Algunos proyectos nacen sin planificación ni ambición previa, impulsados por las ganas de colaborar, pasar un buen rato y compartir la pasión en el contexto de una dupla infalible: la música y el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Así surgió Macacos Soundmachine, un grupo vocal que versiona éxitos de la música latina en la voz de diez cantantes, ocho de los cuales tuvieron su cuna artística en la histórica murga infantil Sofocados, de María Jiménez.
El inicio fue espontáneo y, sin proponérselo, han acabado consolidándose como una propuesta singular y fresca dentro del panorama musical de Canarias. El origen se sitúa en un contexto cotidiano: el grupo de amigos quiso hacer el favor de preparar algunas canciones para animar la boda de un familiar. Una tarde, unas risas, unas canciones y a casa. No contaban con uno de los ingredientes principales de la idiosincrasia canaria: el boca a boca. La actuación gustó y empezaron a llegar más peticiones, superando cualquier previsión. Pronto empezaron a hacer suyas las fiestas de Anaga: María Jiménez, Valleseco, San Andrés, Igueste… no hay verbena que se les resista.
Sus actuaciones reúnen muchos de los elementos que definen el Carnaval de la Isla: desparpajo, complicidad, ritmo, espontaneidad y una conexión genuina con el público. Todos los macacos participan en, al menos, una formación: las murgas Zeta Zetas, Triqui Traques, Guachipanduzy, Bambones, Distraídos y Mamelucos; la comparsa Cariocas, la Agrupación Cultural y Musical Valbanera e incluso la murga femenina Deslenguadas, de Icod de los Vinos, cuentan con alguno de ellos entre sus filas o en su dirección musical o artística.
Lo que comenzó como una actuación improvisada es hoy un proyecto con recorrido, que avanza sin prisas con cada plaza o local que logran llenar, incluso de manera espontánea: les basta con estar juntos, tener una guitarra y arrancarse para verse rodeados en minutos. Su historia demuestra, una vez más, que el Carnaval es la semilla para que el arte en Canarias se desarrolle y crezca lejos de los conservatorios y las escuelas; en los pueblos y en los barrios.
Con humildad, ganas e ilusión, los macacos no persiguen enganchar por su técnica, sino por su autenticidad.







