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El sorprendente castillo en Tenerife con teleférico y entre plataneras

Se trata de una construcción sorprendente que no fue nunca fortaleza ni defensiva
El misterioso castillo en Tenerife con teleférico y entre plataneras

Colgado en los acantilados de la desembocadura del Barranco de Guayonje, se alza el singular Castillete de Guayonje, también conocido como el Castillo de Óscar Domínguez, una construcción sorprendente que no fue nunca fortaleza ni defensiva.

El poeta surrealista Óscar Domínguez, hijo del propietario, pasó muchos veranos en este emplazamiento, pintando entre las terrazas de plataneras y el cielo marino. Su vida en París quedó influenciada por aquellos inicios en Guayonje; hoy su nombre está íntimamente ligado a la misteriosa villa.

Origen y función del castillo

Esta villa señorial fue erigida a inicios del siglo XX por Antonio Domínguez de Mesa, un terrateniente tacorontero, como finca de recreo vinculada a sus extensas plantaciones de plátanos en Guayonje, en Tacoronte. El edificio cae del clima defensivo medieval, aun así luce torres almenadas y arcos apuntados, recuperando lenguaje gótico en un entorno agrícola.

El detalle más curioso: ¡un teleférico para plátanos!

La particularidad más llamativa es que disponía de un teleférico montacargas, instalado para transportar plátanos desde las plantaciones hasta la torre residencial. Esa cápsula de acero y cuerda convertía ese espacio rural en una especie de estación frutícola elevada.

Estado actual y desafíos patrimoniales

El inmueble sufrió progresivo deterioro con el paso del tiempo. Desde 2006, el Ayuntamiento de Tacoronte es propietario y planea una rehabilitación con fines culturales, aunque la declaración como Bien de Interés Cultural aún está pendiente. Un controvertido proyecto de puerto deportivo, el Parque Marítimo Guayonje, prometió restaurarlo como gancho local; finalmente la movilización ciudadana lo frenó, subrayando el valor emocional del castillo.

Para visualizar este inmueble solo hay que acercarse a Mesa del Mar. No obstante, después de aparcar es necesario cruzar el túnel que conduce a la playa de La Arena y seguir el paseo marítimo. Al final, después de pasar el antiguo camping, se podrá apreciar el castillete situado en el acantilado.

El castillo de Óscar Domínguez

Óscar Domínguez se incorpora al grupo surrealista de París en 1934. Sin embargo, mucho antes, ya desde sus primeras composiciones, asistimos a un planteamiento surrealista, incontrolado e imaginativo en que el elemento insular y el paisaje de los escenarios de su infancia están presentes de forma constante, acaso seducido por las formas caprichosas y sobreabundantes que adopta la Naturaleza de Canarias, y que de por sí son acontecimientos surrealizantes en estado puro.

Así, las playas de arena negra, los dragos milenarios, la lluvia horizontal o los mares de nubes trazan las señas de un paisaje soñado, evocado y metamorfoseado que aflora en su obra por doquier y adquiere categoría de símbolo. Es esa la condición mágica que atribuían André Breton y Benjamin Péret a las geografías atlánticas de las que era originario Óscar Domínguez. Su pintura, imbuida de esas imágenes, le otorgan la merecida fama de surrealista espontáneo.