Con el cartel de entradas agotadas y un Recinto Ferial aún a medio llenar, a las 20.00 horas dio comienzo uno de los grandes atractivos del Carnaval de Santa Cruz: el concurso de comparsas.
Diez agrupaciones llenaron el escenario de ritmo, armonía y color, protagonizando una noche cargada de emoción que coronó a Cariocas como vencedores. El segundo recayó en Joroperos, el tercero fue para Danzarines Canarios y el accésit para Tropicana. En el apartado de Presentación la ganadora fue Bahía Bahitiare, mientras que el segundo correspondió a Cariocas. El tercero y el accésit fueron para, en orden, Joroperos y Rumberos.
De la mano de los maestros de ceremonia Tomás Galván y Wendy Fuentes, las comparsas infantiles Tropicana y Joroperos inauguraron la cita con un espectáculo lleno de vitalidad. Su desparpajo puso de manifiesto el enorme talento que crece en esta categoría y reabrió una vieja reivindicación: la necesidad de un certamen propio para estos niños y adolescentes que ensayan durante casi medio año y que reclaman un escenario exclusivo donde su entrega reciba el reconocimiento que merece.
La velada continuó con Bahía Bahitiare, que llegó con dos cartones bajo el brazo dispuesta a revalidar su sello de constancia. Arrancaron desde el suelo, a golpe de percusión y con una estética verde y dorada que transportaba directamente a Brasil. La adaptación de Madrid City de Ana Mena y un creativo juego de abanicos marcaron un inicio elegante, aunque algo conservador.
El cambio a tonos naranjas abrió el camino a la salsa y al son cubano, las mangas blancas se convirtieron en un recurso para jugar con las luces y el cierre con País Tropical dejó un sabor de propuesta fiel a su identidad, claramente de menos a más.
Acto seguido irrumpieron Los Valleiros al son de The Greatest Show. Su fantasía de dioses del Olimpo resultó vistosa, pero el coro no acompañó del todo al baile y el merengue acaparó demasiado protagonismo. El momento más sugerente llegó con las esferas de colores y un canto en, aparentemente yoruba, que dio paso al cambio a rojos y blancos.
La rumba cubana levantó la actuación y el final con arriba las manos, abajo las manos… y la mascota de Diablos Locos sumándose al baile, evidenció que la comparsa sigue creciendo.
A renglón seguido llegó Río Orinoco envuelta en un potente verde neón. El arranque quedó deslucido por problemas técnicos y cierta inseguridad en las filas, con coreografías repetitivas que resultaron estáticas. El grito de ¡Ooooole! anunció el giro hacia aires andaluces y portugueses con una fantasía roja que mejoró la presencia escénica. Se notó una clara evolución respecto al pasado año, aunque aún lejos de sus épocas más brillantes.
Ya en el ecuador de la noche apareció Joroperos y el concurso cambió de dimensión. Su cambio de vestuario en forma de ola fue milimétrico y las transiciones volvieron a ser una lección de escuela comparsera. Con Feeling Good, seis cajas negras y un acróbata sobre el escenario, aportaron picardía y teatralidad. Sorprendieron con bailes en pareja inéditos y con hombres con falda y aro, reafirmando una esencia innovadora que los sitúa siempre entre los grandes.
La noche siguió avanzando con Rumberos, envuelta en una explosión de color y chachachá. El inicio resultó algo frío, pero el cambio a tonos neón con Tata (La Conga) reactivó el pulso. Se atrevieron con Bad Bunny para meterse en la salsa y cerraron con Mamá, llévame a La Habana. No alcanzaron la versión del pasado año, aunque su oficio y legado siguen intactos.
Cuando el público ya estaba completamente entregado irrumpió Danzarines Canarios, gran sorpresa del concurso. Con I Like It Like That demostraron un coro espectacular y desplazamientos impecables. La mano de Loren Díaz se notó en un cambio de vestuario que recordó a un pavo real y en fusiones con aires árabes y jazz.
Las acrobacias y el cierre con Águila del Monte los colocaron, por méritos propios, en el podio.
En la recta final apareció Cariocas y el Recinto entendió por qué partían como favoritas. El juego con telas de neón al ritmo de I Will Survive fue una declaración de intenciones. Whitney Houston, The Final Countdown y Beyoncé demostraron una selección musical valiente. Coordinación impecable, cambios de altura y un cierre con clásicos como Pégate de Ricky Martin pusieron al público en pie para sellar un triunfo incontestable.
Antes de que se produjera el desenlace del concurso también hubo espacio para Tropicana, que arrancó con aires brasileños correctos pero algo básicos y mejoró tras el cambio a negro y rojo con Juan Luis Guerra, aunque sin el brillo del pasado año.
Bella Mariana debutó con un numeroso coro y una propuesta prudente, más basada en bailes en solitario que en grandes formaciones, pero con energía final que dejó buenas sensaciones. Tabajaras, por su parte, apostó por bloques estáticos y pasos repetidos. El homenaje a Canarias y el guaguancó aportaron intención, aunque faltó dinamismo.
Con el veredicto del jurado aún resonando en el ambiente, el público abandonó poco a poco el Recinto Ferial, entre comentarios cruzados. Una noche más quedó demostrado que las comparsas son el corazón del Carnaval chicharrero, y que Cariocas, al menos por ahora, sigue marcando con mucha firmeza el compás de ese latido.



















