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“Habrá que seguir intentándolo, quizás la próxima vez pueda ser astronauta”

Ana Díaz Artiles, Ingeniera aeroespacial que trabaja en varios proyectos con la NASA

Desde pequeña, la mirada de Ana siempre apuntaba al cielo, soñando con alcanzar las estrellas. Esa inquietud la llevó desde las aulas de la Universidad Politécnica de Madrid, donde se graduó en Ingeniería Aeronáutica, hasta las salas de Arianespace en la Guayana Francesa, donde participó en más de 30 lanzamientos. Sin embargo, su pasión la empujó aún más lejos, dejó todo y se fue a Estados Unidos para doctorarse en aeronáutica y astronáutica en el MIT, lo que le ha permitido trabajar vinculada a los proyectos de trajes espaciales para la NASA y ahora a liderar el Laboratorio de Bioastronáutica y Rendimiento Humano de la Texas A&M University.

La investigadora grancanaria además del desarrollo del traje SmartSuit, diseñado con robótica blanda y tecnología autorreparable, creado para mejorar la movilidad de los astronautas en misiones a la Luna o Marte, trabaja en las repercusiones para la salud humana de los viajes espaciales y la permanencia en nula gravedad. Ha volado en gravedad cero y acarició ser seleccionada como astronauta por la Agencia Espacial Europea (ESA). “Habrá que seguir intentándolo, quizás pueda ser la próxima vez. Hay que tener perseverancia”, señala el día en que la Fundación DIARIO DE AVISOS le entrega el Premio Taburiente 2024 como reconocimiento a su trayectoria profesional y talento investigador. Se siente una privilegiada y por eso tutela a varios estudiantes españoles con ganas de avanzar.

-¿Por qué escogió los estudios de Ingeniería Aeroespacial y todos los caminos posteriores?
“Elegí la carrera de Ingeniería Aeroespacial porque de pequeña estaba enganchada a una serie en la tele que se llamaba De la Tierra a la Luna, que relataba cómo el humano llegó a la Luna con el programa Apolo. Ahí fue cuando dije: yo quiero formar parte de ese mundillo, y en aquella época quería ser directora de vuelo de la NASA, y no lo he conseguido porque las cosas cambiaron un poco durante el camino, pero estoy muy contenta donde estoy. Eso me hizo estudiar Ingeniería Aeronáutica y del Espacio en la Politécnica de Madrid y, de ahí, pues como siempre he tenido ganas de conocer el mundo y de viajar, logré un Erasmus en Francia que me abrió muchísimas puertas y, sobre todo, me abrió la mente. Me di cuenta de que habían muchísimas oportunidades fuera y que no hay límite. Una cosa me llevó a la otra y tras acabar la carrera tuve la suerte de encontrar trabajo en Arianespace. ¿Quién no quiere trabajar tirando cohetes al espacio? Así que me fui cuatro años a Guayana Francesa”.

-Fue su primer gran éxito personal, formar parte del proyecto Ariane 5 y participar en 30 lanzamientos ¿Qué recuerda de esa época?
“Me acuerdo perfectamente del primer lanzamiento. Pensaba: ¡qué suerte he tenido, este es el mejor trabajo!, y me preguntaba cómo había podido encontrar el trabajo de mis sueños así de primeras. Además creía que nunca me iba a ir de allí. Sin embargo, todos evolucionamos, los sueños van cambiando y siempre tenía en mente la parte de querer lanzar cohetes con personas dentro. Ahí fue cuando tomé la decisión de dejar mi trabajo de ensueño, para aceptar una beca Fulbright e irme a hacer un doctorado a Estados Unidos, así cambié dirigir el centro de control por un sótano sin ventanas y comenzar a trabajar desde cero”.

-Parece ilógico, había llegado casi a lo máximo de la industria aeroespacial europea, en puestos de responsabilidad, para irse de becaria al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) a estudiar un doctorado en aeronáutica y astronáutica. Sin embargo, le permitió trabajar vinculada a proyectos de la NASA.
“El doctorado es un camino muy largo, tienes momentos buenos y otros menos buenos o muy difíciles. Pero gracias a terminarlo en el MIT me abrió muchísimas puertas. Tuve la suerte de empezar a trabajar con la NASA en proyectos de trajes espaciales y el desarrollo del SmartSuit, y tras empezar como todo el mundo con mentores, luego ya logré mi propia financiación para hacer investigación propia. Así llegué a la Texas A&M University y tuve mi propio grupo de investigación, el Laboratorio de Bioastronáutica y Rendimiento Humano”.

-Menudo escaparate para participar en otros trabajos la colaboración del MIT y la NASA.
“Fue el primer proyecto que conseguí después de muchísimos intentos. Es así: enviar proyectos e ideas una y otra vez y lo raro es que te concedan algo. Este proyecto pequeñito fue el primero, pero era un programa de la NASA que buscaba ideas revolucionarias para viajar a Marte de aquí a 20 años. Sabían que trabajé en el MIT en proyectos de trajes aeroespaciales con cierta tecnología y la verdad es que me dio mucha visibilidad”.

-Los trajes espaciales son un armatoste, rígidos y difíciles de poner, y ahora se está investigando el desarrollo de una especie de esqueleto con robótica blanda para mejorar la movilidad de los astronautas. Así nació el SmartSuit. ¿Es una especie de Iron Man, con muchos sensores y autorreparable?
“Interesa que los exoesqueletos sean blanditos. Cuando uno piensa en un exoesqueleto pensamos a lo mejor en metal, pero hay varios conceptos en desarrollo con la idea de usar soft robotic, como se dice ahora. Estoy en colaboración también con empresas especializadas en esta área y vamos a intentar poner todas las ideas juntas en este traje espacial futuro. Que sea autorreparable, pues si el traje tiene un agujerito, puede suponer para el astronauta un riesgo para su salud, por problemas de descompresión, y obviamente puede acabar muy mal. Entonces, si la tecnología puede permitir aguantar un poquito más y todo lo que sea posible, para poder llegar a la nave con seguridad, o si ese daño es leve seguir realizando el trabajo, es el objetivo. No es lo mismo hacer un paseo espacial que tener la movilidad que permita trabajar en una superficie para recoger muestras, etc. De hecho, recientemente Axiom Space, empresa española que tiene un contrato para hacer los nuevos trajes lunares, desveló el nuevo diseño de traje espacial y se dice que tiene más movilidad en la parte inferior. Han colaborado con Prada para hacerlo”.

-Otra parte destacada en su investigación es estudiar la salud del astronauta en el espacio ¿Cómo se pueden paliar esos efectos negativos en la salud?
“Ayudar a controlar el sistema cardiovascular es de hecho una de las líneas de investigación más fuertes de las que me encargo y tengo varios proyectos. Estamos estudiando también los cambios en la visión, esos cambios en el nervio óptico y en la parte de la retina que no se sabe todavía muy bien por qué se producen, pero se piensa que es debido a no estar sujetos a la gravedad, pues se produce una redistribución de fluidos en el cuerpo que ascienden a la parte alta, mientras que cuando actúa la gravedad los fluidos están más abajo. Estamos todavía intentando entender cuáles son las consecuencias de los viajes y estancias espaciales. Recientemente a un astronauta se le detectó un trombo en una vena del cuello que es rarísimo que pase en la Tierra y eso ya son palabras mayores, algo muy serio que puede obviamente acabar fatal. Estamos mirando muchas contramedidas para poder, por ejemplo, buscar cómo crear algo de gravedad artificial”.

-Si esto ocurre en hombres y mujeres muy bien preparados para ser astronautas y que superan estrictos controles de salud cada mes ¿qué podría ocurrir en un viaje de turismo de estas empresas que se dedican a llevar millonarios al espacio?
“A mí me encantaría poder viajar al espacio y que fuese algo más asequible para todos, no solamente para la élite que pudiera costearlo. Si me preguntas por marcar unos mínimos físicos y de salud, pues eso es lo que todavía no tenemos claro y estamos trabajando. ¿Cuáles son los estándares que tenemos que poner para asegurarnos de que gente de mayor edad o físicamente más normal puedan realizar un viaje espacial seguro? Su salud no será igual que los astronautas de carrera. Es una discusión que está de actualidad y no sabemos muy bien cómo gestionar todas estas cosas”.

-Además de la salud física, su grupo de investigación estudia la salud mental de aquellos que soportan una gran presión y responsabilidad, tienen tareas repetitivas que realizar, habitan un lugar claustrofóbico y la misión puede durar mucho tiempo. ¿Cómo marchan los estudios?
“Estoy trabajando y desarrollando crear escenarios a través de la realidad virtual, pero no solamente con visión y con audio, también aplicamos otro tipo de estímulos como son los sensoriales y olfativos. Esa es la idea para combatir que el astronauta esté encerrado tanto tiempo en una lata de aluminio y no pueda salir fuera a tomar el aire (ríe). Se puede perder la percepción de la realidad, se ven afectadas las relaciones sociales entre las personas, etcétera. Recuerda que en un viaje a Marte necesitaríamos 20 minutos para pasar un mensaje de un lado a otro. Entonces tienes que buscarte las castañas en la propia nave o estación espacial, con el apoyo de tus compañeros o con tecnología que te permita, pues si no puedes salir a dar un paseo al bosque o en la playa, con realidad virtual se puede intentar reproducir todas esas sensaciones como si estuvieras en esos lugares”.

-Es un reflejo de que hay talento femenino y que hacen falta referencias que sean fuente de inspiración para que las adolescentes apuesten por las carreras STEAM.
“La verdad es que he tenido mucha suerte, desde la carrera de Ingeniería Aeronáutica siempre había muchas mujeres en todas las clases. En todo mi grupo de amigos las chicas tenían mejores notas. En Arianespace también había muchas chicas. Sin embargo, ahora en la Universidad de Texas veo menos chicas en las aulas cuando doy clases, así que todavía se ve disparidad. Espero que mi ejemplo ayude como referente a otras jóvenes. Yo noto en la universidad que las estudiantes se acercan más a mí que a otro compañero hombre”.

-¿Cómo se sintió al ser galardonada con prestigiosos premios como el Amelia Earhart Fellowship y el NIAC de la NASA?
“Me sentí muy contenta y también fue el reconocimiento al sacrificio, a mucha formación que va detrás, a muchos años de trabajo y que al final ves que sirve para algo y culmina con premios y con la aprobación de más proyectos de investigación. Ver que la gente confía en ti para otorgar dinero a la línea de investigación que propones. Es un orgullo poder trabajar en estos campos tan fascinantes que no todo el mundo tiene. Así que soy bastante consciente del privilegio que tengo”.

-De niña tenía el sueño de ser directora de vuelo. ¿Por qué esa tarea y no la de ser astronauta?
“El interés por ser astronauta me vino después, y me quedé cerquita. En la última convocatoria llegué a las últimas pruebas de astronauta en la Agencia Espacial Europea (ESA), los cinco últimos españoles, pero no lo conseguí (fueron elegidos Pablo Álvarez y Sara García). Al principio me llamaba más la idea de ayudar desde el centro de control, no necesariamente dirigir, pero cuando empecé ya a meterme un poco más en el mundillo, ya me entró el gusanillo y yo me iría al espacio encantada (ríe)”.

-Posiblemente, hubiera dejado EE.UU. ¿Volver a Europa es cada vez más complicado?
“Seguramente nos hubiéramos mudado. Tenía el apoyo de mi marido (también profesor en Texas), de mis hijas y de mi familia. Pero habrá que seguir intentándolo, quizás pueda ser la próxima vez. Hay que tener perseverancia. A mí me encantaría volver a Europa, pero es muy difícil. Las oportunidades que tenemos son muchas en Estados Unidos y de momento no se puede dar aquí. Siempre intentamos mantener un montón de vínculos con España, pero Estados Unidos nos cambió la vida. Ahora desde nuestros trabajos intentamos traernos estudiantes españoles y ayudarles”.

-Lidera un equipo de investigación. ¿Cuánta gente tiene a su cargo y qué estudian?
“Tengo como una docena de estudiantes, un postdoctorado, ocho estudiantes de grado, seis doctorados y otros que hacen másteres o son ayudantes. Es una maravilla y un privilegio el poder contribuir a la formación de las nuevas generaciones que vienen pisando fuerte. Nos dedicamos a estudiar la parte de fisiología, del sistema cardiovascular y del movimiento motor. Otra experiencia fascinante es realizar vuelos parabólicos para realizar experimentos con gravedad parcial o cero. Llevarme estudiantes y que tuvieran esa experiencia fue muy bonito”.