El cardiólogo José Abellán, especialista en el Hospital General Universitario Santa Lucía de Murcia, lo tiene claro: dejar de consumir azúcar y alimentos ultraprocesados no solo transforma la figura, también mejora de forma profunda y rápida la salud general, tal y como recoge hoy cuidateplus.
Según explica, basta con 24 horas sin estos productos para notar una bajada en la presión arterial. Pero los efectos positivos no se detienen ahí: a los dos días se regula el azúcar en sangre, en menos de una semana se reducen la hinchazón y las digestiones pesadas, y en tres semanas disminuye el colesterol LDL.
Con el paso del tiempo, los beneficios se multiplican. En solo cinco semanas mejora la hemoglobina glicosilada —clave para prevenir la diabetes— y en seis semanas se percibe más claridad mental, mejor ánimo y menor ansiedad. A los seis meses, los análisis reflejan un mejor estado metabólico y en un año el riesgo de infarto o ictus puede reducirse hasta un 30 %.
La clave está en eliminar dos grupos de productos que, aunque omnipresentes en supermercados y despensas, no aportan valor nutricional alguno: el azúcar y los ultraprocesados. El problema es que estos alimentos están formulados para resultar irresistibles, pero su consumo habitual está ligado a enfermedades crónicas y un deterioro progresivo del bienestar físico y mental. Identificarlos no siempre es sencillo.
La mayoría de los ultraprocesados contienen más de cinco ingredientes, entre ellos harinas refinadas, aceites vegetales industriales, sal en exceso, aditivos y, por supuesto, azúcares añadidos. Se presentan en forma de bollería, bebidas azucaradas, cereales refinados, yogures dulces, comidas precocinadas, snacks, pizzas industriales o incluso productos de “dieta” que se venden como saludables.
Detectar el azúcar oculto también requiere algo de entrenamiento. Más allá del término “azúcar”, puede aparecer camuflado bajo decenas de nombres diferentes en las etiquetas: glucosa, sacarosa, maltosa, sirope de maíz, miel, melaza, fructosa líquida, dextrina, entre otros.
La recomendación del cardiólogo es clara: revisar con atención la información nutricional y apostar por productos frescos y mínimamente procesados. Comer sano no es una cuestión estética, sino una inversión directa en salud.






