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Diablos Locos pasa a la final con un ‘tema perfecto’ tras una actuación pletórica en la cuarta fase

Diabólicas, gran sorpresa de la noche, también se gana un puesto el sábado. Trapaseros, Zeta-Zetas, Triqui-Traques, La Sonora, Tiralenguas y Bambones serán las otras protagonistas de la Final de Murgas
Diablos Locos pasa a la final con un ‘tema perfecto’ tras una actuación pletórica en la cuarta fase. Fotos: Sergio Méndez

“Murga, murga, queremos murga”, cantaban Los Rebeldes en su pasacalle, a quienes hoy recordamos porque sí: esto bien podría definirse como una sobredosis de crítica, ironía y humor. Cuarta y última fase del Concurso de Murgas Adultas en una noche especial, marcada por el momento en el que se conocieron las ocho finalistas que se subirán al escenario de los Ritmos Latinos el sábado 31 de enero para culminar la 64.ª edición de este certamen que echó a andar en 1962.

A las 21:00h horas aproximadamente, con el Recinto lleno hasta la bandera y sin teloneros para evitar que el veredicto se alargara hasta la madrugada, aunque bien les podría haber dado tiempo, Diablos Locos abría la noche. Tras ellos, un recorrido por las otras cuatro formaciones protagonistas de la jornada: Redoblonas, Irónicos, Zeta-Zetas y Diabólicas. A las casi una de la madrugada, Emilia González y Alexis Hernández fueron los encargados de dar a conocer el veredicto. Así, este sábado, a partir de las 20:30 horas, el público podrá disfrutar de la Gran Final de Murgas.

Diablos Locos (1970)

De Toy Story a Jafar, los de Tomy Carvajal mantienen la esencia Disney en su fantasía y presentación, en un arranque que deja claro que Diablos Locos no ha muerto: “Yo nunca perdí la fe”. Así, el genio de la lámpara les concede “el poder decir que Diablos aquí está otra vez”. Regresan tras haberse quedado el pasado año fuera de la final después de 28 años consecutivos, pero a los trónicos eso pareció no importarles. O al menos así lo demostraron. El legado más importante que les dejó Tom Carby sigue intacto: “Amor, corazón y punto”. Bajo esa premisa, entonaron uno de los pasacalles más históricos del Carnaval.

En su primer tema, “Los maniáticos”, arrancaron con una extensa retahíla de manías cotidianas, “que yo hasta en el Concurso tengo las mías”, con guiño incluido al batería de la murga. De visita al Parlamento de Canarias, “se me pegaron ahora las manías: me hice amigo de todos y les robé la cartera”. No faltó la “manía de insultar sin venir a cuenta” y, en el Pleno del Ayuntamiento, Bermúdez se llevó lo suyo: “Pinocho”. “Bocachancla es la mía, qué putada de manía”, cantaron. A partir de ahí, situaciones incómodas donde la manía lo estropea todo: un “¿qué pasa, muerto?” en un entierro o, en la farmacia, pedir al farmacéutico que lea el prospecto y descubrir que “era tartaja”.

También hubo espacio para criticar la “manía de valorar siempre a los de fuera y menospreciar el talento de nuestra gente”. “Esta manía se va a acabar”, sentenciaron, defendiendo a las murgas, “nada tienen que envidiar” y denunciando que en la Gala de la Reina se apueste por artistas de fuera, mientras se rinde homenaje a Pepe Benavente: “Un artista de verdad”. El tema va de menos a más, aunque la dicción dificulta a veces mantener el hilo conductor. El cierre, sin embargo, emociona: “También tengo la manía de hablarle a mi madre en secreto, que la tengo en el cielo”. Un canto a las madres, a esas “manías” que hoy se entienden como muestras de amor, y una denuncia dura a la realidad que viven muchas: hijos que solo se acercan por interés, el olvido durante el año o “la manía asquerosa” de abandonarlas. El Recinto se pone en pie: “Amor y cariño han sido siempre sus manías. Cómo no voy a decirle si le debo la vida”. Un pellizco al corazón para terminar por todo lo alto. Pero, ojo, había más.

Vocalmente no eran los más finos, algo que no sorprende. Y entonces llega la esencia trónica con “Un tema perfecto”. Arrancan sin presentación hasta que Almudena, de Triquikonas, y Lucas, de Triquitraques, irrumpen para darles “cátedra” sobre cómo debe ser un tema perfecto. Primero, “voces fuertes”. Después, efectos visuales: “Que me he currado esto por ti”. Ejecutan una estrofa completa jugando con chaquetas negras sobre el fondo brillante de la fantasía: “Coordinación. Concentración. Merece usted innovación. Hay que sufrir. Sudando estoy. Y ya he reventado dos minutos de canción”. El público responde con aplausos.

“El tema es perfecto si aquí saco a gente a que cuente sus problemas”. Bajo esa premisa, suben al escenario a un inmigrante para defender su situación: “Un homenaje a ellos. Mientras huyen de la guerra y el hambre, recuerden que el pueblo canario también fue migrante”. Continúan con un homenaje a la sanidad, seguido de una crítica: “Santa Cruz, la ciudad inclusiva… inclusiva para algunos será”. El Recinto estalla cuando un grupo de personas ciegas denuncia la falta de semáforos sonoros en la capital. Después, personas que hoy viven en silla de ruedas por accidentes ajenos reclaman justicia.

Y entonces, vuelta al humor. Hoy, por fin, Tomy habla: “Buenas noches”. Y no, parece que la murga prefiere quedarse con ‘El Maestro’. Siguen con la moda de pedir matrimonio o hacer baby showers sobre el escenario. Pero esta vez, es diferente. Un componente se planta al micro: “Pilar, quiero el divorcio”. Y la murga remata: “A ver quién coño supera esto”. Antes del final, un canto a Canarias: “No hay un tema perfecto sin un canto a nuestra tierra”, criticando que la RAE haya rechazado incluir la palabra “canariedad”.

El tema perfecto termina por venirse arriba con una crítica directa al “jurado paralelo”: “Decían que Diablos Locos ya está muerto. Dieciocho murgas faltaban y ya fuera nos dejaban sin oír a las que quedaban”. Continúan: “Al jurado lo respeto, pues yo también sé perder, pero lo que no tolero es a aquel que quiere ofender”. Con la voz alzada, revientan un ordenador contra el escenario. “Y si no dimos la talla y nos dimos la estallada, solo pido perdón a la afición y al murguero de grada”. Volvieron por la puerta grande. Gracias por existir.

Redoblonas (2025)

Se estrenan este año en el Carnaval de Santa Cruz. Un grupo de amigas procedentes de la murga infantil Redoblonas que, tras cumplir la mayoría de edad, se encontraron sin un colectivo que las representara. Así, casi como una locura —tal y como ellas mismas reconocen— nació esta nueva murga.

Ya desde la fantasía apuntaban maneras, con un diseño de Iván Sosa que dejaba claro que las de Sari Martín venían a dar show, acompañadas de la base musical This is me de The Greatest Showman. En las letras, Los Cornucas, una joya de la Canción de la Risa. Su primer tema, “Y tú más!!!… Un reflejo de una sociedad”, divide a la murga en dos bandos: las de derechas y las de izquierdas, con la directora haciendo de nexo, “la roja”. Arrancan con la presentación de cada lado y las primeras discusiones: “A mí me respetas”, cantan las de derecha; “un peta me voy a fumar”, responden las de izquierda. Humor y crítica se entremezclan cuando proclaman “para presidente yo quiero a Abascal”, mientras las de derechas se derriten de amor y las de izquierdas replican: “y a Feijóo lo quiero mucho… pero a mandarlo a Galicia a mariscar, canchanchán”.

Continúan con una crítica a Rosa Dávila por las colas y pasan después a un alegato por la igualdad. “Solo hay hombre y mujer y es muy fácil de entender”, cantan las de derecha, “por la forma de sentir, tú lo debes respetar”, responden las de izquierda, alzando la voz en defensa de las identidades sexuales. El tema concluye con un punto de unión: “Una mierda va a cobrar el jubilado, sea de derechas o de izquierdas”, cerrando con un canto común en defensa de los mayores y sus derechos.

El segundo tema, que parecía traer algo más de crítica, terminó quedándose en un amago de humor. No suenan mal y se les entiende, pero el contenido no termina de cuajar. “Crónica de un inmigrante… una mano delante y otra detrás” transforma a la murga en un grupo de chinas emprendedoras: “A Canarias llegó un día una china trabajadora”. A partir de ahí, un recorrido por el día a día en el Archipiélago, con guiños gastronómicos —“wantún frito bañado en mojo picón”— y referencias a los tópicos: “Chicharrero, entonces, es igual a canarión, cabrón”, en respuesta a la habitual confusión entre nacionalidades. Se atreven incluso con unas sevillanas, que enlazan con una crítica a la capital tinerfeña y al carril bici. El cierre llega con una retahíla de lo que se puede encontrar en un bazar chino de Tenerife, incluso “de postre, un buen quesillo”. Había intención, pero no terminó de funcionar. Bienvenidas al Carnaval.

Irónicos (2004)

Irónicos podría ser una murga o, perfectamente, una rondalla. Y es que el colectivo que lidera Samuel Fumero en la dirección musical suena a CD. Así lo demostraron ya en su presentación, con un precioso homenaje a los luthiers de violines: “Esculpen los sueños antes de que empiecen a sonar”. Qué gusto escucharlos. “Amante de lo artesanal, soy música universal”, sentenciaron antes de estrenar pasacalle, una joya firmada por Borja Díaz. Llegaban, además, con un tercer premio de Interpretación bajo el brazo tras la pasada edición, en la que conquistaron corazones con un canto a Canarias.

Bajo esa misma premisa afrontaron su primer tema a concurso, “Canarias es puro arte”, dejando claro que si “existen siete artes, todas brillan en mis islas”. Comenzaron con un recorrido por la literatura canaria, “el arte de transmitir historias y cultura”, homenajeando a figuras como Elsa López, Andrea Abreu o Agustín Espinosa. El giro llegó cuando proclamaron que “el murguero también es literatura”, en defensa del trabajo de las formaciones y, muy especialmente, de los letristas. Continuaron con la arquitectura y los pueblos “con alma canaria”: La Laguna, Patrimonio de la Humanidad; Garachico, enclave costero; o Lanzarote, “sostenible como “poesía del maestro César Manrique”.

El repaso cultural y tradicional culminó con una polka para reivindicar el folclore canario, levantando al Recinto al ritmo de “Somos costeros”. Hubo menciones a Los Gofiones y a Quevedo por su viralidad tras coincidir en uno de los conciertos del artista. Cerraron el tema explicando por qué no resulta extraño que las grandes producciones se enamoren de esta tierra. Irónicos mantiene su esencia en las letras, y eso, como todo, gusta o no gusta. Eso sí, no hay nadie como ellos para cantarle a esta tierra.

En su segundo tema, “Seremos la voz del pueblo”, los de Yared García se armaron de valor en una propuesta fina y elegante, cargada de crítica. Arrancaron enumerando realidades actuales de Canarias: “canarios compartiendo piso”, “familias con dos y tres trabajos”, “sube el precio y no sube el sueldo” o “en el barrio de tu infancia ya no hay sitio”. A ello sumaron una denuncia a la dependencia: “Soy la voz que pidió la ayuda y se quedó esperando. Llegará cuando esté bajo tierra”. También dieron voz a los niños con diversidad, como la hiperactividad, la dislexia o la discapacidad intelectual: “Rara es tu forma de pensar”.

El tema fue creciendo hasta convertirse en una manifestación sobre el escenario. Agricultor y profesor alzaron la voz: “Ya estoy harto de un sistema que esclaviza mi labor”. También hubo espacio para la sanidad y después, uno de esos momentos que solo puede permitirse Irónicos: la murga se aparta y, a cuatro voces, cantan “falto yo, el autónomo. Sube la cuota, el alquiler no da pa’ comer, cómo aguantar”. El Recinto respondió con aplausos. El cierre llegó con una crítica directa a la falta de medios en las Islas: “Faltan medios porque siempre nos sobró tanto político”. Irónicos terminó defendiendo que no necesita disfraz, efectos ni luces, porque su esencia basta: “Con eso me basta para una lucha liderar. Siempre seremos la voz del pueblo en Carnaval”.

Zeta-Zetas (2003)

Zeta-Zetas, la murga por excelencia de la innovación, no atravesaba sus mejores años. Sin embargo, en la pasada edición logró revalidar su estatus colándose en la final. Con Richard Casanova en la dirección musical y letras firmadas por Sebid González y Pablo Chueca nada podía salir mal. “Al Carnaval ya llegó tu mosquetero”, entonaron los de Ángel Cabrera para presentar su fantasía: “¡Lealtad, honor y amistad, de mosquetero Zeta Zeta a defender nuestro Carnaval!”. A ritmo de rap, la dicción se resiente, pero la potencia sonora mantiene al público conectado. Tras la presentación, arrancan con un pasacalle que ya forma parte de la historia de la fiesta.

En su primer tema, Zeta-Zetas recrea El mago de Oz, aunque le da la vuelta desde el inicio: “Poniendo corazón, con valor y sabiduría, ese cuento del Mago de Oz hoy aquí se termina”. Cantan también “a mis viejos amigos buscaré para poder crecer” —no sé si pensando en Lemus y Martel, pero ojalá los encuentren—. El primer personaje en escena es el oso, símbolo del valor, para denunciar la cobardía social en un alegato contra el machismo y la violencia de género. Cambian luego de vestuario para convertirse en los espantapájaros, transiciones que rompen el ritmo del tema. Aquí buscan un cerebro, aunque aseguran no encontrarlo en el Ayuntamiento, lanzando dardos a Bermúdez por el carril bici, a Rosa Dávila por las colas y a quienes buscan pelea en el Carnaval. También hay hueco para la salud mental: “Hacen falta recursos, busquen ya la solución, no perdamos más vidas por la depresión”.

El cierre del tema llega con el muñeco de hojalata, en busca de un corazón. Desde ahí critican la gestión de un caso reciente de una joven española en coma en Tailandia, y el personaje recupera ese corazón para protestar contra una sociedad “asfixiada” por los alquileres prohibitivos, la falta de ayudas y una inflación salvaje. Un tema bien planteado y coherente, pero que no terminó de conectar con el Recinto.

El segundo tema, “La velada de ZZ”, transforma el escenario en un ring donde se suceden distintos combates sociales. El primero enfrenta a propietario y okupa, una discusión que acaba señalando a un responsable común: “La solución debería habilitarla este gobierno, que lo que hace es tocarse bien los huevos”. Denuncian que hay “más de 600 viviendas okupadas, casas vacías y aquí no se hace nada”, situando a Canarias “a la cabeza de la exclusión”.

El siguiente asalto pone en escena a una madre coraje y a un padre luchando por la custodia, reflejando la realidad de muchos niños atrapados en conflictos eternos entre adultos: “Si aquí la pasión se acaba entre los dos, discutir eternamente no es la cuestión”. La velada continúa con un canto al respeto a la identidad sexual, mientras en una esquina del ring aparece Laura, la Lecherita, personaje del Carnaval y símbolo de diversidad. Después toman protagonismo colectivos golpeados por la realidad: enfermeras, médicos, conductores de guagua y bomberos, víctimas de agresiones ignoradas. “Se creen que somos sacos de boxeo y eso se acabó”, denuncian.

El cierre reúne a quienes cargan con las consecuencias más duras: un migrante, un menor que ha sufrido acoso, una canaria desterrada y Manuel, de 80 años, desahuciado. Un final contundente que convierte “La velada de ZZ” en un altavoz para quienes rara vez tienen voz.

Diabólicas (2017)

Diabólicas afronta esta edición con un cambio en la dirección artística. Tania Carvajal, prima del trónico Tomy, cede el testigo a Sara Febles, murguera de alma. Las chicas de Ofra buscan reinventarse con propuestas frescas y más comerciales, con la intención clara de enganchar al público.

Febles forma un tándem perfecto en la dirección musical con Romen Soriano, y se nota. Las de Laly Carvajal suenan sensacionales. Qué potencia. “Te confieso hoy que puedo cuál es mi mayor miedo” sirve de arranque para un tema que gira en torno a los temores que atraviesan a la sociedad actual. Desde ahí, denuncian cómo Halloween ha terminado por comerse a los Finados y al Día de Todos los Santos: “Lo de fuera triunfa más que lo de aquí”. Un alegato en defensa de las tradiciones que se refuerza cuando, bajo las brujas, aparece la vestimenta tradicional: “Me da auténtico terror que muera mi tradición”.

El miedo va tomando forma en distintos personajes. La niña de El Exorcista se convierte en Rosa Dávila, Tarife aparece caracterizado como el Grinch para criticar la polémica del árbol de Navidad y Bermúdez encarna al coco, símbolo de una Santa Cruz transformada en “ciudad fantasma”. “Esto no es personal, esto es lo que da miedo en la actualidad”, aclaran, marcando el tono del tema. A partir de ahí, el foco se pone en los miedos que hacen temblar a las familias. Denuncian el juego y las apuestas, especialmente cerca de los institutos: “Has perdido el coche, la casa y tu dignidad”, advierten, lanzando un mensaje claro: “No apuestes tu vida”. Un problema que señalan como una amenaza real para los jóvenes. 

El cierre llega con los miedos más profundos: al machismo, a las agresiones a personas homosexuales y a los discursos de odio y racismo. Recuerdan entonces que “se olvidaron de que el canario también tuvo que irse de su tierra”, enlazando pasado y presente en un canto contra la intolerancia.

Su segundo tema, “Santa Cruz en el olvido, el almacén de los objetos perdidos”, arranca con un guiño de humor. Humberto Gonar “vino a buscar un trozo de pizza”, un canarión aparece preguntando “si sobraba un letrista” y el concejal de Fiestas entra en escena buscando “un sonotone, por eso no escuchaba a las agrupaciones”. A partir de ahí, recuerdan distintos rincones olvidados de Santa Cruz: el Balneario, la Plaza de Toros, “maltratada y sin vida, como no da dinero, en ruinas la dejan” o el Hotel de Añaza, un espacio marcado por la tragedia en los últimos tiempos.

Entre los objetos perdidos, Diabólicas encuentra también una bata de un sanitario, la paciencia de un enfermo y una carta que suena a despedida: “Un psicólogo, joder, no se lo podía costear. Dejó atrás a sus hijos y una vida. Una cita que no llega, tanto tuvo que esperar”. El cierre llega con recuerdos carnavaleros: la letra de Trabachones, murga que ya no sale, y el momento más emotivo, la trompeta: “Esta marca la diferencia, pues fue fundada en el barrio de La Cuesta Piedra”. De repente, Desbocados desfila por el escenario en homenaje y aprovecha para anunciar su regreso en 2027. Se unen a las de Ofra al borde del escenario y cantan a capela, en una reivindicación clara para que ninguna murga deje de salir. Sorprendieron, gustaron y se colaron. Un pase más que merecido.