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Esta es la fecha del próximo apagón masivo, según la IA

Millones de personas en España quedaron sin luz ni comunicaciones durante horas, mientras el Gobierno investiga las causas del apagón y la inteligencia artificial advierte de posibles riesgos futuros
Apagón masivo
Apagón masivo. EP

La Península Ibérica vivió el pasado lunes un apagón masivo sin precedentes que dejó a millones de personas sin luz, telecomunicaciones ni acceso a internet durante varias horas, si bien no afectó al suministro eléctrico de Canarias de forma directa, al tratarse de un territorio aislado geográficamente. El suministro no se restableció hasta que Red Eléctrica logró recuperar el control de la red y normalizar los servicios.

En los transportes públicos, la situación fue especialmente complicada: trenes, metros y tranvías quedaron paralizados, dejando a numerosos pasajeros atrapados durante horas sin comunicaciones ni asistencia inmediata.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compareció en rueda de prensa para subrayar que no se descarta ninguna hipótesis sobre las causas del apagón, y aseguró que se exigirán responsabilidades una vez concluyan las investigaciones. Sin embargo, Red Eléctrica ya ha aclarado públicamente que el corte de suministro no se debió a un ciberataque, pese a los rumores iniciales.

La inteligencia artificial lanza una advertencia

En medio de la incertidumbre, surge una pregunta recurrente: ¿cuándo podría producirse el próximo gran apagón a nivel global? Según un análisis especulativo generado por inteligencia artificial, el próximo evento de este tipo podría tener lugar el viernes 25 de julio de 2025.

Este pronóstico se basa en modelos de riesgo que consideran datos históricos, vulnerabilidades detectadas en las redes y factores ambientales. Durante el verano en el hemisferio norte, los sistemas eléctricos enfrentan picos de demanda energética, riesgos elevados por olas de calor, incendios forestales y posibles tormentas solares, además de la creciente interconexión de las redes eléctricas globales, que aumenta el riesgo de fallos en cascada.

Aunque se trata solo de una hipótesis basada en patrones conocidos, el escenario ha encendido las alarmas entre quienes observan con atención la fragilidad de las infraestructuras energéticas en un contexto climático y tecnológico cada vez más complejo.

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