La reciente actividad sísmica registrada en el entorno del Teide, con más de 1.400 pequeños terremotos detectados por el Instituto Geográfico Nacional (IGN), sigue generando atención entre científicos y autoridades, sin que por el momento se haya producido ningún cambio en el semáforo volcánico.
Según explicó este jueves en Cope Tenerife el vulcanólogo del CSIC Vicente Soler, el volcán no se consideraría reactivado hasta que se produjera un cambio clave en el comportamiento de los microsismos: su migración hacia la superficie.
¿Qué tendría que pasar para hablar de reactivación?
Durante su intervención en el programa Herrera en COPE Canarias, Soler apuntó que la actual actividad sísmica se mantiene a profundidades de entre 8 y 10 kilómetros, lo que constituye, en su opinión, uno de los factores que permiten mantener la tranquilidad.
El experto explicó que el inicio de un proceso de reactivación volcánica vendría marcado por dos señales principales:
- El ascenso progresivo de los terremotos hacia niveles más superficiales
- La deformación del terreno
Solo cuando se detecten estos cambios podría hablarse de que el sistema volcánico ha entrado en una nueva fase.
En este sentido, el vulcanólogo recordó que, gracias al despliegue actual de instrumentación científica en Tenerife, cualquier evolución del proceso sería detectada con antelación suficiente.
Un fenómeno que se repite desde hace años
El último episodio sísmico registrado en el complejo volcánico del Teide es el octavo de estas características documentado desde 2016, y el segundo en menos de una semana.
Tal y como ha venido informando Diario de Avisos, la revisión de los registros elevó la cifra inicial de unos 755 movimientos a más de 1.400 eventos localizados en la vertiente oeste de Las Cañadas, a profundidades de entre 7 y 8 kilómetros.
La hipótesis principal que manejan tanto el IGN como el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) es la inyección de fluidos magmáticos en el subsuelo, un proceso que puede generar este tipo de enjambres sísmicos sin que implique necesariamente una erupción a corto o medio plazo.
Qué pasaría antes de una posible erupción del Teide
Los científicos insisten en que, en caso de producirse una erupción en Tenerife, esta no ocurriría de forma repentina.
Experiencias recientes como la erupción de La Palma en 2021 mostraron que este tipo de procesos suelen venir precedidos por semanas o incluso meses de señales detectables, como cambios en la deformación del terreno o variaciones en la actividad sísmica.
En el caso del Teide, el seguimiento continuo por parte de organismos como el IGN permite monitorizar en tiempo real cualquier cambio en el comportamiento del sistema volcánico, lo que facilitaría la emisión de avisos tempranos si se produjera una evolución significativa.







