En El Fraile, núcleo aronero de más de 10.000 habitantes, el malestar vecinal se ha convertido en un sentimiento común. A los problemas de agua que han afectado al barrio durante los últimos meses, con cortes intermitentes, falta de presión y averías constantes, se suman deficiencias crónicas en la limpieza, la seguridad, las infraestructuras, el ocio y la movilidad, que los vecinos denuncian desde hace años sin una respuesta clara.
El restablecimiento del agua, tras meses de restricciones, supuso recientemente un alivio parcial. La instalación del primer tramo de la nueva tubería, unos 800 metros de los 2.200 previstos, permitió mejorar el caudal, pero también provocó roturas internas y fugas en varias calles. “En las zonas del final del pueblo, la gente vuelve a tener poca agua”, explica Sandra Tormo, secretaria de la Asociación de Vecinos Santa Isabel de Portugal.
‘No sabemos si saldrá agua’
El pasado fin de semana, el suministro volvió a fallar. “Es una incertidumbre constante: no sabemos si al tirar de la cisterna saldrá agua o no”, lamenta. La asociación convocó este pasado viernes la primera concentración semanal, que se mantendrá en el tiempo “hasta que el problema quede resuelto o se licite el segundo tramo de la red”.
Las deficiencias de este núcleo, son muchas y algunas de ellas, endémicas. El Centro de Salud de El Fraile fue uno de los ejemplos más visibles del deterioro de los servicios públicos. Durante más de dos años, esta infraestructura clave funcionó sin aire acondicionado, con temperaturas que superaban los 35 °C en plena ola de calor y todo ello sumado a los problemas con el agua que dificultaban el uso de los baños. Aunque finalmente se instaló un nuevo sistema de climatización, los vecinos insisten en que el episodio demuestra “la falta de previsión y de respuesta ante situaciones básicas”.
Desde el Ayuntamiento de Arona se recordó que el mantenimiento de los centros sanitarios corresponde al Servicio Canario de la Salud y no al Consistorio.
La sensación de inseguridad también crece. La escasez de agentes policiales y la falta de seguimiento en zonas conflictivas preocupan especialmente a los residentes. En la calle Fuerteventura, uno de los puntos con más incidencias, el expediente para instalar cámaras de seguridad “sigue paralizado”, pese a que en otros barrios del municipio, como Las Verónicas, el sistema ya funciona.
La limpieza es otro de los problemas endémicos. “Cuando hay fiestas, las calles quedan llenas de latas y residuos durante semanas”, denuncia la asociación. A ello se suma la reducción de contenedores: según los vecinos, en las últimas semanas se ha retirado una veintena, agravando la acumulación de basura. “Si ya teníamos pocos, ahora tenemos menos”, lamenta Tormo.

Educación y limpieza
El colectivo vecinal de limpieza, encabezado por Juan José Santana, recuerda que el 12 de abril se organizó una jornada de voluntariado con 70 personas que “limpiaron todo el núcleo”, pero recuerda: “Hay que mantenerlo”.
“Los vecinos nos podemos hacerlo todo; hace falta educación y carteles que fomenten la concienciación. Si el Ayuntamiento no los pone, los pondremos nosotros”, asegura.
Los jardines, el césped sin podar y los árboles abandonados son una estampa habitual. A esto se añade la situación de la playa de Los Enojados, el espacio costero más cercano al núcleo, que desde hace meses acumula basura, casetas improvisadas y materiales de obra. La falta de espacios de ocio infantil también genera preocupación.
Olvido juvenil
“Los lugares para niños están masificados. En la plaza de la iglesia quieren prohibirles jugar, y la cancha junto al estadio Villa Isabel ha sido privatizada”, explica Tormo. “Si quieren jugar al fútbol, tienen que pagar. No hay alternativas gratuitas”.
Tormo advierte de una tendencia preocupante en la forma de legislar y de hacer política: el olvido hacia la juventud. “Es una cuestión esencial en nuestra sociedad. Debemos ofrecerles espacios, talleres y bibliotecas; en definitiva, lugares donde puedan expresarse”, subraya.
Las aceras altas y estrechas dificultan el tránsito de personas mayores o con movilidad reducida. En los alrededores del colegio, con más de 800 alumnos, la entrada y salida se convierten cada día en un caos.
“No hay agentes que regulen el tráfico, se forman colapsos y hay riesgo de atropellos”, denuncia la asociación.
“Pedimos atención y respeto”
Los vecinos de El Fraile no solo reclaman soluciones técnicas, sino también consideración institucional. “Pagamos nuestros impuestos, pero los servicios son insuficientes. No pedimos privilegios, pedimos atención”, resume Tormo.
El sentimiento de abandono es compartido: “Cuando limpian otros núcleos, salen en las fotos. Nos sentimos invisibles”.
Lomo Negro: obras sin control, ruidos y ‘posible desvío de agua’
A pocos metros del núcleo principal, el asentamiento ilegal de Lomo Negro, levantado sin planificación urbanística, se ha convertido en un foco de tensión. “Se trabaja de lunes a domingo, a cualquier hora. Las obras ilegales y el ruido son constantes”, apuntan los vecinos.
Además, alertan de posibles cesiones irregulares de agua desde El Fraile hacia ese núcleo, lo que podría agravar la escasez. “Si captan agua de nuestras conducciones, eso nos afecta directamente”, subraya Tormo.
Los residentes temen que, cuando ambos núcleos terminen uniéndose físicamente, los servicios básicos se saturen aún más. “No tenemos capacidad ni espacios”, añaden.







