El 5 de noviembre de 1978 la parroquia de La Concepción en Los Realejos quedó completamente destrozada por un devastador incendio que se extendió rápidamente por el templo y destruyó obras de arte y de imaginería tradicional de alto valor de autores como Fernando Estévez, de la Escuela de Garachico, o de la Escuela Sevillana del siglo XVII. Sus daños se cuantificaron en unos 250 millones de pesetas, el equivalente a 1,5 millones de euros.
La ciudadanía actuó de manera rápida. Ese mismo día se formó una comisión de vecinos que reunidos, en la casa del que fuera después su presidente, el sacerdote José Siverio Pérez, elaboraron un dossier detallando los daños que un día después del terrible suceso entregaron a la entonces Reina Sofía, quien se encontraba en Tenerife para inaugurar el aeropuerto que lleva su nombre en el Sur de la Isla.
La monarca española ya conocía lo ocurrido a través de un telegrama cursado el día anterior a la Zarzuela por el Ayuntamiento, y prometió que haría todo lo posible por ayudar a restaurarla. Fue ella quien, según la prensa de la época, intercedió ante el gobierno de Adolfo Suárez para que concediera la partida económica y se pudieran iniciar los trabajos, que fueron costeados por el Ministerio de Obras Públicas.
La reconstrucción fue un proceso que duró 15 años hasta que finalmente, el 27 de junio de 1993 la parroquia volvió a abrir sus puertas al culto.
La mitad de este tiempo le llevó a David Pérez-Siverio González escribir La Parroquia Matriz de Realejo Bajo. Memoria y patrimonio devocional, un libro que permite conocer los entresijos que posibilitaron la restauración, y que será presentado hoy a las 20.30 horas en el propio templo.
Un testimonio de fe de 776 páginas que refleja los cinco siglos de historia de esta iglesia, que parte de un trabajo de investigación previo y a su vez se engloba en un proyecto de difusión patrimonial del propio autor que ha sido subvencionado por el Gobierno canario.
“Lo difícil y complicado y la razón por la que este libro se ha extendido en el tiempo es por el trabajo que supuso recopilar, ordenar y clasificar cronológicamente todo el material documental, repartido en las viviendas de los miembros de la junta, algunos de los cuales habían fallecido”, cuenta el historiador, galardonado con el ‘Premio de Investigación en Humanidades Viera y Clavijo 2024’.
A ello se suman 17.000 fotografías en papel, diapositivas, negativos, y distintos soportes que tuvo que escanear. Una especie de “arqueología documental”, como la denomina un amigo suyo, porque han servido como propios documentos, al no conservarse las obras de arte.
La idea inicial -que luego se extendió- animado por un grupo de amigos, era escribir e investigar sobre el incendio y la posterior reconstrucción de la iglesia. “Fue un procedimiento muy complicado, porque el contexto histórico no era el apropiado en esos momentos, en plena transición democrática, y sin embargo se consiguió, pese a que otras iglesias como San Agustín, en La Laguna, devorada por las llamas unos años antes, no corrió la misma suerte”.






