Cada año, con la llegada del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife recibimos, también, un buen número de bulos y noticias falsas y no contrastadas. Con el auge de las redes sociales estos bulos se han disparado, pero no son nuevos.
Desde la posible presencia de un asesino en la fiesta a la presunta ocultación del número de delitos realmente comentidos, el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife parece el escenario ideal para que muchos difundan bulos, al menos, sin razón aparente.

El Brujo está en el Carnaval de Santa Cruz
Dámaso Rodríguez Martín, conocido como “El Brujo“, fue un asesino y violador que aterrorizó Tenerife a principios de la década de 1990. Nacido en 1944 en una familia humilde de El Batán, inició su carrera delictiva a los 17 años con un robo. En 1981, asesinó a Bartolomé, un joven que estaba con su novia en El Moquinal, y luego violó a la mujer, quien sobrevivió milagrosamente. Por este crimen, fue condenado a 55 años de prisión.
En 1991, durante un permiso penitenciario de tres días, Dámaso escapó y asesinó a una pareja de turistas alemanes en El Moquinal: Karl, de 82 años, y Marta, de 87, a quien también violó. Estos hechos desataron una intensa búsqueda que mantuvo en vilo a la isla durante semanas. Se temía que, aprovechando el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, Dámaso se mezclara entre la multitud disfrazado para continuar sus crímenes, lo que generó una histeria colectiva. Es más, este bulo fue muy difundido desde varios medios de comunicación.
Finalmente, fue localizado en una casa de Tegueste, donde murió de un disparo autoinfligido en el rostro con su propia escopeta. Este caso es recordado como uno de los episodios más oscuros de la crónica negra de Canarias, especialmente por el temor que generó durante las celebraciones del Carnaval.

Más delitos de los que realmente se publican
Uno de los bulos recurrentes es el de afirmar que en el Carnaval de Santa Cruz se cometen más delitos, como agresiones o violaciones, de los que las autoridades hacen público. Los que abrazan esta teoría ponen énfasis en que este es un modo de que los turistas y visitantes sigan acudiendo a la Fiesta.
Este año, además, tras el terrible fallecimiento de un joven, se ha especulado con que existen menos efectivos policiales en las calles de la capital, algo que es falso tras comprobar los datos oficiales. José Manuel Bermúdez, alcalde de Santa Cruz, ha desvelado, entre otras cosas, que en comparación “al año pasado y el anterior” el número de “agresiones, caídas e intoxicaciones etílicas” se ha visto reducido.
Cada mañana, al cierre del dispositivo de emergencias, se emite un comunicado oficial con un balance de las incidencias ocurridas durante la noche. Además, a través de las cuentas municipales en Twitter del Centro de Coordinación Operativa de la Administración Municipal (Cecopal) @CECOPALSC, de la Policía Local capitalina @PoliciaLocalSC y del voluntariado de Protección Civil @ProteCivilSCTF, se han compartido actualizaciones sobre la evolución del operativo con la etiqueta #HospitalCarnavalSC. En lo relativo a agresiones sexuales, todas las denuncias también son puestas en conocimiento público gracias a los Puntos Violetas.

La sonrisa del payaso
Esta leyenda urbana -posteriormente convertida en bulo- se hizo viral durante el Carnaval de 2003, hasta tal punto que las autoridades llegaron a emitir un comunicado oficial desmintiendo dicha atrocidad. Según ha explicado José Gregorio González en este periódico, “se trata de una aberrante práctica ejecutada por bandas de jóvenes malhechores que acorralan a un sujeto o a una pareja, ofreciéndoles elegir entre “pinchazo o sonrisa”, mientras son amenazados con armas blancas”.
De esta forma, sin contemplaciones y con una violencia extrema, proceden a realizarle a la víctima dos profundos cortes en la comisura de los labios, propinándole posteriormente una paliza. En Madrid, por las mismas fechas, los ataques se atribuían a grupos neonazis y la elección era ser violada o que te rompieran los dientes contra un bordillo.
La realidad es que jamás han existido estos ataques organizados en Canarias, radicando el éxito del viral en el escenario verosímil en el que se desarrolla, el del Carnaval como espacio idóneo para todo tipo de excesos.

El ‘juego’ de la botella
El rumor de esta práctica en los Carnavales se esparció como la purpurina a principios de los años 2000. Se habló en los pasillos del instituto, y también entre amigos después de clase, donde realmente cobró fuerza. Los más espabilados aseguraban que fueron testigos de cómo un grupo de jóvenes lanzó una botella de cristal al aire en la Plaza Weyler, y luego le dieron una brutal paliza a quien le cayó encima. Días después, otros jóvenes vieron exactamente lo mismo, pero en la Avenida de Anaga. El boca a boca hizo que la leyenda -o fake- de ‘la botella’ llegara hasta el Parque de Santa Catalina, en Las Palmas de Gran Canaria.
Esta práctica nunca tuvo lugar en el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, al menos tal y como se planteó en aquella época. Es cierto que el bulo era bueno por su apariencia de real. Podía pasar: pequeños grupos de jóvenes conflictivos tiran al aire una botella y le dan una paliza al desafortunado, que además sufre el impacto, solo por el mero placer de agredir a alguien.

“Queda suspendido…”
Recurrente también es la presunta suspensión de actos del Carnaval de Santa Cruz, sobre todo, por cuestiones climatológicas. Incluso antes de comunicados oficiales de la Aemet, de teléfono en teléfono circula el rumor de la suspensión de celebraciones -sobre todo bailes-, que dejan desconsolados a carnavaleros y carnavaleras.
En esta edición, tras el homicidio del joven grancanario se llevó a cabo la suspensión del Coso, pero muchos aprovecharon la situación para indicar que quedaba suspendida toda la festividad, algo que, obviamente, no era real.

Agresores marroquíes
El fallecimiento del joven durante las fiestas de este año ha dado lugar a un nuevo bulo, esta vez con tintes xenófobos y ampliamente difundido por WhatsApp. Un audio, en el que un hombre afirmaba que los agresores —no el agresor— del joven eran de origen marroquí, se viralizó rápidamente.
Según la grabación, el narrador, presuntamente un empleado de una tienda en la zona del Carnaval, había recibido la información de manos de un forense del Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria. Aseguraba tener información de primera mano.
La realidad es que el amigo del fallecido, que también fue detenido, tiene apellidos de origen magrebí, pero nació en Gran Canaria. Se trató, nuevamente, de un bulo con intenciones claramente racistas.






