Vecinos de Parque La Reina, en el municipio de Arona, denuncian la “inseguridad” que sufren los usuarios de las dos paradas de guagua en la urbanización. “Ya atropellaron una vez a una chica y no ha pasado nada más de puro milagro, porque por la noche nos jugamos la vida”, manifestó ayer a este periódico Mariana, una de las vecinas afectadas, quien explicó que los pasajeros bajan de la guagua que cubre la línea 483 “temblando” y con la luz del móvil encendida para cruzar la carretera TF-655, que enlaza Las Chafiras con Guaza.
Según indicó, al problema de la falta de luz se une una loma “muy peligrosa” que no permite ver un tramo de la carretera, por el que circulan los coches “lanzados, a toda velocidad”. Recuerda que los vecinos llevan reclamando “desde hace años” iluminación en la vía y una parada en condiciones “con alguna sombra para protegernos del sol”.
JUNTO A LA AUTOPISTA
Los vecinos también reclaman una solución para la parada situada al borde de la autopista del Sur (en sentido Los Cristianos), ya que -aseguran- se juegan el físico para acceder a ella e incluso en la propia marquesina. “Hace unos días estaba sentaba y sentí un impacto en el pecho; fue una piedrita que se ve que la pisó un coche y salió disparada; menos mal que no me dio en un ojo”, comenta Mariana.
Los residentes reclaman que algunas guaguas entren a Parque La Reina hasta la rotonda, carguen o dejen allí el pasaje y continúen su recorrido hacia el Sur: “Es entrar un fisquito nada más, perderían dos minutos; llevamos años pidiéndolo, pero nadie nos hace caso”.
Insisten en que llevan “toda la vida” subiendo hasta la TF-1, pasando debajo de un puente, sin un acceso peatonal, ni semáforo, ni siquiera una rampa para personas con discapacidad, y “rezando para que en ese momento no aparezca un coche o una moto, porque tienes que cruzar por donde salen los vehículos a la autopista en dirección a Los Cristianos”.
Los vecinos advierten de que las personas mayores sufren especialmente, porque además tienen que ascender por una pendiente y ahora, con el calor, resulta más duro. “Lo pasan mal y los ves sufrir; yo misma hace unos días acompañé a una señora de 76 años que está en rehabilitación y casi arrastraba los pies”, explica Mariana, que suspira, como el resto de vecinos, por una parada próxima a la rotonda de la urbanización. “Es desviarse un fisquito”, insiste.





