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La Fuga de San Diego: la tradición estudiantil canaria que comenzó por el examen de un profesor

En los años 80, cada 13 de noviembre, se hizo habitual que se lanzaran huevos a los estudiantes y guaguas escolares
La Fuga de San Diego: la tradición estudiantil canaria que comenzó por el examen de un profesor

La Fuga de San Diego , conocida simplemente como día de la fuga, es una de las costumbres más peculiares y longevas de Canarias. Aunque hoy se celebra cada 13 de noviembre, coincidiendo con la festividad de San Diego de Alcalá, en sus inicios tenía lugar un día antes.

La tradición, que no figura en ningún calendario oficial, consiste básicamente en que el alumnado no acuda a clase, o bien asista solo para marcharse poco después. A pesar de su carácter informal, sigue teniendo un notable seguimiento y ya supera el siglo de historia.

Así comenzó la Fuga de San Diego

El origen de la Fuga de San Diego se remonta a 1919, cuando el catedrático Diego Jiménez de Cisneros y Hervás llegó al entonces Instituto General y Técnico de Canarias, hoy IES Canarias Cabrera Pinto, en San Cristóbal de La Laguna.

El profesor, especialista en Agricultura, Industria y Química, acostumbraba a realizar un examen el día de su santo, el 13 de noviembre. En una ocasión, esta prueba impidió que el alumnado asistiera a la romería de San Diego, y como protesta colectiva los estudiantes decidieron no presentarse a clase. El gesto se repitió al año siguiente y acabó extendiéndose a todo el centro.

Tradicionalmente, quienes participaban en la Fuga de San Diego se dirigían a la Ermita de San Diego, situada entonces a las afueras de La Laguna. Allí se realizaba un curioso ritual: contar los botones de la estatua de Juan de Ayala y Zúñiga, fundador del convento. Según la creencia popular, acertar el número aseguraba aprobar los exámenes. Este gesto se llevaba a cabo originalmente el 12 de noviembre, víspera del santo.

El vínculo entre los estudiantes y los botones de la escultura tiene su explicación. En la primera fuga, los jóvenes llevaron a San Diego varias calabazas como símbolo de los suspensos que les esperaban por faltar al examen. Al mismo tiempo, se aferraron a la superstición de que contar los botones podría darles suerte académica.

Lanzamiento de huevos

Con el paso del tiempo, la Fuga de San Diego fue adoptando otras formas. En los años 80 se hizo habitual que algunos grupos lanzaran huevos a quienes asistían a clase o al transporte público, una práctica que hoy prácticamente ha desaparecido.

Actualmente, muchos jóvenes utilizan el día para descansar o reunirse, y desde varios centros educativos —incluido el Cabrera Pinto— se organizan actividades especiales. No es raro ver a grandes grupos de estudiantes caminando hacia la Ermita de San Diego, situada a poco más de un kilómetro del centro de La Laguna, para mantener viva la tradición.

Aunque nació en Tenerife, la Fuga de San Diego se ha extendido a colegios, institutos y universidades de todo el Archipiélago, convirtiéndose en una seña de identidad estudiantil en Canarias.