La monotonía es siempre una sombra en el sector de la restauración. Por eso Mallar, del chef Rubén Pérez, me ha sorprendido. Hay una carta fija, pero los fuera de carta aquí se convierten en un incentivo. Además, el responsable de sala los lee, previa anotación en una pequeña libreta en la que escribe con una letra apretada cada plato y además recita el precio para que el comensal no refunfuñe después sobre si se pasaron o no con el precio. ¡Ya estaban avisados!.
Mallar está situado en una antigua casa de la calle Marqués de Celada, 124, de La Laguna, y al mando de la misma está el chef Rubén Pérez, un lagunero que se ha formado en el Aponiente de El Puerto de Santa María (Cádiz) de Ángel León, en El Drago (Tegueste) de Carlos Gamonal, en Casa Libe, ya desaparecido, en El Sauzal, y en el Nielsen, de Santa Cruz.
Pero un día decidió seguir el camino del emprendedor y tras localizar esta casa lagunera decidió abrir las puertas a su negocio allá por el año 2021. Y desde entonces ha ido echándole horas al negocio. De vez en cuando colabora en el restaurante el chef japonés Mitsuru Maeda, aquel que llevó al Kazan, de Santa Cruz, a lucir una estrella Michelin.

Mallar mantiene una carta habitual con platos fijos, sin embargo hay que esperar a que el comensal escuche los platos del día, que son de mercado y mucho más variados. En los últimos tiempos he visitado en varias ocasiones esta casa de comidas y he salido bastante satisfecho.
En algunas ocasiones ha estado presente también en las cocinas Maeda. Un plato, al que no deberíamos renunciar, son las sardinas, encurtidas y desespinadas, con vinagre de arroz y también los nigiris de gamba blanca, vieira, alfonsiño y navaja.
Luego unas gyozas de carne (cerdo y pollo), que estaban muy ricas con una salsa elaborada por ellos mismos. En carnes reseñables el lomo alto, lacado en grasa de pato con toques coreanos y también la rabadilla a la plancha con salsa bearnesa. En ambos casos acompañados de una papas fritas muy ricas, para repetir.
Esta misma semana degusté unos higadillos de pollo al vino tinto y la lasaña Libe, todo un acierto. De postres un melón osmotizado en vino fino y unos profiteroles.
La carta de vinos es corta, con buenas referencias y también tiene su fuera de carta que se anuncia también con sus precios para que no haya confusiones.
Como he dicho al principio es un restaurante que se sale de lo habitual en esta ciudad de La Laguna, donde son tan repetitivas las cartas de los restaurantes. Aquí, en Mallar, Rubén Pérez apuesta por la visita diaria al mercado para proveerse del mejor género que luego disfruta el comensal. Un restaurante muy recomendable que se aleja de los estereotipos habituales.





