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El convento de Tenerife en el que descansa una monja incorrupta y es ejemplo de arte mudéjar

Su origen fue humilde, pero llegó a reunir bienes que lo situaron entre los enclaves religiosos más importantes de la Isla
El convento de Tenerife en el que descansa una monja incorrupta y es ejemplo de arte mudéjar
El convento de Tenerife en el que descansa una monja incorrupta y es ejemplo de arte mudéjar

Es uno de los conventos más reconocidos de Tenerife, entre otras cosas, por la Siervita, la monja que permanece incorrupta desde que falleciera en 1731, pero el convento de Santa Catalina de Siena es uno de esos lugares únicos del que vale mucho la pena conocer su historia.

La historia del convento

Los primeros testimonios históricos del convento de Santa Catalina de Siena se sitúan en los primeros años del siglo XVI. En 1524, el Cabildo de Tenerife planteó la creación de un monasterio femenino en unos terrenos destinados inicialmente a los dominicos por parte del Adelantado y de la propia institución insular.

No obstante, la iniciativa no se llevó a cabo hasta 1611, cuando el proyecto cobró forma gracias al impulso del regidor palmero Juan de Cabrejas y de su esposa, doña María de Salas. El matrimonio adquirió la antigua casa de los Adelantados y la donó para levantar un convento de monjas de clausura. Con el tiempo, nuevas compras permitieron incorporar las construcciones colindantes a todo el conjunto. El 23 de abril de 1611 se inauguró oficialmente el convento con la llegada de cuatro religiosas dominicas procedentes de Sevilla.

Aunque su origen fue humilde, el edificio alcanzó su configuración definitiva durante el siglo XVII y llegó a reunir bienes que lo situaron entre los enclaves religiosos más importantes de la Isla.

A diferencia de otros establecimientos, durante la desamortización del siglo XIX el convento permaneció activo gracias al elevado número de monjas que residían en él, lo que permitió que continuara hasta nuestros días bajo la misma Orden.

La construcción responde al modelo arquitectónico característico de los conventos de la época. En el perfil urbano de la ciudad destacan sus cubiertas de teja árabe, los altos muros con celosías para las celdas y, de forma especial, la espadaña y los miradores-ajimeces, que remiten a la tradición mudéjar.

La iglesia, levantada aproximadamente en el mismo periodo, presenta una sola nave, con suelo de mármol de época posterior. La edificación presenta una marcada influencia mudéjar, visible en los ajimeces y miradores ejecutados en madera labrada, así como en la cubierta exterior resuelta con teja árabe y en el artesonado interior de estructura lignaria. Asimismo, destacan las dos portadas de acceso realizadas en carpintería de talla, enmarcadas por arcos de cantería.

La historia de la Siervita

En su interior se conservan los restos de la Sierva de Dios, Sor María de Jesús León y Delgado. Tres años después de su fallecimiento, el capitán de navío Amaro Rodríguez Felipe, conocido como Amaro Pargo, solicitó permiso para exhumar el cuerpo. Tras obtener la autorización de la Orden de Santo Domingo, ordenó colocar los restos en un féretro de madera costeado por él mismo, algo excepcional, ya que las monjas solían ser enterradas directamente en tierra.

Desde entonces, Sor María de Jesús descansa en el sarcófago donado por el capitán y sus restos son venerados cada 15 de febrero.

Sor María de Jesús había nacido en El Sauzal en 1643 y se trasladó a La Laguna tras el fallecimiento de sus padres, donde ingresó en el convento de Santa Catalina de Siena.

Allí permaneció y dedicó su labor religiosa hasta los 88 años de edad, falleciendo el 15 de febrero de 1731. A los tres años de su muerte, su cuerpo fue exhumado y se descubrió que estaba incorrupto, por lo que fue depositado en el artístico sarcófago policromado en el coro bajo del convento y es visitado por centenares de fieles cada 15 de febrero. En la actualidad, la Iglesia mantiene abierto el proceso de canonización.