Pilar Carballo, ganadera al frente de la Finca Ecológica La Jara, en los altos de Arafo (Tenerife), ha denunciado este jueves un nuevo ataque a su rebaño por parte de seis perros de caza que, según afirma, irrumpieron en su propiedad privada junto a sus dueños. En un vídeo publicado en Instagram, visiblemente afectada, relata que fue testigo directo de cómo los animales mataban a una de sus corderas.
“Ha vuelto a ocurrir. Seis perros han atacado a nuestro rebaño. Seis perros en nuestra finca privada. Seis perros de caza con sus dueños. Seis perros que sembraron nuevamente el horror entre las ovejas y he presenciado cómo, entre esos seis perros, mataban a una de mis corderas”, relata Pilar en la publicación. El ataque se produjo el jueves 24 de julio, y ha dejado a la ganadera en un profundo estado de tristeza y frustración: “Hoy me siento otra vez desamparada, sintiendo que a nadie le importa un carajo nada”.
La ganadera pregunta con impotencia: “¿Dónde están aquellos que deben defendernos?”, y advierte del riesgo que estos ataques suponen no solo para el ganado, sino también para las personas: “Si esto pasa con un niño, entonces ahí nos lamentaremos por no haber puesto un poco de nuestra parte para frenar esta barbarie”.
Un rebaño que no es solo suyo: “Era del pueblo”
El caso de Pilar Carballo no es aislado. El pasado 22 de mayo, su finca sufrió otro ataque que terminó con siete ovejas palmeras (una raza de la que quedan menos de 100 ejemplares en toda Canarias) y tres ovejas de pelo (menos de 3.000 censadas) muertas en el mismo terreno. Ambas razas se encuentran en grave peligro de extinción.
“La primera vez que vi una oveja llorar fue ese día. Jirafa, una de mis compañeras de rebaño, murió en mis brazos. Siempre me pegaba con la pata para que le diese millo”, contaba entonces Pilar, en uno de los testimonios más duros de aquel ataque.
Carballo gestiona una pequeña explotación agroganadera de conservación donde no solo hay ovejas, sino también gallinas camperas, colmenas, huertos de frutas y verduras y viñedos ecológicos. Su labor forma parte de un programa de recuperación del patrimonio genético canario. “Este rebaño no era mío. Era del pueblo. El Gobierno de Canarias me lo cedió con la misión de multiplicarlo”, explica.
Las ovejas palmeras, en concreto, fueron entregadas a la finca en septiembre por el Instituto Canario de Investigaciones Agrarias (ICIA) y una asociación especializada, con el fin de impulsar su recuperación. “Todas mis ovejas están amadrinadas por personas civiles. Es una comunidad la que cuida de ellas”, añade Pilar.
Llamamiento urgente: “¿Hay alguien ahí o estamos solos?”
La ganadera ha convertido sus redes sociales en un altavoz de denuncia y concienciación, insistiendo en que la protección de estas razas autóctonas no puede recaer solo en manos privadas. “Este trabajo lo debería estar haciendo la administración, no yo. Esto es parte de nuestra protección del medio. Pero la percepción que tenemos es que no nos importa lo nuestro. Y se está perdiendo”.
En su vídeo más reciente, finaliza con un llamamiento desesperado: “Estoy pastoreando en mi finca, y aun así no estoy a salvo. ¿Qué más tiene que pasar para que hagan algo? ¡Necesito que me escuchen! ¿Hay alguien ahí o, definitivamente, estamos solos?”.







