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Del tomate al turismo: cómo el hotel Médano trazó en 1963 el modelo económico actual del Sur

Este edificio se construyó sobre los restos de una antigua empaquetadora de tomates, en el contexto del Plan de Desarrollo de 1962, impulsado por Manuel Fraga Iribarne
Hotel Médano
El hotel Médano, en el momento en que estaba siendo construido. DA

En el año 1963, mientras el Sur tinerfeño seguía anclado en el modelo agrícola, sin autopistas y sin aeropuerto (el de Los Rodeos quedaba a más de cinco horas en coche desde algunas zonas), un edificio cambió el paisaje de El Médano para dar el primer paso hacia una transformación económica irreversible. La semilla del turismo la sembró este hotel homónimo, una infraestructura pionera en la comarca que marcaba un antes y un después: el paso de los tomates al turismo.

El promotor de esta revolución fue Francisco García Feo, conocido como Frasco. Propietario agrícola, gestor de empaquetadoras de tomates para Fyffes, vio antes que nadie el potencial del turismo como motor económico. Su audacia consistió en construir el primer hotel de la comarca en un pueblo pesquero que apenas contaba con un centenar de casas.

El edificio se levantó sobre una antigua empaquetadora que miraba de frente a la Montaña Roja. Fue diseñado por el estudio Marrero, con planos de Félix Sanz Marrero y descendientes del influyente arquitecto José Enrique Marrero Regalado, natural también de Granadilla. El proyecto planteaba un Hotel Balneario de Turismo, con la ambición de ser declarado de interés turístico nacional. Respondía a la normativa de la Dirección General de Turismo de Madrid y contaba con 65 habitaciones en un solar de apenas 1.100 metros cuadrados.

El 8 de octubre de 1963, el Sur se vistió de gala. A la inauguración asistieron personalidades como Alfredo Carrillo Durán, el vicepresidente del Cabildo, Pedro Cruz García, autoridades civiles, militares y religiosas, y figuras como el presidente del Cabildo de Tenerife, Isidoro Luz Carpenter, y Cándido García San Juan -quien más tarde impulsaría el hotel Gran Tinerfe.

Hotel Médano
La costa de El Médano, el hotel y, al fondo, la Montaña Roja. DA

Todo ello en el contexto de la aceleración económica impulsada a escala nacional por el Plan de Desarrollo de 1962, promovido por Manuel Fraga Iribarne al frente del Ministerio de Información y Turismo.

Lo que siguió fue una aceleración del desarrollo sin precedentes en la Isla y, en concreto, en la comarca sureña. En 1969, se urbanizó la plaza de El Médano, en 1971 llegó la autopista, una infraestructura que cambiaría la movilidad insular, en 1973 se completó la urbanización del casco y en 1978 se inauguró el aeropuerto del Sur.

La visión pionera que tuvo don Frasco se alineó con los profundos cambios estructurales que comenzaban a gestarse en el país, en un momento en que España proyectaba transformaciones integrales tras la erosiva y destructiva posguerra.

Como recuerda Carlos Amaral, vecino de El Médano y expresidente de las fiestas locales, “en aquella época este pueblo tenía poco más de cuatro casas”.

Los primeros turistas en llegar fueron suecos atraídos por el sol y la tranquilidad, apunta. Muchos vecinos del lugar comenzaron a invertir en bares y restaurantes para atender a las familias que llegaban a disfrutar de las Islas. Así, poco a poco, el turismo comenzaba a echar raíces.

Hotel Médano
Un camello y su dueño; a lo lejos, el hotel Médano ya edificado. DA

Amaral recuerda con nitidez cómo era el pueblo antes. El contraste es radical. “Ahí justo estaba el único teléfono, el de Claudina”, recuerda.. Lo que hoy es la plaza, “estaba poblado por jaulagas” y, cuando subía la marea, “llegaba hasta la parada de taxi actual”. Sus palabras capturan un tiempo en el que El Médano era un rincón pesquero aislado.

Aun con todo, el hotel Médano no ha navegado aguas tranquilas. En 2005, la Dirección General de Costas declaró caducada su concesión por múltiples irregularidades constructivas: exceso de edificación, añadidos no autorizados, usos ilegales… En 2010, se ordenó su derribo. Para 2015, el Tribunal Supremo ratificó esa decisión. El Ayuntamiento de Granadilla defendió su valor patrimonial, aprobando su inclusión en el Catálogo Arquitectónico Municipal con protección integral. No obstante, no se logró su declaración como Bien de Interés Cultural, tras rechazarse por no reunir un valor “excepcional”.

Aun así, en 2022 el consistorio firmó un convenio para darle uso cultural y turístico, mientras continúan los litigios para evitar su demolición parcial.

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