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Así fue la primera murga infantil del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife: “Nuestro pegamento era harina con agua. Nos inventábamos los recursos”

Berto González, componente de Paralelepípedos, habla de los contrastes entre las murgas infantiles de antes y las actuales
Paralelepípedos, primera murga infantil del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, en 1965. DA
Paralelepípedos, primera murga infantil del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, en 1965. DA

Hablar con Berto González, es una risa asegurada y, además, es sentarte un ratito con la historia viva del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Hijo de la mítica Mamá Lala, la que fuera fundadora de la primera murga infantil, Paralelepípedos, germen de lo que hoy en día es Triqui Traques. Berto nos habla de contrastes entre las murgas infantiles de entonces y las actuales y también de los elementos que aún se conservan.

– Berto, ¿cuál era el ambiente en una murga infantil?

“En aquella época no teníamos locales propios. Ensayábamos donde se podía y cuando se podía, pero aquello no se vivía como una carencia: cada ensayo era una fiesta. Sabías que ese rato había que aprovecharlo al máximo porque no era algo seguro ni permanente. Además, el Carnaval de entonces no estaba tan planificado. Era más espontáneo, más de barrio, más de gente conocida.”

– ¿Y qué motivaba a aquellos niños a salir en murga, si no había concurso infantil?

“Paralelepípedos fue la primera murga infantil de las Fiestas de Invierno en 1965. En ese momento no existían categorías infantiles organizadas. Años después la NIFU-NIFA se encargó de organizar el concurso infantil, donde la motivación era la novedad. Estábamos expectantes todo el tiempo, ¡un sinvivir! Parecía que nunca llegaba el momento y a la vez no querías que llegara, porque se acababa. No se pensaba en ganar, porque no había premios.”

– Cuando miras atrás, ¿qué pesaba más para ti: el disfraz o las letras?

“El disfraz tenía algo muy especial. Salvo algunos apliques que hacíamos nosotros mismos —pompones, botones forrados, pequeños detalles—, el resto era sorpresa. Eso creaba una magia muy bonita. Como había muy pocos letristas, las letras venían a chorritos, incluso las que desechaba la Fufa nos las daban a nosotros. Recuerdo a Miguel, el de Iberia, como lo conocíamos, que nos hizo varias letras. También Navarrito y Ramón Sarabia, que eran de la Fufa y nos ayudaban mucho.”

– Mamá Lala ¿Qué papel jugaba ella realmente en la murga?

“Ella era el motor, sin ella la murga nunca hubiera existido. De esas personas que no podían quedarse quietas: se encargaba de la confección de los disfraces, sin cobrar, dirigía los ensayos… Era una todoterreno del Carnaval. Incluso le pedía dinero para la murga a mi padre. Además, no estaba sola. Recuerdo a Antonio Toledo, de NIFU-NIFA, que hacía los gorros y los instrumentos y, lo más importante, nos enseñaba a hacerlos. Aprendíamos cómo se montaban, cómo se forraban. Hoy los niños no hacen eso”.

-Ahí hay algo clave: aprender haciendo. ¿Crees que eso se ha perdido con el tiempo?

“Menos los trajes, lo hacíamos todo nosotros. No había medios, así que los inventábamos: nuestro pegamento era harina con agua y sacábamos material de cualquier envase para forrar los instrumentos. Hoy suena casi a broma, pero funcionaba.”

– Desde tu experiencia, ¿qué crees que han perdido las murgas infantiles actuales respecto a aquellas primeras?

“Han ganado en medios, pero han perdido en participación directa. Antes todo pasaba por los niños: crear, pegar, coser, ensayar. Hoy muchas cosas vienen ya hechas. Y no es una crítica, es una reflexión. Porque aquella forma de trabajar generaba compromiso. No ibas a la murga solo a cantar. Ibas a formar parte de algo.”.

– ¿Te gustaría una final infantil?

Tal vez habría que revisar las letras: que fueran más cortas, más claras, más pensadas para niños. Y cuatro temas más breves para poder hacer la final. Aprender a ganar y a perder es parte de la vida. Eso te acompaña siempre.

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