Il Bocconcino, el restaurante italiano del hotel Royal Hideaway Corales en Costa Adeje, rompe con la idea típica de cocina italiana que muchos tienen en mente. Al frente está el chef boloñés Niki Pavanelli, afincado en Tenerife desde hace años, quien ha construido una propuesta gastronómica propia, centrada en la elaboración artesanal y el respeto absoluto por el producto.
En su cocina no hay lugar para atajos: el pan se hornea a diario, las pastas se elaboran en casa y los embutidos se curan en el propio local. Ese nivel de detalle ha llevado al restaurante a acumular importantes reconocimientos en los últimos años, entre ellos una estrella Michelin, un Sol Repsol y su reciente entrada en la prestigiosa guía 50 Top Italy, que señala a los mejores restaurantes italianos del planeta.
Lejos de conformarse, Pavanelli ha convertido cada premio en un impulso para seguir creciendo sin renunciar a su filosofía: producto de cercanía siempre que sea posible, técnica precisa, cocina honesta y compromiso con la sostenibilidad.
Un restaurante italiano que viaja a través del país
El menú comienza con tres bocados que resumen la esencia de la casa: un bombón de ricota y anchoas, berenjena con polenta y un falso nigiri de risotto con yema curada. A partir de ahí, el comensal se adentra en una secuencia de platos que rinde homenaje tanto a la tradición como a la creatividad del chef.
Los embutidos –‘coppa’, ‘guanciale’ y ‘lardo di colonnata’– se elaboran allí mismo y recuerdan la importancia del cerdo en la gastronomía italiana. Después llega un guiño al mar con el tonno vitellato, una versión personal del vitello tonnato, y la carrillera de atún rojo acompañada de cremoso de grelos.
El desfile continúa con un salmonete a la parrilla con panko, kale y un profundo caldo de ‘caciucco’, seguido de una anguila lacada sobre crumble de calabaza, mascarpone y sorbete de ruibarbo y lima.
No faltan los guiños a las recetas familiares: tortellini de jamón de Parma y cochino negro con trufa de Teruel o la carbonara 3.0, reinterpretación moderna de un clásico. En el apartado cárnico destacan un risotto meloso de kale con faisán curado y un lingote de cordero pelibuey con jugo al saba.
El broche final llega con el postre Fare la Scarpetta, a base de castañas ahumadas y naranja sanguina, inspirado en la costumbre italiana de “rebañar” el plato con pan hasta la última gota.
La carta de vinos, donde el protagonismo lo tienen las referencias italianas –algo poco habitual en Canarias– merece ser explorada con la ayuda del equipo de sala.
Un chef fiel a sus raíces y a su equipo
Niki Pavanelli no oculta que alcanzar la estrella Michelin y el Sol Repsol era un sueño personal. Lo logró con esfuerzo, muchas horas de cocina y un equipo al que siempre da visibilidad porque, como recuerda, “no hay restaurante de alto nivel sin trabajo colectivo”.
Aunque defiende con pasión el producto canario y el kilómetro 0, mantiene excepciones imprescindibles: parmesano, pecorino, aceite de oliva o vinagre de Módena, ingredientes que forman parte de su memoria familiar y de la cocina que aprendió de su madre y su abuela. Lo mismo ocurre con la bodega, donde el vino italiano ocupa un lugar destacado y se convierte en otro viaje sensorial dentro de la experiencia.
En Il Bocconcino no se conforman con comprar lo que otros elaboran: prefieren hacerlo ellos mismos, porque esa es la forma de mantener la identidad del proyecto. Y ese compromiso, plato a plato, es lo que ha convertido a este restaurante en una referencia internacional.






