Por Pedro Gómez Barreto. En cada rincón de Tenerife o en cualquier municipio existen personas que por su aportación a lo largo de los años se han convertido en parte principal y destacada de las fiestas de Carnaval. Este es el caso del portuense José Jordán García, popularmente conocido por Pepe ‘el de Gundemaro’, por haber trabajado en dicho comercio durante siete años de su vida, y que viene a ser la esencia del Carnaval de la Ciudad Turística, y a pesar de los años, cumple 79 el próximo 21 de este mes, sigue siendo recordado y admirado por todos.
El bueno de Pepe, ser humano de gran calidad humana, afable, colaborador, serio es el clásico personaje que no hace falta pedirle nada porque está siempre dispuesto a colaborar, ya no solo con el Carnaval de su amada ciudad sino con las famosas Fiestas de Julio, colaborando con candidatas, grupos, diseñadores, etc. y además religioso y fiel creyente de la Virgen de los Dolores a la que profesa una admiración especial y que cada Semana Santa se le ve acompañándola en silencio.
Pepe es la esencia del Carnaval de Puerto de la Cruz y, como el nos cuenta, empezó a disfrazarme y a vivir el Carnaval “con 15 años y desde entonces no ha habido un año sin parar”. DIARIO DE AVISOS ha querido conocer sus vivencias y su opinión de las fiestas actuales.
Haciendo un poco de memoria, el bueno de Pepe nos relata emocionado: “Ha cambiado todo, antes se vivía el Carnaval casi todo el año y toda la gente del Puerto aunque sin dinero usaba su imaginación y se ponía un disfraz”. Recuerda que él siempre exigió en sus trabajos tanto en Gundemaro, como en Topham, donde estuvo 45 años, o finalmente en el Supermercado Central, donde se jubiló, que la semana de Carnaval la cogía de vacaciones y así fue siempre.
Tal es la importancia que Pepe ha dado al Carnaval portuense que en años la gente esperaba con ansia los días de fiesta para ver qué disfraz llevaría puesto Pepe y con qué nos sorprendería.
“Yo siempre me hice mis trajes”, relata al DIARIO. “Eso sí, compraba las telas que eran caras entonces, en tiendas como los Herreros o Gómez Naeza, y me hacía mis fantasías. Era muy laborioso porque era mucho trabajo. En mi caso particular -añade- yo lucía un disfraz siempre distinto cada día, y siempre con máscara llevaba la cara tapada, y así generaba la duda entre la gente: ¿Es Pepe o no?”.
Su rostro se ilumina al hablar de épocas pasadas: “Yo siempre con máscara íbamos al coso el lunes, que era extraordinario. Luego por los alemanes -la delegación del Carnaval de Düsseldorf- se cambió al sábado. Pero nunca faltaba el lunes el coso y por la noche al baile de disfraces al Parque San Francisco, donde siempre ganaba un premio”.
Destaca a sus costureras que siempre le ayudaron y de las que tres han fallecido. Recuerda una anécdota de un traje voluminoso que llevaba 50 metros de tul. Cuando entraba a los legendarios bailes del cine Olimpia, eran únicos”. De sus creaciones guarda cariño a todas pero él disfrutaba mucho “en el entierro de la Sardina, con las viudas. Esa era una noche especial. Pero también me queda el recuerdo de trajes que usé hace cincuenta años, siempre buscando la perfección porque soy perfeccionista. Yo usaba máscara pero llevaba pestañas postizas, joyas, collares, anillos, que hasta las joyerías me decían Pepe qué elegancia. Y las telas también vistosas”.
Pepe Jordan atesora tantas historias que podíamos escribir un libro. Especialmente simpática es esta: “Para hacerme los meriñaques usaba material de ferretería en tres partes y luego el forro de tela. Pero una vez me quedé con falta de material y utilicé tubos de luz fluorescente y quedó genial. Son cosas que están ahí pero que cuesta mucho elaborar”.
Explica que cada año se gastaba mucho dinero en sus trajes, “pero no es comparación al dineral que hoy se usa para las candidatas a Reina del Carnaval”. La entrevista nos lleva a otra curiosa anécdota relacionada con los zapatos de mujer: “No podía usar zapatos de mujer porque no había de la talla 43, y la suerte se unió conmigo porque conseguí en una zapatería de Mallorca que me suministraran tres pares de zapatos del 43 porque ellos hacían hasta la talla 45 de mujer, por el turismo extranjero”.
Pepe el de Gundemaro siempre participó a pie en la fiesta. Él disfrutaba mucho del Coso del Carnava: “Los aplausos de la gente al pasar es el mejor premio”, asegura. Preguntado por el Carnaval de hoy nos dice con cierta tristeza que “ya la gente no se disfraza,no tiene dinero”, pero nos deja un consejo que quizá sea necesario: insta a que se cambien las fechas y que el Carnaval del Puerto no coincida con el de Santa Cruz. “Todo el mundo se va a Santa Cruz y eso lo sufre nuestro Carnaval portuense. Creo que se debería estudiar esta posibilidad porque antaño el Coso era un lunes y estaba abarrotado de gente participando y viendo”.
Ahora que tocs tiempo de lluvia, Pepe recuerda que “un año de Coso en el Puerto era tanta el agua, aunque desfilaron murgas y comparsas de Santa Cruz, que yo, para que no se estropeara el traje y poder ir al concurso de disfraces por la noche, me recogí en el Hotel Valle Mar aguantando el meriñaque. Allí estuve más de dos horas. No me quiero acordar de tan fuerte palo de agua…”.
Recuerda a sus amigas Julita Ríos y María Teresa Yanes, que le ayudaban con bisutería traída desde Madrid. “Además usaba hasta joyas de calidad que la propietaria de Purriños me decía Pepe qué elegancia”, evoca.
José Jordán, a sus casi 79 años, recuerda con añoranza estas fechas de Carnaval y aún sigue disfrazándose sesenta años después de su primer disfraz. Ha recibido muchos premios y felicitaciones, aunque recuerda con mucho orgullo el homenaje que le hicieron en 2009 en el que participó la gran Bibi Andersen, “su gran amor”, que se disfrazó de sirena y disfrutó del Carnaval del Puerto ayudada por los diseñadores Marco Marrero y María, Díaz.
Pepe es esencia viva del Carnaval tradicional portuense.





