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La larga espera en el espacio

Los dos astronautas de la NASA encargados de realizar el primer vuelo tripulado de la nave Starliner siguen en la Estación Espacial Internacional tras el fallo del vehículo y sin la certeza de cuándo ni cómo van a volver a la Tierra
La Starliner durante el tramo final de su aproximación a la Estación Espacial Internacional el 6 de junio. NASA

Dos de los astronautas más veteranos de la NASA, Barry ‘Butch’ Wilmore, de 61 años, y Sunita Williams, de 58, despegaron a bordo de la nave Starliner, del fabricante Boeing, el miércoles 5 de junio a las 14.52 horas (UTC) desde Cabo Cañaveral, en Florida. El objetivo de la misión no era otro que obtener la certificación de la nave para vuelos tripulados a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés).

Tras haberse visto obligados a cancelar en dos ocasiones anteriores el lanzamiento por diferentes problemas, tanto la NASA como Boeing pudieron cantar finalmente el aleluya y afirmar con alivio aquello de que a la tercera va la vencida. Pero, lamentablemente, la alegría no habría de durarles mucho, ya que desde que la nave alcanzó el espacio comenzó a tener dificultades.

Poco después del lanzamiento, con la Starliner ya en órbita, se detectaban dos fugas de helio que afectaban a la presurización del sistema de propulsores de direccionamiento, imprescindibles para el control de la nave y para la maniobra de acoplamiento. Una tercera fuga sería detectada posteriormente, una vez atracada en la ISS.

Sunita Williams y Barry Wilmore a bordo de la nave de Boeing. NASA

Boeing afirmaba entonces que la pérdida de helio no suponía un riesgo y que la situación se encontraba dentro de los parámetros de seguridad para la operatividad normal de la nave. Sin embargo, hasta cinco propulsores del sistema de  direccionamiento tuvieron fallos y la maniobra de acoplamiento no pudo llevarse a cabo en el primer intento. 

Casi 28 horas después del lanzamiento, la Starliner lograba atracar al fin en el puerto frontal de la ISS, en su segundo intento, a pesar de los inconvenientes.

Su vuelta a la Tierra estaba prevista para el 14 de junio, pero el problema obligó a la NASA a postergar el regreso de la nave ante la justificada incertidumbre acerca de su correcto funcionamiento y su seguridad. 

Han pasado más de dos meses y Wilmore y Williams permanecen en la ISS como huéspedes imprevistos.  El riesgo para la integridad de los astronautas resulta más que evidente en caso de utilizar la Starliner para su regreso y nadie, ni en Boeing ni en la NASA, desea cargar sobre sus espaldas con las posibles consecuencias de una decisión equivocada, por lo que el anuncio de una resolución al respecto se ha ido retrasando cada vez más.

Así, la agencia comunicaba el miércoles en rueda de prensa, sin la presencia de personal de Boeing en la sala, un nuevo aplazamiento sobre la toma de una decisión, señalando en el calendario el próximo día 26 como fecha para un posible anuncio.

EL PASADO

En 2010 la NASA seleccionó a dos empresas para el desarrollo de sendas naves con las que impulsar los vuelos comerciales a la ISS. Las elegidas fueron Boeing, con un contrato de 4.200 millones de dólares, y Space X, con 2.600. La segunda ya contaba con una nave de carga operativa que abastecía a la ISS con regularidad y que serviría de punto de partida para el desarrollo de una versión tripulada, mientras que Boeing debía empezar su nave desde cero. 

A día de hoy, la versión tripulada de la nave de Space X, denominada Crew Dragon, ha demostrado su fiabilidad, con 13 misiones a sus espaldas, nueve para la NASA y cuatro privadas, transportando a un total de 50 astronautas.  Por su parte, la Starliner de Boeing acumulaba años de retrasos, problemas y sobrecostes, con pérdidas que superan los 2.000 millones de dólares, hasta que en junio pudo realizar su primer vuelo de prueba tripulado, con el resultado, lamentablemente, que acabamos de describir.

EL FUTURO 

La solución más probable actualmente para traer de vuelta a los astronautas pasa por hacerles un hueco en la nave de la misión Crew-9, cuyo lanzamiento se ha aplazado hasta el 24 de septiembre ante esta emergencia. En un principio, esta misión, programada inicialmente para el 18 de agosto, estaba planificada para transportar a cuatro astronautas a la ISS para una rotación de su tripulación, pero la idea que se baraja ahora es que solo vuelen dos, de manera que los otros dos asientos queden libres para Wilmore y Williams. En cualquier caso, el regreso de la Crew-9 a la Tierra no sería hasta febrero de 2025, por lo que parece que nada va a impedir que ambos pasen en la ISS al menos ocho meses, en lugar de los ocho días previstos en su misión de certificación.

Para Boeing, después de los retrasos, problemas de diseño y fallos operativos, además de los sobrecostes y las pérdidas multimillonarias que acumula su nave, solo una cosa parece clara: el futuro de la Starliner pinta peor que nunca.

Los problemas de gestión e ingeniería han puesto al gigante aeroespacial contra las cuerdas hasta el punto de encontrarse en la que probablemente sea la peor situación que podrían haber llegado a imaginar, la de ver cómo su tripulación es rescatada por una nave de Space X.

El golpe que tendrá que encajar Boeing si finalmente una Crew Dragon de su rival y competidor es la encargada de rescatar a los astronautas será, con toda probabilidad, devastador para la compañía…