La Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias, a través de la Dirección General de Salud Pública, y ante la previsión de presencia de calima en varias islas para los próximos días, recomienda a la población tomar precauciones como evitar la exposición prolongada al aire exterior, mantener las ventanas cerradas y no realizar esfuerzos físicos al aire libre.
Sanidad recuerda que el polvo en suspensión contribuye a resecar las vías respiratorias y, en muchas ocasiones, se puede provocar un agravamiento de afecciones o síntomas relacionados con enfermedades respiratorias, tales como el asma, personas con enfermedad obstructiva crónica (EPOC) que hacen que aumenten las visitas a los servicios de urgencias y los ingresos hospitalarios en algunos casos.
La Dirección General de Salud Pública advierte de la afección negativa que pueden tener en la salud la unión de la calima con las altas temperaturas que se están registrando en Canarias estos días, por lo que se hace un llamamiento especial a extremar las precauciones y seguir las recomendaciones para evitar complicaciones en la salud.
La exposición a este contaminante puede producir molestias torácicas, tos, palpitaciones, fatiga o incremento a la susceptibilidad a infecciones respiratorias, al menos durante los cinco días posteriores al inicio del episodio.
Recomienda a las personas sensibles a este tipo de episodios -como niños, ancianos y personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares crónicas medidas como no salir a la calle y mantener cerradas puertas y ventanas de las casas, realizar la limpieza de las superficies con el polvo con paños húmedos y mantenerse en ambientes húmedos e hidratarse.
Asimismo, aconseja no realizar ejercicios físicos en el exterior y en caso de empeorar los síntomas respiratorios llamar al 1-1-2.
Los peligros de la calima
La calima, ese característico velo amarillento que tiñe los cielos canarios, no solo es arena o polvo en suspensión; es una mezcla peligrosa que incluye minerales como sílice, óxido, arcilla, yeso y calcita, y que, con frecuencia, arrastra también contaminantes industriales y metales pesados como hierro o mercurio, especialmente cuando pasa sobre zonas con menos regulación ambiental.
La calima es el resultado del transporte de partículas de polvo desde el desierto del Sáhara en las regiones de Marruecos y Argelia, impulsado por el viento. Esta acumulación de polvo en la atmósfera genera una disminución de la visibilidad y suele ir acompañada de un aumento en la temperatura.
Al inhalarla, estas partículas (PM10 y menores) pueden penetrar distintas zonas del sistema respiratorio. Las más grandes se detienen en la nariz o la garganta, provocando irritación, tos, picor de ojos y garganta; las más finas alcanzan los bronquios, alveolos e incluso el torrente sanguíneo, generando inflamación, reacciones cardiovasculares, broncoespasmos, crisis asmáticas, aumento de hospitalizaciones, e incluso se observa que hasta un 2 % más de personas fallecen por enfermedades cardíacas en los días posteriores a un episodio de polvo en suspensión.
Además, el polvo sahariano no solo transporta minerales: también puede llevar bacterias, virus y contaminantes químicos que empeoran aún más el impacto en la salud, especialmente de quienes ya sufren afecciones respiratorias o cardiovasculares.
En Canarias, donde la prevalencia de alergias, asma y EPOC es especialmente alta, estos episodios se traducen en picos de urgencias hospitalarias, problemas respiratorios y molestias generalizadas.







