medio ambiente

“Ingerimos plástico equivalente a una tarjeta de crédito a la semana”

El catedrático de la Universidad de La Laguna Javier Hernández Borges recuerda que se han encontrado restos hasta en la placenta humana
Todo apunta a que estamos comiendo plástico. | DA

Por Javier Hernández Borges. Durante los dos últimos años [para el lector, el autor escribe en septiembre pasado, pero se reproduce por su interés dada la actualidad], en los que he impartido varios cursos de extensión universitaria sobre la problemática de los microplásticos, además de diversas charlas y seminarios, me he dado cuenta de que una de las frases que más asombro despierta entre los asistentes es aquella que dice “que se estima que ingerimos una cantidad de plástico equivalente a una tarjeta de crédito a la semana”, lo que vienen a ser en torno a unos cinco gramos. Si bien desde mi experiencia profesional y docente, trato de presentar el problema de una manera objetiva y rigurosa, con datos científicos contrastados, que ya de por sí son realmente abrumadores y preocupantes.

El interés de la gran mayoría de los asistentes se ve de repente incrementado cuando hablamos de algo que nos toca muy de cerca: la alimentación. ¡Es que eso de ser plastívoros no gusta a nadie!

La frase no es mía, sino que surgió a partir de un estudio llevado a cabo hace algunos años por la Universidad de Newcastle en Australia, en la que se realizaron estimaciones de la ingesta de plástico por parte del ser humano, considerando el contenido en microplásticos encontrados en multitud de bebidas y alimentos. En ese momento, se hablaba sobre todo de la ingesta de aguas, de marisco, de azúcar, miel, sal e incluso de la tan venerada cerveza. Sin embargo, hoy en día son cada vez más los estudios que están poniendo de manifiesto que son muchos más los alimentos en los que aparecen, pero, como son plásticos extremadamente pequeños, invisibles al ojo humano, no somos conscientes de ello.

Las pruebas

Además de esto, hace algunos años, un estudio mostró por primera vez que las heces humanas contienen microplásticos. Quizás pensamos, a pesar de lo impactante de la noticia, que no habría nada que superara esto. Al fin y al cabo, hablábamos una vez más de “comer plástico”. Sin embargo, el pasado mes de enero, un trabajo llevado a cabo por varios hospitales y universidades italianas mostró por primera vez que los microplásticos han conseguido llegar también a la placenta humana. Sí, sí, no es una errata… ¡placenta humana!

Los microplásticos no solo están en todas las aguas del planeta, en los suelos, en el propio aire, en los alimentos… sino que incluso nos acompañan desde antes de nacer y, aunque todavía es necesario estudiar en profundidad qué efectos puede tener esto en nuestra salud y cómo han llegado hasta la placenta (e igual también a otras partes de nuestro organismo que desconocemos), la realidad es que esas diminutas partículas plásticas no deberían estar ahí.

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