El comercio local da vida y personalidad a una ciudad, y forma parte de su historia y de la de sus vecinos y vecinas. Como la tienda Víctor Núñez, que lleva 160 años siendo parte de la biografía y la memoria de San Cristóbal de La Laguna, desde que este pequeño comercio familiar abriera sus puertas como sombrerería en 1865 en el centro histórico de la ciudad. Desde entonces, el negocio ha ido creciendo y evolucionando, incorporando calzado y complementos, tanto para hombre como para mujer, y en la actualidad Elena de Vera Núñez y Hugo Núñez Duarte forman la quinta generación familiar al frente del mismo.
Un logro bastante destacable, cuando lamentablemente hoy en día cada vez se asiste más al cierre de pequeñas tiendas por falta de relevo generacional. “Nosotros hemos vivido aquí siempre, desde pequeñitos. Cuando me preguntan, es que yo me he criado entre cajas aquí dentro. Entonces, lo tienes un poco en la sangre”, afirma Elena, quien recuerda junto con Hugo como jugaban de pequeños por todo el edificio, que es propiedad de la familia. Y destaca que también “es muy bonito ser parte de la ciudad, yo me siento muy orgullosa de estar aquí en el centro. Y creo que somos también un poco tejido de la ciudad”.
De los orígenes de la tienda, relatan que su tatarabuelo abrió el primer local en 1865 en la conocida antiguamente como plaza La Pila, hoy plaza de La Concepción, dedicado exclusivamente a la sombrerería, vendiendo tanto sombreros que traían de fuera como fabricados por ellos mismos. Sería en 1910 cuando la familia adquiriría el actual edificio en el que se ubica el negocio, en la calle Herradores (número 74), y donde permanece desde entonces. Por aquella época, su bisabuelo traería a una familia de Sevilla “y les dio casa y trabajo aquí para formar a otros trabajadores del taller” de sombreros que tenían, explica Elena.
Una de las anécdotas familiares que se recuerda de esa época era cuando su bisabuelo y abuelo traían en barco desde Ecuador los conocidos como sombreros Panamá, en grandes cajas que ocupaban toda la calle. “Y nuestros padres nos contaban que pedían permiso a los vecinos para ocupar las aceras y descargar, y ocupaban toda la calle de arriba a abajo. Era un trabajo ingente, con un montón de gente y los vecinos colaboraban”, relata Elena.

Sería posteriormente cuando “nuestro abuelo introdujo el zapato de hombre, después nuestros padres introdujeron zapato de mujer. Y nosotros hemos seguido continuando todo eso, añadiendo cosas y reinventando”, señala.
Y es que en esa reinvención está una de las claves para lograr sobrevivir 160 años. Además de “la constancia, la perseverancia y la ilusión también, porque a nosotros nos gusta lo que hacemos”, enfatiza Elena.
160 años dan para muchas anécdotas y para que hayan pasado muchos personajes ilustres por las puertas de la tienda. “Mi madre siempre recuerda cuando vino la Billo’s Caracas Boy, que era superfamosa y la calle era con tráfico todavía y mi madre cuenta que se paró un coche enorme, como un tipo limusina o algo así, y se acuerda de los chicos que iban con unos relojes de oro supergrandes y que les compraron sombreros”, rememora Elena.
Pero, además, la trastienda del negocio fue también punto de encuentro de importantes artistas canarios. “Porque nuestro abuelo, Víctor Núñez Izquierdo, era también pintor y él fue uno de los miembros cofundadores de Nuestro Arte, un grupo de vanguardia de Canarias -relata-. Y entonces aquí, en la trastienda, se reunían personalidades del arte canario de vanguardia, como Pedro González, Maud Westerdahl, Eduardo Westerdahl…” Una historia que Elena y su marido, que tiene una productora, han recogido en un documental titulado Manual de invisibilidad sobre su abuelo Víctor y su faceta como pintor.
Una nueva etapa
Hugo y Elena, como quinta generación al frente del negocio familiar, afrontan la nueva etapa de la tienda, con el objetivo de lograr la “fidelización del cliente, para que las nuevas generaciones vengan también aquí y se cree una cartera de contactos, de familias, amistades y demás que sigan confiando en el negocio y en lo que es el desarrollo local”, señala Hugo.
Y en esta fidelización, apuestan por mantener la calidad y la cercanía con el cliente, señas de identidad del negocio desde siempre. “Nosotros no vendemos por vender. No te intentamos colocar cualquier zapato, te tiene que quedar bien”, apunta Elena. Por ello, ofrecen un asesoramiento personalizado. “Damos consejos y asesoramos, porque también depende de la podología de cada uno. Y a lo mejor el cliente quiere ese zapato, pero por podología no puede y le recomendamos otro tipo que se adapte mejor. Y a veces nos han agradecido que gracias a ese asesoramiento han estado muy cómodos con ese producto y han vuelto porque confían en nosotros”, explica Hugo.
“Y si el cliente, por lo que sea, no encuentra aquí lo que necesita, nosotros solemos derivarlo a otras pequeñas empresas cercanas, igual que ellos nos derivan a nosotros. Y eso lo agradece el cliente”, apunta Elena.
Además, “intentamos adaptarnos a la clientela nueva sin dejar de lado las raíces de la empresa, que para nosotros son muy importantes”, señala Elena. Por ello, “hemos puesto aún más en valor, y queremos seguir impulsando, la sombrerería, porque además creemos que es un elemento diferenciador para nosotros”.
Según explican, los sombreros los traen principalmente de Sevilla y también trabajan con producto canario, contando con una amplia variedad e incluso rescatando modelos que hoy en día no se encuentran en el comercio, como el de Agüimes de tetilla. “Es un modelo de sombrero que se utilizaba para los campesinos de Gran Canaria. De ahí su nombre Agüimes. Y este en concreto es un modelo que tiene como una protuberancia en la copa y por eso se llama Agüimes de tetilla. Eso se había perdido o por lo menos no estaba a la venta, y entonces hemos hablado con la fábrica y lo hemos recuperado”, indica Elena.
Además, este año estrenan web, han cambiado el diseño gráfico de la tienda y siguen impulsando el negocio en las redes sociales, aunque de momento descartan el salto a la venta online. “Nosotros abogamos siempre por un tipo de comercio de cercanía, además de que la venta online ahora mismo nos supondría un esfuerzo” imposible de asumir, apunta Elena.
Futuro del pequeño comercio
Respecto al futuro del pequeño comercio, Elena lamenta que en el primer semestre de este año han visto a muchos cerrar en la zona. “Y lo del tema del relevo generacional, hablas con algunos compañeros de aquí cerca y les preguntas por los hijos y no tiene interés ninguno de continuar con el negocio”, apunta Hugo.
“Es que es muy difícil. Yo entiendo que mis hijos, por ejemplo, no se dediquen a esto porque es muy duro, no hay ayudas, hay muchísimos impuestos que pagar, los alquileres están imposibles, estás luchando permanentemente contra las grandes empresas y es como que todo se nos ha vuelto en contra”, añade Elena, quien aboga porque las administraciones lleven a cabo acciones “que ayuden al pequeño a sobrevivir”. “Puedo entender -continúa- que hay una ley de oferta y demanda y que tú no puedes minimizar el impacto de las franquicias aquí en el centro. Pero debería de haber más ayudas para los emprendedores, para los comercios de siempre o subvenciones y ayudas en formación”.
Porque si no, el riesgo es que el centro pierda sus pequeños negocios y sin ellos “se pierde historia, se pierde ciudad”. “Mi tío, el padre de Hugo, siempre lo decía, que una ciudad con las puertas del comercio cerradas es una ciudad muerta”, concluye.







