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En Canarias hay 26.000 mujeres que padecen endometriosis, una patología crónica minimizada

La Fundación Juana Reyes visibiliza los efectos físicos (dolor intenso, cansancio e infertilidad), su impacto emocional (ansiedad o depresión) y en la vida laboral y social
Una imagen de la presentación de la campaña de sensibilización sobre la endometriosis.
Una imagen de la presentación de la campaña de sensibilización sobre la endometriosis. Fran Pallero

La endometriosis afecta a casi dos de cada diez mujeres en edad fértil, pero es una enfermedad invisible y desconocida. La Fundación Juana Reyes lanzó una campaña para visibilizar, no solo los efectos físicos (como el dolor intenso, el cansancio o la infertilidad) sino también su impacto emocional (como la ansiedad o la depresión), recalcando la importancia del acompañamiento y la salud mental en enfermedades crónicas femeninas. Alerta sobre la falta de investigación y un diagnóstico puede tardar hasta 10 años.

Se estima que en torno a las 26.000 mujeres están afectadas en Canarias. No se trata de una enfermedad ginecológica exclusivamente, es una condición que impacta en la salud física, el bienestar emocional, la vida laboral, familiar y social de la mujer que la padece. Muchas han tenido que enfrentarse no solo al dolor físico, sino también a la incomprensión, el retraso en el diagnóstico y a la sensación de que su sufrimiento era minimizado o ignorado. Ninguna mujer debe sentirse sola, culpable o incomprendida.

El especialista José Luis Trujillo explicó que la endometriosis “consiste en la presencia de tejido endometrial fuera del útero”. El síntoma principal “es el dolor, que puede generar infertilidad y un impacto psicológico notable”. El presidente de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología abogó por que “la endometriosis tiene que ser verbalizada” y abordarse desde un enfoque multidisciplinar para lograr los mejores resultados. Reconoció que hasta hace bien poco “se consideraba una patología orgánica puramente”, y se trataba en función de cada caso. “Hay un primer escalón de tratamiento analgésico y hormonal y hay un segundo de tratamiento quirúrgico. Pero no había el escalón del apoyo psicológico personalizado”.

Mientras, la psicóloga perinatal Verónica Doval recordó que su curso puede provocar estrés, ansiedad, depresión y disfunción sexual. Ademas, la fatiga crónica desmotiva y lleva al aislamiento. “Muchas mujeres sufren aislamiento y falta de apoyo social porque sus síntomas no se ven”; escuchan: “Igual te lo estás inventando o no seas exagerada”, lo que provoca que “cada vez sea más retraída, evite situaciones sociales y tienda a encerrarse”, por tanto, es necesario “concienciar a la sociedad” y trabajar individualmente con la paciente “en la aceptación”.

Por su parte, la presidenta del Colegio de Psicología, Carmen Linares, abogó por “integrar la atención médica y psicológica desde una perspectiva psicosocial”. Lamentó que “es muy fácil ver la sintomatología de lo que es una enfermedad física, ponernos en su lugar y entender hasta su sufrimiento, pero sin embargo, cuando hablamos de la parte psicológica, es difícil que el otro entienda por lo que estamos pasando y cómo minimizar ese sufrimiento y hasta ser empáticos con la persona que sufre a nivel psicológico”.

Mientras, la presidenta de la Fundación Juana Reyes, Isabel Aguilar, recalcó que una de las razones de la falta de investigación es “porque se presenta el dolor menstrual como tabú, y hay otros factores socioculturales que ponen barreras a verbalizarlo. La mujer ha quedado invisibilizada. No te quejes o no vale la pena quejarse por eso, y eso hace que cueste verbalizarlo”.

La directora general de Programas Asistenciales del SCS, Antonia María Pérez, explicó que Canarias dispone de un protocolo para el manejo de la endometriosis, un documento que establece “una atención integral, multidisciplinar y centrada en la mujer”, elaborado por un equipo multidisciplinar de profesionales y que contó con las pacientes, así como una guía didáctica dirigida a mujeres con endometriosis y a sus familiares, quienes “también juegan un papel clave en el apoyo y mejora de su calidad de vida”.

Por su parte, el director general de Salud Mental, Fernando Gómez-Pamo, recalcó el “reconocimiento del impacto psicológico y emocional de la enfermedad. El dolor pélvico crónico, las limitaciones físicas o la incertidumbre del diagnóstico pueden generar ansiedad, alteraciones del sueño e incomprensión”. Subrayó la “intervención psicológica y acompañar a las mujeres” mediante apoyo terapéutico con terapia cognitivo-conductual, el mindfulness, la terapia sexual y la psicoeducación sobre el dolor crónico. “Cuando el cuerpo habla por el dolor físico, siendo invisible por el entorno familiar, social o laboral del que la sufre, se hace patente la necesidad de obtener el máximo apoyo y comprensión”. Hacerlo visible “tiene por objeto amortiguar la frustración, los sentimientos de culpa que impactan en la mujer y la planificación de su vida”, concluyó.

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