María de la Concepción Mendoza González, más conocida por Conchita Mendoza, hija de Domingo Mendoza Bello y Emilia Bello González, es una de las personas más reconocidas y apreciadas de su pueblo, Valle de Guerra, donde nació en 1932, hace 93 años. Se casó con José Juan Rodríguez Herrera, el gran amor de su vida, de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos: José Luis, Jesús, Arnaldo y Francisco. Y abuela, siete nietos.
Estudió en el Instituto Cabrera Pinto, en La Laguna. Años de penurias y sacrificios motivaron que esta valiente mujer vallera se convirtiera en maestra vocacional, enseñando gratuitamente a leer y escribir a muchos habitantes de Valle de Guerra. “Fue una época muy dura para todo el mundo, pero gratificante en poder ayudar a todas aquellas personas que me necesitaban”, comenta esta gran mujer de currículo largo y brillante, pues no en vano ha escrito seis libros, todos ellos llenos de historias del pasado de su querido pueblo.
Conchita Mendoza, como buena escritora, sigue a sus 93 años haciendo trabajos literarios para la Escuela Taller de Literatura, que dirige el profesor Bruno en la Universidad de La Laguna. Siempre ha sido una persona inquieta, trabajadora y emigrante.
Cada día, cada mañana, Conchita Mendoza se levanta con una sonrisa. Cierto es que el peso de los años no pasan en balde, pero lo mas importante, según cuenta Cochita, “es tener una actitud positiva ante la vida”.
Fue una vallera emigrante. Un buen día cogió unos pocos bártulos y fue a dar con su marido, que la estaba esperando en Venezuela. De la misma manera, junto con otras mujeres, Conchita juró bandera en Hoya Fría. A su regreso de Venezuela se dedicó en cuerpo y alma a su pueblo querido de Valle de Guerra, donde desarrolló numerosos trabajos sociales, junto con otras grandes mujeres valleras, especialmente en la Asociación de Amas de Casa Atlántica.
“En esta asociación -comenta Conchita-, junto con mis compañeras y amigas, hicimos cosas muy importantes para nuestro pueblo de Valle de Guerra”.
Como reconocimiento a toda una vida de dedicación a su pueblo y sus convecinos, y por primera vez en la historia de Valle de Guerra, el Ayuntamiento de La Laguna, por unanimidad, le concedió el nombre de una de las calles del pueblo vallero.
Emocionada, manifiesta que “todo lo que hice fue con mucha ilusión y amor por todas las cosas. Amor por mi familia, por mi pueblo de Valle de Guerra y por la vida”. Recuerda que siempre tuvo un gran grupo de mujeres que le ayudaron en las tareas sociales del su pueblo.
Por otro lado, tras 50 años de tener en su casa la vara de mando del primer Ayuntamiento de su pueblo, la donó para que sea custodiada en las vitrinas de la Casa de Carta, como una reliquia que es. “Me siento feliz de que la vara de mando del que fuera nuestro ayuntamiento en otra época esté a partir de ahora en un lugar importante y seguro como es la Casa de Carta”.
Según la documentación consultada, el origen de la vara de mando de Valle de Guerra se remonta al menos a 1780, año en que su alcalde fue Salvador García. Cuenta Conchita Mendoza, como a ella le gusta que la llamen, que “la vara de mando me la regaló mi tío Francisco Herrera Bello, cariñosamente conocido como Pancho el Latonero, quien la obtuvo a su vez de un vallero al que llamaban Juan el Secretario, biznieto del último secretario que tuvo el Ayuntamiento de Valle de Guerra en 1846, año en que cerró sus puertas dicho consistorio y lo asumió el de San Cristóbal de La Laguna”.
Cuenta Conchita Mendoza que “el citado Juan usaba la vara de mando por los caminos como elemento de apoyo dada su edad y Francisco Herrera la recuperó al cambiársela por uno de los valiosos bastones que hacía”.
Conchita reconoce que “cada vez que miraba la vara de mando se acordaba de los diferentes alcaldes que lucharon por Valle de Guerra; lo que me motivó para seguir trabajando en la evolución de mi querido pueblo”.







