desalojo en arona

Un desahucio de 90 familias pobres que evidencia la paradoja social de la Isla

La alcaldesa de Arona intentó evitar, sin éxito, el desalojo de 210 personas
Daniela, su marido, su hijo recién nacido y algunos de sus vecinos, ayer, en los aledaños del edificio Chasna 8, junto a sus pertenencias. | D. C.

Un total de 210 vulnerables, integrantes de unas 90 familias, entre las que se encuentran niños, embarazadas, mayores, enfermos, refugiados ucranianos y ciudadanos de otras nacionalidades, se quedaron en la mañana de ayer en la calle, después de que, finalmente, se produjera el desahucio del edificio conocido como Chasna 8, en Costa del Silencio (Arona), ordenado por el Juzgado de Primera Instancia N.º 3, como consecuencia de “los problemas estructurales de la construcción, que tiene riesgo de derrumbe”, según confirmó a DIARIO DE AVISOS, hace días, la concejala de Servicios Sociales del Ayuntamiento aronero, Ruth Martín.

Desde antes de las ocho de la mañana de ayer, las calles que llevan a uno de los enclaves más paradisíacos e idílicos de Tenerife se llenaron de coches de las fuerzas de seguridad, que se adelantaron a la hora pautada, las nueve y media, para confirmar a los vecinos que ocupaban el inmueble que tendrían que abandonarlo, a pesar del empeño de la alcaldesa, Fátima Lemes, quien confirmó ayer a este periódico que, “el pasado lunes, los afectados nos pidieron tiempo para poder sacar sus pertenencias. Por ello, solicitamos al Juzgado ese aplazamiento, pero no se ha podido dar”.

En los aledaños del edificio, se podían ver los corros de personas junto a sus colchones, muebles, maletas e, incluso, alguna bombona. Algunos en sillas de ruedas y otros, con los carritos de sus bebés. La tensión en el ambiente era palpable, incluso en algún momento se llegó a escuchar llantos y gritos desesperados a los agentes de la Guardia Civil, que entraron en el inmueble para comprobar que estaba vacío. También se veían otras familias que esperaban resignadas junto a sus enseres, sentadas en sillas y bajo algunas sombrillas para refugiarse del sol mañanero, como fue el caso de la compuesta por Daniela, de 22 años, su marido, su hijo de 40 días y su perro. “No nos han ofrecido ayuda. Teníamos la esperanza de que se arreglara esta situación, pero nos han recalcado que no hay alternativas. No tenemos a dónde ir”, lamentaban a este periódico.

Otros casos, como el del adejero Joaquín, su mujer e hija pequeña, prueban que, incluso con trabajo, es inviable comprar o alquilar una casa en el sur de Tenerife: “No nos dan la opción de acceder a una vivienda”. Por suerte, esta familia no se quedará en la calle gracias a la ayuda familiar. Sin embargo, hoy muchos de los afectados ya habrán superado su primera noche al raso.

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