La calima vuelve cada cierto tiempo a teñir los cielos de Canarias con un tono amarillento, pero más allá del paisaje, se trata de un fenómeno con efectos perjudiciales para la salud.
El polvo sahariano que llega arrastrado por los vientos desde el norte de África está compuesto por minerales como sílice, óxidos, arcilla, yeso y calcita, a lo que se suman contaminantes industriales y metales pesados como hierro o mercurio cuando atraviesa zonas con baja regulación ambiental.
Estas partículas en suspensión reducen la visibilidad y elevan la temperatura, pero el mayor peligro está en su impacto sobre el sistema respiratorio.
Las partículas más grandes se quedan en la nariz o la garganta, causando tos, picor o irritación ocular.
Las más finas, conocidas como PM10 o menores, son capaces de llegar hasta los bronquios, los alveolos e incluso pasar al torrente sanguíneo, provocando inflamación, crisis asmáticas, broncoespasmos y complicaciones cardiovasculares.
Estudios apuntan a que la mortalidad por enfermedades cardíacas puede aumentar hasta un 2% en los días posteriores a un episodio de calima.
El polvo sahariano también puede transportar virus, bacterias y compuestos químicos que agravan los síntomas, en especial en personas con asma, alergias o enfermedades respiratorias crónicas.
En Canarias, donde estas patologías son frecuentes, las urgencias hospitalarias suelen dispararse durante estos episodios.
Recomendaciones en episodios de calima en Canarias
- Permanece en casa y evita salir si perteneces a grupos vulnerables (niños, mayores, embarazadas o pacientes con asma y problemas cardíacos).
- Cierra puertas y ventanas para impedir la entrada del polvo.
- Si tienes que salir, usa mascarilla FFP2, capaz de filtrar gran parte de las partículas en suspensión.
- Hidrátate a menudo para evitar sequedad en garganta y mucosas.
- Protege los ojos con gafas y utiliza lágrimas artificiales en caso de irritación.
- Evita hacer ejercicio físico al aire libre o actividades de gran esfuerzo en exteriores.





