o playa, un puerto deportivo y un paseo marítimo peatonal y ciclista, conformando, además, un gran espacio público multifuncional. Pronto ese futuro será presente.

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